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Geografías: Entrevista a Ramón Lluís Bande. Por Hilario J. Rodríguez (06/02/2010).

 Ramón Lluís Bande (Xixón, 1972) dirige, compone, escribe… y ante todo ensaya. Desde sus comienzos, ha intentado encontrar la imagen justa, el sonido justo, la palabra justa… hablar sin que se note pero sin que la voz se apague. Para conseguirlo, siempre ha trabajado en los márgenes, al lado de personajes periféricos para los que escribe canciones o diseña películas, quizás buscando «el momento de la emoción verdadera», como diría Peter Handke. Y Las habitaciones vacías (Caballo de Troya, 2010) es el final de un proceso en el que se funden todas las disciplinas, y también es el principio de su carrera como escritor en lengua castellana.

  

-Cuando uno mismo etiqueta su propia obra como autoficción, asume ciertos riesgos.

-Seguramente una misma pregunta, formulada de maneras diferentes, se encuentra detrás del origen de todos los textos recogidos ahora en este libro. La pregunta es –o puede parecer– básica: ¿quién soy? En algunos de los textos esa pregunta se completa con otra: ¿quién soy en relación a lo que somos? Desde esta perspectiva, veo completamente lógico aceptar el calificativo de “autoficción”. En todos los textos, y sobre manera en la suma de todos juntos, el libro propone un laberinto de espejos en el que según te vas adentrando es más difícil separar las figuras del autor, el narrador y el personaje... Estoy contento con esa construcción que, realmente fui encontrando por el camino. No partía de un diseño previo. Date cuenta que muchosde los capítulos de este libro: Verdá o consecuencia, De la vida de les piedres, Habitaciones vacies o La muerte de los árboles, tuvieron su origen como libros independientes, sin relación de unos con otros... Cuando empecé a trabajar con ellos descubrí que, seguramente, su naturaleza verdadera era la actual: partes complementarias de un todo más orgánico. Y lo que justificaba su naturaleza, más allá del género de cada texto, era precisamente el ejercicio de construcción de un personaje que proponía el conjunto.

Más allá de lo que el libro tiene de real de mi propia vida, me interesa la verdad ficcional que, creo, consigue generar. 

-La primera persona, el minimalismo expresivo y el tono confesional suelen ser las características que uno asocia con la autoficción.

-La “autoficción” como etiqueta codificada y reglada por el mercado editorial o la crítica académica me interesa bastante poco, en realidad. No atiendo a ninguna necesidad exterior a los textos a la hora de escribirlos. Alguna de las características que mencionas tienen mucho que ver con mi manera natural de acercarme a la escritura –sea ésta con palabras o con imágenes-: la primera persona, el minimalismo, el tono más o menos confesional... Pero la verdad es que no seguí un libro de estilo previo para acercarme a las cosas que quería contar. Cada texto del libro tomó la forma en la que mejor se expresaba, por esto la variedad de registros o “géneros” que se pueden encontrar en sus páginas: relatos cortos, diálogos, piezas dramáticas, artículos de prensa, letras de canciones... Seguramente, muchos lectores tendrán problemas a la hora de acercarse a Las habitaciones vacías como a una novela, pero para mí era la única manera de desarrollar el discurso narrativo que quería proponer.  

-Tú siempre eliges una imagen central y varias periféricas, la central habla y las periféricas callan, y sin embargo las que de verdad resultan expresivas son las periféricas.

-Coincido con esa apreciación. Siempre me gustó jugar con varios niveles de profundidad de campo. Una imagen enfocada, en plano corto, que es la que conduce al lector por el libro, en este caso el crecimiento de una persona desde que es niño hasta la edad adulta. Con muchas elipsis, fueras de campo y raccords forzados, ésa sería la imagen central del libro. Por detrás de esta historia, un poco desenfocadas, más sugeridas que explicadas o narradas están las otras imágenes importantes, que también dan el contexto para entender los cambios en el protagonista: las transformaciones en el modo de vida de una clase social, la paulatina pero acelerada sensación de desaparición del país en el que el protagonista cree vivir, la reivindicación de ciertas lecturas en la formación de una identidad... Pero bueno, como siempre que te acercas al tema del centro y las periferias, según en el lugar donde te coloques al acercarte al libro, esos conceptos intercambian su posición y significado. 

-Las Habitaciones vacías en versión castellana es un cuerpo, el final de un proceso quirúrgico en el que has unido varios libros en asturiano, amputando algunas partes.

-Con la edición en asturiano de este libro, Les habitaciones vacies (Ámbitu, 2009), quería, en cierta manera, cerrar un ciclo de escritura muy centrado, como te decía al principio, en reflexionar sobre el propio yo. La intención original era juntar y volver a poner al alcance de los lectores una colección de textos publicados a lo largo de los últimos diez años. En ese proceso descubrí, como ya comenté, que lo que tenía entre manos no era una colección de relatos independientes reunidos simplemente por un interés editorial, sino que de la suma de todos, de su lectura común surgía el verdadero libro: un libro completamente nuevo, inédito... Me quedé con esa sensación y seguí trabajando en ella cuando surgió la posibilidad de publicar el libro en castellano. De esta manera, la edición en castellano. Las habitaciones vacías (Caballo de Troya, 2010), tiene alguna diferencia sustancial. Incorpora algún capítulo nuevo (Variaciones de la piedra) y recorta algunas partes, sobre todo del capítulo Habitaciones vacías, que rompían el equilibrio del conjunto por ser textos demasiado coyunturales, alejados del sentido actual del libro.

