Gonzalo Suárez, el escritor que hizo cine y el cineasta que nunca dejó de escribir
Ha muerto Gonzalo Suárez. El cine español pierde a uno de sus directores más singulares y la literatura española a un escritor difícil de clasificar, precisamente porque nunca aceptó demasiado las fronteras entre las artes. Había nacido en Oviedo en 1934 y murió hoy en Madrid a los 92 años. Su trayectoria, desarrollada durante casi siete décadas, estuvo marcada por una permanente voluntad de libertad, imaginación y ruptura de los géneros establecidos.
Pero Gonzalo Suárez no fue exactamente un cineasta que escribía. Fue, antes que nada, un escritor que encontró en el cine otra forma de escritura. Él mismo lo explicó con claridad: «he sido escritor antes que cineasta y sigo siendo escritor incluso como cineasta».
Su literatura comenzó antes que su cine. Novelas como De cuerpo presente, Operación Doble Dos, Gorila en Hollywood o Ciudadano Sade, sus relatos, sus guiones y sus textos periodísticos —firmados en ocasiones bajo el heterónimo Martín Girard— muestran a un autor fascinado por la imaginación, la aventura, el humor y la transgresión de las formas narrativas convencionales.
Cuando llegó al cine, llevó consigo esa misma concepción de la literatura. Ditirambo, Epílogo, La Regenta, Remando al viento, El detective y la muerte, Don Juan en los infiernos o El portero forman una filmografía en la que la realidad aparece constantemente atravesada por el sueño, la memoria, la literatura y la fantasía. Remando al viento, protagonizada por Hugh Grant, le proporcionó el Goya al mejor director en 1989. Este año recibió el Goya de Honor por una trayectoria que la Academia definió por su experimentación con los géneros y por la convivencia permanente entre cine y literatura.
Asturias como territorio de la imaginación
Asturias aparece en su obra como paisaje, memoria, materia literaria y espacio de la imaginación.
El propio Suárez explicó que Asturias había sido uno de los escenarios naturales recurrentes de su obra. Y Oviedo Express, rodada en 2007, supuso su regreso cinematográfico a la ciudad natal y una nueva aproximación a Asturias a través de la literatura, el teatro y el cine.
Su relación con Asturias tuvo también una dimensión institucional y literaria. En 2005, la Asociación de Escritores de Asturias le concedió el I Premio de las Letras de Asturias, creado para reconocer una trayectoria especialmente significativa dentro de la literatura vinculada al Principado. El jurado destacó entonces su dedicación a la literatura durante más de cuarenta años y una obra que ya superaba la veintena de títulos entre novelas, relatos y guiones cinematográficos.
Aquel reconocimiento tuvo para Suárez un significado especial. En una entrevista publicada por BiblioAsturias después de recibir el premio confesaba que era el «primer y único» galardón que había recibido hasta entonces específicamente por su actividad literaria. Y reivindicaba su condición de escritor frente a la tendencia a considerarlo exclusivamente cineasta.
Un escritor sin fronteras
Quizá esa sea la mejor manera de recordar a Gonzalo Suárez: como un creador sin fronteras. Él mismo decía no conocer «las fronteras entre el periodismo y la literatura» ni «entre la literatura y el cine».
En su obra convivieron Clarín, Mary Shelley, Stevenson, Sade, Don Juan, Frankenstein, el periodismo deportivo, el cine fantástico, la novela, el teatro y la memoria personal. No utilizaba la literatura como materia prima subordinada al cine, ni el cine como ilustración de la literatura. Ambos eran para él formas diferentes de explorar la imaginación.
Por eso su desaparición afecta a dos ámbitos que en su caso nunca estuvieron verdaderamente separados. Asturias pierde a uno de sus creadores más originales; el cine español, a un director irreductible a las etiquetas; y los escritores asturianos, a un autor que, desde una trayectoria absolutamente personal, recibió de la Asociación de Escritores de Asturias el primer reconocimiento de su Premio de las Letras.
Gonzalo Suárez se marcha dejando una obra que se resiste a ser encerrada en una sola definición. Quizá porque su verdadera patria artística fue siempre la imaginación. Y quizá también porque, como él mismo recordó al recibir el Goya de Honor, el cine y la literatura pertenecen a ese territorio donde todavía es posible convertir los sueños en realidad.









