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José Luis Piquero: el Caín de hoy es el indignado. Por Javier Lasheras 3/11/2011

José Luis Piquero: el Caín de hoy es el indignado

 

 

Javier Lasheras.

La editorial sevillana La isla de Siltolá, con el mimo de Javier García Menéndez, acaba de publicar Caín de Lord Byron. Una cuidada edición bilingüe de cuya traducción se ha encargado el poeta José Luis Piquero (Mieres, Asturias, 1967), quien ya atesora, además de su obra, más de treinta traducciones. Entre otros autores, ha traducido y prologado obras de Mark Twain, John Steinbeck, Robert Louis Stevenson, Conan Doyle, Saki, Conrad o Scott Fitzgerald. Hablamos con él a través del correo electrónico.

 
Acaba de traducir Caín. Supongo que se ha sentido como en casa o, al menos, en un territorio acostumbrado. Lo digo pensando en el José Luis Piquero poeta y escritor y no sólo...
Lo cierto es que sí. La figura de Caín siempre me ha resultado fascinante, como emblema de la rebeldía y la contestación al poder establecido y a las ideas pactadas, y he escrito unos cuantos poemas sobre él. Siempre me he preguntado, como Hesse en Demian, si su estigma no sería producto de su condición de "distinto", más que la consecuencia de un crimen. Caín es el disidente, el que se atreve a pensar por su cuenta, el que va a contramarcha.
 
 A menudo la imagen de Lord Byron se ha asociado más a la de un aventurero liberal y libertino, simpático incluso, que a la de un escritor romántico, polémico y comprometido con su época. ¿A qué cree que es debido?
El problema de Byron es que llevó una existencia desaforada, extrema en todo (lo personal, lo político, lo amoroso, lo literario...) y, de algún modo, esa vida fascinante ha oscurecido su obra. Interesa más el propio personaje que la obra, pues su vida ya es en sí literatura. Y, por supuesto, nos quedamos con los detalles más sabrosos: su relación incestuosa con su hermana, sus múltiples amantes, etc., olvidando que, por encima de extravagancias, también fue un disidente en el sentido más noble de la palabra, un defensor a ultranza de la libertad, un adelantado a su tiempo.
 
¿Qué destacaría desde el punto de vista de la traducción, de este texto dramático?
Si me pregunta por la propia traducción, destacaría el hecho inexplicable de que una obra fundamental del siglo XIX no estuviera traducida al castellano. Las pocas traducciones que se han hecho (hace décadas) son inencontrables (lo cual es una ventaja, porque las ha habido horrorosas) y tan sólo disponíamos de alguna traducción parcial, como los fragmentos que publicó José María Valverde. De ahí la pertinencia de una versión íntegra, bilingüe y fiel al original. Comprensiblemente, es una de las traducciones mías de las que más orgulloso estoy.
 
La vida de Byron ya es en sí literatura
 
Adán, Caín, Lucifer, Abel... ¿Son personajes trasladables a nuestra actualidad, tal y como los contempla Lord Byron?
Lo son plenamente. En este mundo están los que se conforman (como Adán o Abel), los que besan la mano que les oprime y ayudan a que la tiranía se perpetúe. Y están, como Caín, los que se hacen preguntas, los que no comulgan con ruedas de molino, los que desafían al poder y quieren saber. El Caín de hoy es el indignado.
 
Es una de las traducciones mías
de las que más orgulloso estoy.
 
Adentrándonos en el propio texto ¿ha tratado de rebajar ese tono metafísico, “altisonante” escribe usted en el prólogo, refiriéndose a ciertos pasajes del segundo acto? ¿Hasta qué punto ha tratado de realizar una traducción accesible para el lector?
He tratado de que el texto traducido suene natural, sin rebuscamientos, pero también de no traicionar a Byron, de ser escrupulosamente fiel a sus palabras. Si este "se pone sublime" hay que seguirle la corriente. Es lógico que la dicción de los personajes de una obra del siglo XIX nos resulte hoy algo afectada. Pero también eso forma parte de su encanto: es su aire de época. Sin embargo, nadie necesitará tener un diccionario al lado para leer Caín.
 
¿Qué piensa usted acerca de que cada libro debe contar en cada época con su traducción? ¿Cree que una atinada traducción envejece con el paso del tiempo?
Sí, al igual que hay obras que envejecen, también envejecen sus traducciones. Estoy totalmente de acuerdo en que cada generación cuente con sus propias traducciones. Lo malo del Caín era no contar con ninguna íntegra, ni buena ni mala.
 
Para traducir bien
hay que saber mucho castellano.
 
Se declara usted orgulloso del trabajo realizado con Caín, pero después de traducir a Stevenson, Dickens, Twain, Melville, Scott Fitzgerald, Steinbeck... ¿a qué obra le hubiese gustado poner su firma?
A muchísimas. Me gustaría traducir a Lovecraft, por ejemplo, pero de momento no sería necesario: las traducciones de Rafael Llopis son muy buenas. De todos modos, he tenido siempre mucha suerte: trabajando casi siempre por encargo, nunca me ha tocado una obra que no me gustase.
 
¿Cuánto provecho le saca al trabajo como traductor para su quehacer poético? ¿A qué autores les ha sacado más partido literario?
Casi siempre traduzco narrativa, así que la traducción no suele influir en mi trabajo poético. Los beneficios son más generales: te enriqueces como lector y como usuario del idioma. Es una oportunidad única para introducirte en el taller de grandes autores, desmontar las obras pieza a pieza, reconstruirlas... Es casi un trabajo artesanal y un examen de lengua, pero no de lengua inglesa sino española. Siempre digo que para traducir bien lo que hay que saber es mucho castellano.
 