Mientras que en la edición asturiana decidí señalar la fecha de publicación original de cada texto, para que los lectores no perdieran del todo la sensación de recopilación de textos previos, en la edición en español decidí prescindir de compartir con el lector esta información. Me interesa que los nuevos lectores que se acerquen al libro, y que no conozcan mi obra, se metan en su lectura como lo que él representa para mí en este momento: una propuesta narrativa orgánica y original. 

 

-Quieres presentar el libro de una forma peculiar, en una gira de seis conciertos con Nacho Vegas.

-La mayoría de los textos presentes en Las habitaciones vacías, y sobre todo la que yo creo que es la anécdota central del libro: la conversión en piedra de una persona, vienen de un tiempo en el que trabajé muy estrechamente con Nacho: letras y películas musicales para Manta Ray, los discos de Diariu, las bandas sonoras de Nacho para mis primeras películas, El fulgor... Uno de los capítulos del libro, “Variaciones de la piedra”, son las letras de las canciones de Diariu 2... Con todo esto, y aprovechando que después de un periodo de mayor distancia volvemos a trabajar juntos en algunos proyectos, sí que nos gustaría recuperar sobre el escenario algo de aquello, de nuestro pasado, pero transformado en una propuesta de presente y futuro. Al igual que en el libro, no habría nostalgia ninguna en el espectáculo que puede nacer de él. Todavía está muy verde la cosa, sobre todo por los muchos compromisos que tenemos los dos, pero la idea, más allá de presentar el libro por diferentes ciudades, es la de crear un espectáculo que combine la música, la lectura y las proyecciones audiovisuales. 

 

-Narrativa, poesía, música, cine… todo junto no conduce a nada pero por separado tampoco.

-Son cosas que nos sirven para seguir haciéndonos preguntas, que no es poco. No hay ninguna necesidad, por lo menos por mi parte, de encontrar muchas respuestas, me conformo con ser capaz a ir formulando mejor las preguntas. La verdad es que todas esas disciplinas que mencionas son distintas maneras de hacer lo mismo. Con un respeto escrupuloso, si quieres, a las características propias de cada lenguaje, no tengo la sensación de hacer cosas muy diferentes. Según cómo intentas formular en cada caso las preguntas te llevan a un lenguaje o a otro.

La literatura, el cine y la música seguramente no nos salvan de nada, pero nos ayudan a sobrellevar el absurdo de una manera más digna. Son, junto con el amor y cierto sentimiento de pertenencia (a una familia, a una cultura, a una clase social), los materiales de la insatisfacción habitable que intentamos construir para no sentirnos completamente perdidos y desesperados...

 

-El misterio de las primeras veces, un misterio que no pretendes desvelar, sólo enunciar.

-Como te digo, siempre me interesó más la formulación de las preguntas adecuadas que encontrar las respuestas justas. No te lleva a ningún sitio el intentar desvelar los misterios, prefiero darme cuenta, aunque sea de manera instintiva, de su existencia e intentar rodearlos con palabras e imágenes. Desvelando un misterio lo único que consigues es hacer que desaparezca y no es esa mi función. A mi me gustan los misterios y, en la mayoría de los casos, soy plenamente consciente de que no tengo ninguna capacidad para desvelarlos. 

 

-Ves algo que no entiendes, entiendes algo que no ves, y la memoria mientras tanto cobra forma.

-En la novela la memoria juega un papel fundamental, sobre manera para ir creando el presente del protagonista, sin embargo considero que está escrita en presente. No trata de hacer pasar las imágenes del pasado convocadas por la memoria por reales, sino que las interpreta desde la perspectiva actual del personaje en cada momento. En cierta manera, toda la novela es un cuestionamiento de la propia memoria como un recurso válido para construir un discurso sobre la propia vida. En casi todos los textos del libro se cuestionan los recuerdos en busca de un significado útil para el presente, para seguir avanzando. Un ejemplo evidente es De la vida de las piedras, que no es otra cosa que la reconstrucción de un pasado traumático y excitante entre las dos personas que lo vivieron juntos, de la misma manera y del que sin embargo mantienen recuerdos diferentes. También se juega con la memoria, con los recuerdos del pasado, como construcción narrativa mítica en el acercamiento a la resistencia antifranquista que supone La muerte de los árboles. 

 

-Uno de los juegos peligrosos de la memoria es la imagen reconocible, la que se relaciona sin problemas con algo concreto.

-Las imágenes reconocibles creo que sólo remiten a sí mismas: al reconocimiento de las imágenes. Es difícil establecer un discurso, por evidente que parezca, con la suma de varias imágenes que llegan de la mano de la memoria. La misma suma de imágenes en momentos vitales diferentes puede llegar a tener significados opuestos. La memoria, en este sentido, sólo nos sirve para ayudarnos a construir un pasado concreto desde nuestra realidad actual. Seguramente sería difícil establecer un concepto objetivo de “recuerdo” o de “memoria”, sólo tenemos –y no es poco- la interpretación que de ello hacemos siempre desde el presente. 

