Home LITERARIAS Entrevistas “Tinta bajo las uñas”, con Yeray-Bosco

“Tinta bajo las uñas”, con Yeray-Bosco

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Por David Fueyo

 

Yeray-Bosco Morís Vega tiene veintiún años y esa rara condición de los que aún no han aprendido a mentirse. Escribe desde la inocencia como otros escriben desde la profundidad de su propio imaginario, que a veces es lo mismo.

Estudiante de arte dramático, catequista, actor, director y esa figura casi extinta que es el poeta que recita sus versos delante de quien quiera escucharlos, Yeray-Bosco lleva el nombre compuesto como quien lleva dos vidas en paralelo, o quizá una sola partida por la mitad para que quepa más. En sus obras conviven el absurdo y la fe, el teatro documental y el misterio, la cama como metáfora del mundo y una piedra prehistórica de Atapuerca como la obra de arte más honesta que ha visto nunca. Lo que sigue es una conversación con alguien que todavía no sabe cómo se verá dentro de diez años y que tiene, en esa ignorancia dichosa, todo el futuro por delante.

Hay escritores que llegan a la literatura como quien llega a casa después de haber vivido siempre en ella sin saberlo. Yeray-Bosco es uno de ellos.

 

  1. ¿Qué tendríamos que saber de ti que no tenga nada que ver con la literatura?

Tengo veintiún años y mi vida se articula en torno a Cristo, desde donde intento dar sentido a todo lo que hago. Diría que, más allá de cualquier ámbito, el amor es el motor orgánico desde el que intento vivir y mirar el mundo, procurando hacerlo desde la inocencia.

Me dedico al teatro: lo estudio, lo práctico y lo enseño, trabajando con adolescentes y adultos y creando un espacio que procuro cuidar como lugar de encuentro y de trascendencia. Formo parte de la compañía Escena Contingente, donde, junto a mis compañeros y compañeras, continúo explorando, desde el cuidado y el afecto, distintas formas de crear y de estar en escena.

Recientemente estrenamos en el Teatro Jovellanos la obra Que se escuche fuerte mi grito, un proyecto de teatro documental en el que empleamos la técnica del headphone verbatim para abordar el suicidio juvenil en Asturias. Con esta investigación buscamos dar voz a testimonios reales y acercar, desde la escena, la complejidad y la urgencia de esta realidad.

Dedico parte de mi tiempo a la catequesis con niños y jóvenes en la parroquia de San Clemente de Quintueles, una experiencia que me vincula con lo comunitario y con una manera concreta de acompañar a otros.

 

  1. ¿Cómo y cuándo supiste que te gustaría dedicarte a escribir?

 

En realidad, la necesidad de expresarme artísticamente me viene desde niño. Quizá hay una relación entre el modo en que entiendo la realidad y la manera en que siento que debo expresarla desde mis circunstancias.

Concibo escribir, especialmente poesía y teatro, como una forma de dirigir la atención hacia la profundidad y la sensibilidad de las cosas. Escribir es, para mí, una manera libre de construir sobre el papel aquello que solo puede existir en mi imaginación y compartirlo.

 

 

 

  1. ¿Cómo definirías tu voz literaria? ¿Crees que ha cambiado mucho desde que empezaste a escribir?

 

De más pequeño, con nueve años, escribía poesías a partir de refranes como “El que no corre vuela y el que no, pa la cazuela”. Luego se las enseñaba a mi madre, a mis abuelos, a mis compañeros. Era un mini rapsoda. Ahora hago lo mismo, solo que comparto lo que hago con más gente y con otros artistas.

Sin duda, con el paso del tiempo los gustos cambian; sin embargo, permanece la esencia de lo que somos. Persigo esa inocencia. Es la que probablemente buscaba Pablo Picasso cuando pasó toda su vida intentando pintar como un niño, o la que dejó Gloria Fuertes impregnada en su maravillosa literatura

 

  1. ¿Qué historia llevas tiempo queriendo contar, pero aún no te has atrevido a escribir?

Me interesa la síntesis. Quiero escribir una obra de teatro en la que se exponga la historia de la vida de un ser humano desde la cama. Todo lo que nos pasa encima de un colchón: dormir, soñar, llorar, reír, ver la tele, leer un libro, hacer el amor, morir, nacer, hacer y deshacer la cama…

Subir al escenario una humanidad atravesada por el esquema actancial, recién descubierto para mí; es decir, por el deseo del sujeto sobre el objeto. Espero poder ponerme con esta historia cuanto antes.

 

  1. Si tuvieras que recomendar tres obras clave de la literatura para los lectores de LITERARIAS, ¿cuáles elegirías y por qué?

 

    Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite. Recomiendo este libro desde que lo leí en primero de la ESO. Cuando mi profesora de lengua y literatura me propuso leerlo para hacer un comentario, ya por el título, por mi edad o por la portada de aquella edición, me pareció algo infantil y ñoño. Sin embargo, en cuanto empecé a leerlo descubrí el Manhattan imaginado por Martín Gaite y me enamoré del libro.

