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Expando: Solamente Schmit. Por Yose Álvarez-Mesa (26.01.2010).

En todos estos (intermitentes) años con Eagles, Timothy B. Schmit nos ha sabido a poco –que no a Poco– ya que el tándem formado por Don Henley y Glenn Frey apenas ha dejado meter baza a sus compañeros, y han sido pocas las veces en que Schmit o Walsh han colaborado con sus propias composiciones en los álbumes del mítico grupo estadounidense.

Independientemente de los conflictos internos que dejaron atrás a Meisner, Felder y Leadon, tanto Schmit como Walsh parecen aceptar de buen grado su menor protagonismo en la banda. Es evidente que Eagles quiere ser marca de fábrica del sonido Henley-Frey, y son básicamente sus composiciones las que se incluyen en sus discos y en sus conciertos, como si por si el hecho de ser los primeros integrantes de la banda fueran más Eagles que los que entraron después. Tras 30 años de unión ya deberían tener más que asumido que Eagles son esos cuatro individuos extraordinarios en solitario pero únicos cuando están juntos, y que cada uno de ellos aportan al grupo ese toque personal y diferente que los hace irrepetibles.

Según comentarios del propio Schmit en una reciente entrevista, algunos temas de los que ahora componen Expando fueron ofrecidos para formar parte de Long road out of eden, último álbum de Eagles (2007), pero no fueron acogidos con entusiasmo, por lo que Timothy decidió “dejarlo correr”. No obstante, sólo tiene buenas palabras para el grupo, a pesar de que en todo este tiempo no han hecho más que mantenerlo en un discreto segundo plano.

Es por eso que sus trabajos en solitario se esperan con avidez, como en el caso de este álbum de reciente lanzamiento, en el que Schmit nos ofrece una serie de temas con los que contentar a cualquier fan, y más aún, para ponerse en el lugar que se merece y dejemos de verlo simplemente como el bajista de Eagles, ya que por sí mismo tiene mucho que ofrecer. Es este su quinto álbum en solitario, y sin duda su mejor trabajo, tal vez porque lo ha hecho como ha querido ya que se lo ha costeado él mismo. Todos los temas son de su autoría, lo cual ya es una novedad, ya que en sus cuatro anteriores discos había bastantes versiones de otros artistas (muy buenas versiones, por cierto), quizás por exigencias de la discográfica.

Aún así, en sus anteriores trabajos en solitario (Playin’ it cool/1984, Timothy B/1987, Tell me the truth/1990 y Feed the fire/2001) ya se vio una evolución en su talante creativo, siempre sin perder el encanto de sus primeras composiciones con Poco, pero añadiendo nuevos registros, adaptándose a las nuevas tendencias, dejando bien patente que no estaba dispuesto a estancarse en el pasado. Y eso es lo que ha vuelto a hacer con Expando: seguir creciendo. Hay varias canciones que perpetúan ese estilo que ha venido consolidando a lo largo de los años, y otras tantas que se salen de ese registro para surcar nuevos retos. Se ha permitido hablar del pasado desde novedosos sonidos, ha rescatado instrumentos tradicionales y los ha mezclado con los más actuales, ha recuperado aires folk dándole vientos de futuro, y ha fusionado estilos hasta crear otros nuevos, sin estridencias, haciendo fácil lo complejo, algo que sólo pueden conseguir los grandes. Resumiendo, en este disco Schmit suena “como siempre y como nunca”.

Lo más destacable del álbum es sin duda esa variedad de estilos que maneja con total acierto: country, soul, rock, blues, funky, gospel, folk... El sonido es especialmente rico debido a la amplia selección de instrumentos y técnicas elegidos para cada canción. La mayoría de las composiciones parten de una base acústica que se abre mezclando ritmos con un gran sentido de la estética. Todo el trabajo realizado en este álbum constata el buen hacer de este hombre que después de años y años en la música aún es capaz de reinventarse a sí mismo en cada canción.

También a destacar la buena forma de su voz, más contenida, con registros más graves, esa dulzura habitual mezclada con nuevas notas más agresivas de hermosos matices, y ese bellísimo falsete que es su seña de identidad y que en este álbum dosifica con total acierto (a mi modo de ver, en su anterior disco, Feed the fire, abusaba del falsete). Desde los ritmos más cañeros hasta los más melódicos, su voz se multiplica y brilla con esa luz que sólo tienen unos pocos privilegiados. En uno de los temas, además, hace un verdadero alarde de tesitura vocal al cantar en tres octavas. Su voz se adapta al medio como un camaleón y es capaz de decirnos más que las propias palabras, apropiándose del estado de ánimo que pretende reflejar cada canción. Exquisito gusto a la hora de diseñar las armonías vocales, que en ningún tema se dejan al azar, y no hacen más que subrayar el total lucimiento de esa voz increíble en todas sus tonalidades.

Letras sencillas y bien trabajadas, con algunos apuntes poéticos más que destacables (“toda mi tristeza podría caber en un cajón del dormitorio”), en las que queda reflejada una actitud concreta ante la vida y que determina un poco su propia identidad. Tintes autobiográficos en muchas ocasiones, divertidos arranques de ironía en otras, y en general, una visión introspectiva de todo lo que ha sido y es su visión del mundo y de la vida. Voz, letra y música armonizan a la perfección en todas las canciones, de tal forma que aún sin escuchar la letra, nos podemos imaginar prácticamente lo que transmite la melodía.