 

-Sin saber quién eres, es imposible saber qué buscas.

-Ambos son procesos en mutación continua. Es difícil saber quién eres por mucho tiempo y esfuerzo que utilices a interrogarte. Siempre salen al camino variantes nuevas que destrozan toda la reflexión anterior. De repente, después de años comportándote de una manera concreta que crees que se ajusta a la perfección al comportamiento de la persona que eres, haces algo inesperado, impensable incluso, y en ese momento tienes que poner en tela de juicio todas las certezas que tenías sobre ti mismo. Y otra vez perdido... Hay que volver a empezar, no queda otra. En este sentido, creo que las dos cosas que antepones son, en última instancia, lo mismo: ¿qué busco? Saber quién soy. Y, para responder a esa pregunta que siempre es doble, vas construyendo y construyéndote. 
 

 

Sangre en la nieve

 

-Estábamos aquí metidos, en la parte de arriba de esta casa y sentimos ruidos fuera. Nos pilló por sorpresa porque eran la cinco de la tarde y ellos no solían atacar a esas horas. Ellos atacaban por la mañana. Por la mañana sí que tenías que estar en guardia… Miré por la ventana y vi que la casa estaba rodeada y les dije a mis compañeros: “No podemos quedar aquí. Van a matarnos”. Ellos parecía que no reaccionaban y yo les insistí: “No hay tiempo que perder, tenemos que salir. Ahora o nunca”. Yo bajé a la parte de abajo de la casa, donde estamos tú y yo ahora, y mis compañeros no bajaban. Esperé un poco por ellos y sentí un disparo. Uno de los que estaba conmigo no soportó los nervios y para que no le cogieran vivo se pegó un tiro… En ese momento yo decidí salir. En esta parte de la casa tenían vacas. Decidí abrir la puerta de la cuadra, sacar las vacas y salir con ellas. Nada más salir empezó el tiroteo. Yo les tiré una bomba y ellos se echaron cuerpo a tierra. La bomba no estalló pero conseguí salir corriendo. Ellos, cuando se levantaron, siguieron disparándome, pero no consiguieron darme. Al llegar a donde está aquel árbol de allí, un soldado me agarró por la espalda, pero pude darme la vuelta, empujarlo y seguir corriendo. Llegué hasta aquella otra casa que se ve allí abajo. Como ya no me dominaban desde donde estaban, dejé de correr y empecé a caminar a paso lento, porque no me encontraba muy bien. Cuando pase por delante de aquella casa, salió una chica a la puerta y me dijo: “Ten cuidado, está todo lleno de Guardias. Te van a matar”. Seguí por el camino que pasa por delante de aquella otra casa y me encontré con dos policías militares que volvieron a disparar contra mí. Otra vez tuve que echar a correr. Sus disparos tampoco me alcanzaron y seguí corriendo hasta una mina que había un poco más allá. Allí, donde la mina, estaba lleno también de Guardias y policías. Me tiraron una bomba y consiguieron herirme. En ese momento yo ya había acabado la munición de la pistola que llevaba y saqué otra pistola y seguí disparando con ella. Cuando llegué a la mina se me acabó la munición de esa otra pistola y ya llevaba a un policía detrás que casi me iba tocando la espalda con la escopeta. Me disparó unas cuantas veces y una bala me atravesó la espalda, pero yo seguí corriendo. Quería llegar hasta la máquina que baja el carbón para subirme a ella y que no me cogieran, pero cuando llegué, la máquina acababa de pasar, no pude subirme a ella. Allí ya caí al suelo, en la nieve y me cogieron dos policías militares…

-¡Vaya historia! Parece una película… ¿Cómo sabían ellos que estabas aquí, en esta casa?

-En aquellos días había mucha gente que te denunciaba…

-¿Por qué?

-Ya irás descubriendo cómo es la gente… A muchos de aquellos chivatos acabaron matándolos…

-¿Tú mataste a alguno, abuelo?

-No. La prueba es que el que me denunció a mí todavía vive… ¡Vaya tarde que es ya! Tenemos que marchar, tu abuela y tu padre van a estar preocupados.

-¿Tenemos que volver hacia atrás todo lo que andamos hasta aquí?

-No, saliendo por aquí detrás llegamos a una carretera por la que pasa otro autocar. Hay una parada aquí cerca, ¿vamos?

-Vamos.

-No cuentes en casa nada de lo que te conté hoy, ¿eh?

-No, abuelo. Va a ser nuestro secreto.

 -¿Ves como el camino de vuelta no fue para tanto? Ya estamos en la carretera. Allí, donde aquella farola para el autocar. Son las nueve y veintisiete. A y media me parece que pasa uno.

-¿Qué pájaro es ese que da vueltas tan rápido alrededor de la luz de la farola?

-No es un pájaro, es un murciélago. ¿Nunca habías visto uno?

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