Por el incensante placer del diálogo

Y no sólo cabe recomendar una única lectura, que en un libro de tal densidad sólo serviría para un acercamiento superficial a su contenido, sino una relectura periódica. Aparte de disfrutar con el inconfundible estilo cervantino –espontaneidad, suave ironía, continuo cambio de registros- el lector se hallará ante el eterno dilema del hombre entre ideal y realidad a través de un discurso narrativo y conceptual en el que, como en un juego de espejos, no se acaba nunca de llegar al fondo.


No sé si debería pedir disculpas por esta absoluta falta de originalidad, puesto que recomendar esta obra no deja de ser algo un tanto obvio. Pero, por si acaso, aquí la cito, porque creo que buena parte de la gran literatura moderna nació de ella. También porque me ha divertido, emocionado y ayudado a crecer como pocos otros libros. Y a mí me gusta ser agradecido.


La mejor creación literaria, que representa en sus dos personajes Don Quijote y Sancho Panza a los dos tipos de españoles, el idealista y soñador y el positivo y práctico. Una verdadera joya de la literatura castellana que consiguió categoria universal.

Obra fundamental que las interpretaciones nunca llegarán a agotar del todo. Me impresiona sobre todo por la sensibilidad social que muestra Cervantes, por su modernidad filosófica, por su planteamiento absolutamente dialéctico y por su tremenda seriedad y rigor crítico, envueltos ambos en una atmósfera de humor y frivolidad que deleitan a la vez que ocultan muchos significados. Me declaro, al igual que Gabriel Celaya, admiradora sin reservas de Sancho, auténtico héroe de la aventura cervantina.
Viajes al fondo del precipicio
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