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Invictus, de Clint Eastwood: el presidente y el deporte que salvaron a una nación. Por José Havel (25/01/2010).

Por azares del destino, Invictus, el trigésimo largometraje de Clint Eastwood, que evoca la Copa del Mundo de rugby organizada por Sudáfrica en 1995, se estrena el mismo año en que, curiosamente, dicho país acoge el Mundial de fútbol. De modo harto elocuente, ambos deportes se yuxtaponen en el comienzo mismo del filme, cuando Nelson Mandela (Morgan Freeman) es liberado tras 27 años de encarcelamiento. Los jóvenes blancos practican el rugby sobre un cuidado césped; los negros, el fútbol, pero en un descampado. Entremedias, vallas y una barrera de asfalto. El rugby, deporte de los blancos, simbolizaba en Sudáfrica la segregación y el odio racial. La población negra lo detestaba, igual que a la selección sudafricana (los Springboks de camiseta verde), tanto como al himno de Sudáfrica y su bandera, emblemas todos de la dominación blanca.

Basado en el libro El factor humano: Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación, de John Carlin, Invictus, que toma su título de un poema de W. E. Henley caro a Mandela, relata cómo este (re)conciliador presidente supo transformar semejante estado de cosas acabando con la vergüenza del Apartheid.

Consciente del poder del deporte como elemento cohesionador, Mandela logró que los blancos, empezando por el capitán Springbok, François Pienaar (Matt Damon), dieran ejemplo esforzándose en aprender el nuevo himno nacional, ese mismo que durante medio siglo fuera la canción de protesta de sus compatriotas negros; y consiguió asimismo que éstos transigieran en convertirse al rugby de los Afrikaner, según hizo Chester Williams (McNeil Hendricks), primer negro vestido de verde Springbok. «One Team, One Country». Un deporte, un equipo, un país de todos. «No tenemos el apoyo de sólo 63.000 sudafricanos, sino de 43 millones de sudafricanos», declara Pienaar, recién concluida la gran final ganada a los legendarios All Blacks de Nueva Zelanda en el último minuto. Aquellos jugadores sabían que eran mucho más que una formación deportiva.

Morgan Freeman está tan bien en su papel (el propio Mandela lo designó un día como el actor más apto para encarnarlo), que uno se siente tentado de reconocerle estatus de coautor en esta película. Especialmente emotivo resulta ver cómo Mandela/Freeman inspira a los Springboks hacia la victoria hablando largo y tendido con su capitán, haciéndole leer ciertos poemas, llevando a todo el equipo a visitar la celda donde pasó encerrado casi un tercio de su vida…

No es fácil evaluar en su justa medida una película que viene a continuación de una obra maestra, Gran Torino, con valor de antología además. Por eso se impone comprender la naturaleza paradójica de Invictus, obra naïf y trascendente a un tiempo, en concordancia con la materia que aborda. Ingenua en apariencia, aunque a la postre eficaz, como el propósito de Mandela de reconciliar, en torno al rugby, a un país al borde de la guerra civil tras el Apartheid, sintiendo los negros una comprensible sed de revancha, estando los blancos a la defensiva –armada, si fuera preciso— ante la posible venganza de aquéllos. Igual de simple, pero no por ello menos humana ni menos trascendente, que la ilusión de un pueblo ante la plausible victoria de sus deportistas, traducida luego en explosión emocional –y afectiva— con el triunfo. Pocas cosas unen tanto a las personas como el éxito deportivo patrio en lides internacionales. De ahí que, durante la final que dirimen sudafricanos y neozelandeses, Eastwood filme el rugby como jamás habíamos visto hasta ahora, de una forma reveladoramente trascendental, pasmosamente elegante y bella.

 
INVICTUS. EE UU, 2009.Dirección: Clint Eastwood. Guión: Anthony Peckham; basado en el libro Playing the enemy de John Carlin. Producción: Clint Eastwood, Lori McCreary, Robert Lorenz y Mace Neufeld. Música: Kyle Eastwood y Michael Stevens. Fotografía: Tom Stern. Montaje: Joel Cox. Diseño de producción: James J. Murakami. Vestuario: Deborah Hopper. Intérpretes: Morgan Freeman (Nelson Mandela), Matt Damon (François Pienaar), Marguerite Wheatley (Nerine), Patrick Lyster (Sr. Pienaar), Matt Stern (Hendrick), Julian Lewis Jones (Etienne)… Duración: 135 minutos. Estreno en España: 29 Enero 2010.

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