Otra obra que me parece fundamental es Pedro Páramo, de Juan Rulfo. El misterio, la sobrenaturalidad y la atmósfera que envuelven la obra resultan sobrecogedores. Es, sin duda, una de las grandes novelas de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Destacaría especialmente sus complejos juegos espaciotemporales y la manera en que las voces se entrelazan hasta desdibujar la frontera entre la vida y la muerte.

El Diario de Santa Faustina Kowalska. En esta obra, publicada póstumamente, se relatan sus encuentros con la Divina Misericordia y su relación con Dios. Resulta muy interesante tanto por su contenido místico, en el ámbito de la fe, como por su dimensión cultural y antropológica, al ofrecer un testimonio directo de una experiencia espiritual llevada al lenguaje.

 

 

  1. ¿Qué obra ya publicada por otro autor o autora te hubiese gustado firmar?

 

No me sentiría capaz de firmar una obra que no haya escrito o que no forme parte de mi imaginario vital. Me resultaría imposible firmar ninguno de los tomos de La Divina Comedia, de Dante Alighieri, El elogio de la locura, de Erasmo de Rotterdam, o Hierba, de Keum Suk Gendry-Kim. Bendita originalidad, la que nos hace a cada uno ser diferentes.

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  1. Piensa en ti como escritor o escritora dentro de diez años, ¿cómo te ves en ese no tan lejano dos mil treinta y seis?

 

No lo sé. No sé bien ni siquiera cómo me veo mañana. Espero que bien. Dentro de diez años, quizá algún conocido me pare por la calle y me diga algo así como:

—¿Cómo estás?

—Bien, ¿y tú?

—Bien.

—Bueno, que te vaya bien.

—Lo mismo, ciao.

Más o menos me veo así. Al final, poco importamos en comparación con la cantidad de siglos que acabarán olvidándonos. Los más, a todos.

Quizá me vea con más cuadros, textos u obras; o quizá trabajando en algo “provechoso”. Aún no lo sé.

 

  1. Si pudieras inventar una herramienta literaria imposible, ¿qué maravilla aportarías al oficio de escribir?

 

El cinegrama. Un aparato con el que poder observar lo que estás escribiendo. Leería las frases y, gracias a una tecnología imposible, generaría una realidad instantánea a partir del texto.

Según lo pienso, me doy cuenta de lo cerca que podría estar este tipo de tecnología y me da miedo. Ojalá no exista nunca, para que podamos seguir imaginando. Probablemente lo inventaría y me arrepentiría.

 

  1. Recomiéndanos una película, una canción y una obra de arte plástico.

 

Una película: Marcelino, pan y vino. Me interesa especialmente cómo representa la inocencia sin convertirla en algo superficial. Hay una mirada limpia, esencial, que permite que lo extraordinario aparezca desde lo cotidiano.

Una canción: Video Killed the Radio Star de The Buggles. De pequeño bailaba esta canción imaginándome la historia de un robot. Formaba parte de un CD recopilatorio con música del programa Crónicas Marcianas que tenía mi madre.

Una obra plástica: La piedra Excalibur. En realidad, es un bifaz de color rojizo hallado en la Sima de los Huesos, Atapuerca, una herramienta prehistórica de piedra, perfectamente tallada y simétrica, que apareció en un contexto muy probablemente ritual. Está expuesta en el Museo de la Evolución Humana como un objeto enigmático. Lo que me interesa no es solo su antigüedad, sino el misterio que la rodea: que alguien, hace cientos de miles de años, dedicara tiempo y precisión a crear algo que parece exceder lo meramente utilitario.

 

 

  1. ¿Qué esperas aportar como miembro/a de la Asociación de Escritores y Escritoras de Asturias?

 

Espero aportar lo que soy, como en todo, porque no puedo aportar otra cosa: simplemente lo que soy y lo que buenamente hago. Sobre todo, pretendo aportar unas buenas orejas que escuchen, porque para eso tenemos dos y las mías son bien grandes. Egoístamente, pretendo seguir aprendiendo y reivindicando la importancia de la inocencia.

 

 

Breve currículum literario:

Yeray-Bosco Morís Vega, de veintiún años, es estudiante de la Escuela Superior de Arte Dramático del Principado de Asturias y desarrolla su trabajo entre la escritura, la creación escénica y la investigación teatral. Ha participado, entre otros, en recitales de poesía como el de la Playa de la Ñora, el VIII Recital de Les Cuerries y el de inauguración de la Plaza de la Poesía de Villaviciosa, y ha publicado poesías en asturiano en el nº 20 de la revista Formientu.

En 2025, sus poesías fueron escenificadas en la residencia artística Al otro lado, en Laboral Centro de Arte y Creación Industrial, en una propuesta que exploraba la escucha a través de auriculares. Ese mismo año estrenó El padre invisible, una obra del absurdo sobre la existencia y el problema de la pérdida de la fe, que escribe, produce y dirige. Paralelamente, forma parte de la compañía Escena Contingente y compagina su labor creativa con la pedagogía teatral en la Academia Emilio Méndez.

 

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