Jacob y el ángel o el credo poético sostenible de José Luis Rey. Por Lauren García (06/06/2011).

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José Luis Rey  
Jacob y el ángel (La poética de la víspera)
Devenir, 2010
96 páginas
15 euros
 
 

Es José Luis Rey (Puente Genil, Córdoba, 1973) una voz indiscutible y premiada en la poesía española contemporánea. Libros como Barroco, La luz y la palabra y La familia nórdica ratifican a un poeta cuyo dominio del lenguaje erige una palabra natural y bella. Recientemente ha publicado el ensayo Jacob y el ángel (La poética de la víspera), todo un credo poético de una manera de tratar al verso y de concebir el oficio meditativo de acentuar las metáforas.

Desde la introducción José Luis Rey manifiesta su fe grande en la poesía, lo que le impulsa a una negación que se reconvierte en duda para mirar alto con el lenguaje. Se reclama la anulación de un silencio al que el poeta se enfrenta como a un enemigo que acorrala la misma vida; pretensión que da cuerpo al verso, que corre hacia un paraíso que es una consabida meta final donde aparece Jacob: “Yo quiero cantar allí donde el lenguaje acaba. Yo quiero hablar allí donde se deja de hablar”. Para el poeta cordobés los pesados lastres del lenguaje han de caer como un desquite que llega con los años. Se refiere al sentido de la poesía frente al tremendo vacío del ser humano: “el hombre lleno de sí murmura palabras de hipo y hartazgo”; la propia injusticia humana debe remedarse con el acto poético, que se infla de tesón al conocer. Igual que en un poema de Emily Dickinson los versos se atreven a retar a la muerte y sus cotas totalitarias.

Las diversas teorías que encauzan el libro se hilvanan con ejemplos de poetas como Juan Ramón Jiménez para ser rematadas con frases sentenciosas: “la poesía es el exorcismo del lenguaje. En Jacob y el ángel se aprecia la condición del poeta con una perspectiva larga y encorajinada; el destino del escritor radica en un enfrentamiento con las avaras tinieblas de la existencia igual que en una súbita iluminación de Rimbaud. El verso es una herramienta contra el estancamiento y la monotonía: “la poesía es el gigantesco esfuerzo de la realidad por ser algo más que el lenguaje”. Hay una intención preclara de rebasar la palabra “porque también es necesaria la terrible belleza”; el sobrecogimiento que golpea el alma para derrotar el silencio para situarse “en una zarza ardiente en la que culminan todos los lenguajes”. Ha de optarse al paraíso bienhallado como en el verso de Rimbaud: “al amanecer entraremos en las espléndidas ciudades”. Rey alude a la conciencia del poeta para contrarrestar el abigarrado silencio metafísico del lenguaje: la única medicina y tabla de salvación posible frente al poder omnímodo de la muerte. La poesía tiene el poder de invadir la realidad en contraposición a la utilidad y al mero decoro. Uno de los poetas de cabecera del libro es Mallarmé, que figura con el innegable recurso de poseer “un tizón, otra vez de la palabra que conservamos, un tizón superior sin duda, pues ardió en el sueño de la poesía, pero que una vez quemado, tal vez no pueda nunca iluminar la sombra”.

José Luis Rey constata lo inaprensible del lenguaje para dejar que ese ángel huya, la rigidez de la muerte no deja otra alternativa: “yo no amé la luz por ser luz, sino por caer sobre mi víspera oscura”. Jacob y el ángel cita a Juan Ramón Jiménez, que logra después de muchas etapas su verdadero fluir poético reconocido en “la fusión de esencia y sustancia”. En el ensayo se muestra la poesía como una renuncia voluntaria como Rimbaud: “el precio de la poesía tal vez sea convertirse en nadie”. Rey cita la necesidad de amar la víspera, lo efímero que se nos ha dado y que se desprenderá de nosotros. Ese peregrinaje poético que ha de resplandecer hasta en las cosas más humildes rebelándose contra lo cotidiano y mediocre como se aprecia en los versos de César Vallejo. El escritor cordobés defiende la ironía como respuesta a que la categoría poética no ha de estar siempre de la mano de la solemnidad. Se proclama la mística de la poesía derribando el muro del lenguaje; el verso es respuesta válida y contundente.

Todo será quedar ante las puertas y aguardar que la poesía se encarne como meta última y proclive al hombre antes de que se desvele la pregunta radical e indescifrable que atenaza al hombre, como señalan los versos de José Luis Rey: “cisnes en llamas persiguiendo al ángel”. Es Jacob y el ángel testimonio de la palabra de un escritor cuyos versos son lienzos que tienden hacia la belleza. 

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