

Un buen día a Mónica se le apareció una letra en la hebilla del zapato; y luego otra; y otra. Y así muchas letras. Aparecían por todos los rincones. Pero Mónica no sabía qué hacer con tantas letras porque ella, desde pequeñita, había jugado con números y por eso estudió ciencias físicas. Y entonces, una tarde, de no se sabe dónde, llegó el hada Margarita y le dijo que ya era hora de poner orden a ese desastre. Le explicó que las letras sirven para muchas cosas, como por ejemplo escribir cuentos. Y Mónica se puso a hacer cuentos y más cuentos y descubrió que era divertidísimo. Entonces quiso compartir con niños y mayores ese inmenso placer que es contar: contar con las letras.
Viajes al fondo del precipicio
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