Y hablando de su poesía, ¿qué tal le han traducido a usted?
En algunos casos, como el francés y el portugués, que puedo leerlos, me he encontrado muy bien tratado. De las traducciones al búlgaro, por ejemplo, no puedo opinar, porque no reconozco ni mi nombre escrito en alfabeto cirílico.
 
Perdone, pero no he encontrado demasiadas webs o blogs dedicadas a la traducción literaria. Además, no parece que la traducción en España tenga la mejor de las consideraciones posibles.
Existen páginas como la de la asociación de traductores ACETT, que no es la única, y también foros en los que, además de usuarios en general, los traductores consultamos nuestras dudas. WordReference es sin duda la mejor. Y sí, la traducción no está muy bien considerada en España (nunca lo ha estado) pero eso está cambiando. Ya hay editoriales que ponen el nombre del traductor en la cubierta y alguna, como Navona, con la que he trabajado mucho, hasta incluyen una breve nota biográfica.
 
Lea un fragmento de Caín, de Lord Bayron.
Traducción de José Luis Piquero.
 
LUCIFER
                                                           ¡Pobre barro!
¡Y pretendes ser desdichado! ¡Tú!
 
CAÍN
Lo soy, y tú, con todo tu poder, ¿qué eres tú?
 
LUCIFER
Alguien que aspiró a ser quien te creó
y que nunca te hubiera creado como eres.
 
CAÍN
                                                                       ¡Ah! Pareces
casi un dios...
 
LUCIFER
                                               No lo soy.
Y como fallé en serlo, no soy más
que lo que soy ahora. Ya que él venció, ¡dejémosle reinar!
 
CAÍN
¿A quién?
 
LUCIFER
 
                        A tu Hacedor. Y el de la tierra.
 
CAÍN
 
Y los cielos, y cuanto en ellos hay.
Es lo que oigo cantar a sus ángeles y
lo que dice mi padre.
 
LUCIFER
Dicen de hombres y espíritus... lo que deben decir
y cantar, bajo pena de ser lo que yo soy
y que tú eres.
 
CAÍN
¿Y qué es ello?
 
LUCIFER
 
Almas
que se atreven a usar su inmortalidad, almas
que osan mirar el rostro sempiterno del déspota
Omnipotente y decirle que toda
esa maldad no puede ser el bien.
Si, como él dice –y yo no sé ni creo-, nos ha hecho, no puede
ya deshacernos: ¡somos imortales!
Pero no, nos ha hecho para así torturarnos. ¡Que lo haga!
Es grande y, sin embargo, no es más feliz con toda su grandeza
que nosotros en nuestra disensión. La bondad nunca habría
creado el mal. ¿Y él que otra cosa ha hecho?
¡Dejémosle sentado allá en su vasto y solitario trono,
creando mundos, intentando hacer
la eternidad algo menos gravosa a su inmensa existencia
y a su soledad siempre incompartible!
¡Dejemos que acumule orbe tras orbe,
a solas, el tirano insoluble e infinito!
Si fuera a destruirse a sí mismo sería
el regalo mejor que nos hicieran nunca.
Dejémosle reinar, multiplicarse
en la desdicha. Al menos, espíritus y hombres
nos comprendemos, y sufriendo juntos
nuestros padecimientos, que son innumerables,
se hacen más llevaderos, al mostrarnos
comprensivos sin límite con todos y con todo. ¡Pero él!,
desdichado en su altura, ha de seguir
creando y recreando...
 
 


LUCIFER
                                               Poor clay!
And thou pretendest to be wretched! Thou!
 
CAIN
I am:– and thou, with all thy might, what art thou?
 
LUCIFER
One who aspired to be what made thee, and
Would not have made thee what thou art.
 
CAIN
                                                           Ah!
Thou look’st almost a god; and–
 
LUCIFER
 
                                               I am none:
And having fail’d to be one, would be nought
Save what I am. He conquer’d; let him reign!
 
CAIN
 
Who?
 
LUCIFER
 
            Thy sire’s Maker, and the earth’s.
 
CAIN
 
                                                           And heaven’s
And all that in them is. So I have heard
His seraphs sing; and so my father saith.
 
LUCIFER
 
They say–what they must sing and say, on pain
Of being that which I am,–and thou art–
Of spirits and of men.
 
CAIN­
                                   And what is that?
 
LUCIFER
 
Souls who dare use their immortality–
Souls who dare look the Omnipotent tyrant in
His everlasting face, and tell him that
His evil is not good! If he has made,
As he saith–which I know not, nor believe–
But, if he made us–he cannot unmake:
We are immortal!–nay, he’d have us so,
That he may torture:–let him! He is great–
But, in his greatness, is no happier than
We in our conflict! Goodness would not make
Evil; and what else hath he made? But let him
Sit on his vast and solitary throne,
Creating worlds, to make eternity
Less burthensome to his immense existence
And unparticipated solitude;
Let him crowd orb on orb: he is alone
Indefinite, indissoluble tyrant;
Could he but crush himself, ‘twere the best boon
He ever granted: but let him reign on!
And multiply himself in misery!
Spirits and men, at least we sympathize–
And, suffering in concert, make our pangs
Innumerable, more endurable,
By the unbounded sympathy of all
With all! but He! so wretched in his height,
So restless in his wretchedness, must still
Create, and re-create–

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