
En una época donde la fantasía aún dominaba a la realidad, los españoles no temieron ponerse el mundo por montera: establecieron los límites reales del planeta siendo los ojos de Occidente ante insospechadas realidades. Algo de lo que da buena fe el libro de bitácora de Colón, una de esas apasionantes obras donde el viaje comporta el encuentro con un medio extraño, la información detallada de los lejanos territorios explorados, la aventura hacia lo ignoto y la otredad.
Viajes al fondo del precipicio
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