Para este trabajo se ha rodeado de una serie de colaboradores de lo más variopinto de la escena musical, con los que grabó en su estudio privado de su casa de Los Ángeles. El elenco está compuesto por: Graham Nash, Dwight Yoakam y Kid Rok en los coros. Gary Burton, un virtuoso del vibráfono. Los guitarristas de blues Kenny Wayne Shepherd y Keb’ Mo’. Vam Dike Parks al acordeón. Los teclistas  Garth Hudson, de The Band, y Benmont Tench, de Heartbreakers. Todos ellos han aportado ese toque de diversidad que hace aún más interesante el “sabor” de Expando.

En 2010 se prevé nuevo tour de Eagles sin tener nuevo trabajo discográfico con el que aportar nuevos aires a sus conciertos. Es de suponer, por tanto, que será exactamente la misma gira que llevan realizando desde 2007, Long road out of eden, basada en las canciones del álbum homónimo de ese mismo año. Me pregunto si Timothy podrá interpretar algún tema de Expando en la gira (como hacen sus compañeros) o si Henley/Frey considerarán que esto sería darle ese protagonismo que se reservan para sí mismos. El tiempo dirá.

 

LISTA DE TEMAS:

One more mille. Melodía de base acústica con tintes folk que habla sobre búsquedas, en una especie de filosofía del “avanzo, luego existo”. En este tema Schmit se encarga de la percusión, el bajo, la guitarra acústica, el banjo y el ukelele, acompañado de Keb’ Mo’ al slide dobro, que aporta ese toque cálido al conjunto.

Parachute. La canción más extensa del disco (6’22 minutos), en la que Schmit comparte protagonismo vocal con Graham Nash, dos voces que encajan en perfecta sintonía. Jim Keltner a la batería, Benmont Tench al órgano, Timothy con el bajo, la acústica y el strumstick, y un espectacular solo de guitarra de Kenny Wayne Shepherd hacen de este tema uno de los más interesantes del álbum.

Friday night. Country suave y entrañable con un estribillo muy pegadizo y una muy bien elegida instrumentación. Bajo, acústica, mandolina, guitarra (tenor) y percusión a cargo de Schmit, Van Dyke Paris al acordeón, Garth Hudson al órgano, y Hank Linderman con la guitarra (barítono) y reforzando a Tim en los coros.

Ella Jean es una preciosa canción de amor lejos de la ñoñería o el empalagamiento. Está dedicada a su mujer, Jean, con la que lleva casado 30 años, y por tanto contempla el amor desde la madurez, en un canto de añoranza cuando ella está lejos. Smith toca aquí todos los instrumentos (bajo, acústica, dobro, armónica y percusión) y hace todas las voces.

White boy from Sacramento es sin duda el mejor tema del álbum, y también el más sorprendente. No sólo porque escuchamos la voz de Schmit en un tono grave bastante lejano a su dulce tesitura, sino porque canta la canción en dos octavas distintas, e incluso alcanza una tercera octava en un determinado momento, algo realmente insólito. Es un blues trepidante con una letra divertida en la que habla sobre su adolescencia o sus influencias musicales, y termina diciendo que “haga lo que haga, vaya donde vaya, sigo siendo aquel chico blanco de Sacramento”. Schmit toca aquí el bajo, la guitarra rítmica y el dobro, acompañado por su hijo Ben como guitarra solista y batería, por Benmont Tench al piano, y por un fantástico trío de voces negras en los coros: Marlena Jeter, Mortonette Jenkins y Valerie Pinkston.

Compassion. En el minuto 3 de la canción cobra protagonismo una explosión vocal impresionante, con infinitas voces de Schmit al unísono como en unos fuegos artificiales de mil tonalidades y trayectorias, que dura 30 increíbles segundos que cortan la respiración. Instrumentación a base de bajo, guitarra acústica y una sencilla percusión, todo ello tocado por Schmit.

Downtime. Mezcla de funky, rock, rithm&blues y soul con reminiscencias de jazz donde se habla de la necesidad de desconectar y tomarse un respiro de vez en cuando. Reunión de buenos músicos tocando: Jim Keltner (batería y percusión), Gary Burton (vibráfono), Van Dike Parks (acordeón), y Schmit (bajo y acústica) acompañado en los coros por Kid Rock y Dwaight Yoakam.

Melancholy. Maravillosa melodía en el más puro estilo Schmit, que no podía faltar en este álbum porque se echaría de menos. Una letra de connotaciones intimistas donde refleja ese estado que a todos nos afecta alguna vez, en el que la tristeza lo llena todo sin poder hacer nada por evitarlo. En esta ocasión le acompaña a la batería Jim Keltner, y Timothy se encarga del bajo, la guitarra acústica y el piano.

I don’t mind. Interesante tema en el que predominan los instrumentos de viento: saxo alto, saxo tenor, trombón (Dave Ralicke), acordeón (Vam Dyke Paris) y tuba (Freebo), que aporta ese empaque que necesita la canción para dar trascendencia a todo lo que “no importa”. Schmit se hace cargo del bajo, la guitarra acústica, el ukelele y la percusión.

Secular praise. Coros de lujo, a cargo de los Blind Boys of Alabama, que le dan ese toque godspell que hace de la canción una impresionante fusión de ritmos. Timothy toca el bajo y la acústica, acompañado de Jim Keltner (batería y percusión), Benmont Tench (órgano) y Van Dyke Parks (acordeón). Otra inmejorable composición, cuidada hasta el más mínimo detalle, de lo mejor del disco.

A good day. Sonido country-rock para un tema lleno de encanto, que recuerda los tiempos de Poco. Bajo, acústica, guitarra tenor y armónica a cargo de Schmit, al que acompaña Greg Leisz con la guitarra steel, Jim Keltner a la batería, y Donna De Lory y Hank Linderman en los coros.

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