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XXV Jornadas Literarias. La función social de la literatura

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Para celebrar los XXV años de la AEA, hubo actos en Oviedo y en Pravia, donde nos reunimos todos los otoños.

La presentación comenzó el 29 de octubre en el Aula Magna del edificio histórico de la Universidad de Oviedo, con la asistencia de representantes de la propia universidad, del gobierno regional, del ayuntamiento de Pravia y de la AEA.

 

 

 

 

El viernes, 7 de noviembre en el Auditorio Casa de Cultura de Pravia hubo un encuentro con los escolares de Pravia y del CRA Bajo Nalón

Por la tarde se extendió en la plaza del rey Silo un tendal de trabajos realizados por los escolares de Pravia y escritores de la AEA

A las 18 horas se celebró una mesa redonda en la Biblioteca de Pravia en torno al tema “El uso educativo de la literatura para formar una ciudadanía crítica”

Una hora más tarde, se inició la mesa redonda titulada “La función social del teatro”

Se cierra la jornada del viernes con la música del dúo Mextura y representación teatral en el Auditorio

El sábado, 8 de noviembre, se inicia la jornada con el título “La literatura al servicio de la sociedad asturiana”. Se abre con las ponencias y el coloquio en torno al tema “la función social de la literatura es las lenguas minoritarias”

Posteriormente, se celebró una mesa redonda sobre “Escribir desde el recuerdo: la preservación de la memoria histórica”

El vermut literario se celebró en la terraza de El Teatrillo con un recital a micrófono abierto:

Después de la comida, nos hicimos la foto reglamentaria

y, de nuevo, en la biblioteca se abrió el mercado de libros recientes de los socios con micropresentaciones 

A las 18,30 tiene lugar la ponencia “Histories que nos xunen: la lliteratura oral como ferranienta de socialización cultural” a cargo de María Esther García López

A las 19,30 se celebra la última mesa redonda con el título: “El poder sanador de la literatura en los colectivos desfavorecidos”

En la velada nocturna Dolfo Camilo amenizó a los comensales de la espicha con su grupo de teatro “El Milagru”

El domingo por la mañana hubo una visita guiada a la iglesia de Santianes

Finalizaron las XXV Jornadas de Literatura en el aula Escalonada del edificio histórico de la Universidad de Oviedo el lunes, 10 de noviembre.

Como colofón, se presentó el libro TINTA INDISTINTA con un recital de varios textos leídos por sus autores

Novela de M. Esther García López

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Prólogo por Aurelio González Ovies

Xiblón, como Camelot o Macondo, no existió, pero existe.

Xiblón, un pueblo apartado y pintoresco con poco más de una treintena de

niños y niñas, es escenario de la nueva entrega de Esther García López. Y

digo pintoresco para empezar estas líneas de manera eufemística, pues en

Xiblón la endogamia no suponía un problema, sino más bien una tradición, una

práctica tan arraigada en aquel paraje como la misa de los domingos, las

esfoyazas del otoño, las guerras entre las familias por el robo de un apero, un

amorío entre cuñados, los lindes de una finca o el desplazamiento de unos

mojones.

Todos en Xiblón podrían presumir de apellidos repetidos siempre que, con

buena habilidad, no se ocultaran o que el aborto, táctica tan primitiva,

interrumpiera el nacimiento de un nuevo descendiente de aquel árbol

genealógico que no era precisamente un roble frondoso, sino más bien un

arbusto con ramas enredadas. Tanto así que los primos o los hermanos más

que interesarse con un ‘¿qué tal?’ deberían preguntarse ‘¿tú a qué revolcón

perteneces?, ¿en qué tenada te engendraron?’. Pues eso, que las cañas del

tronco no crecen para los lados, se enmarañan y se enrollan como una

enredadera de la que no se libra ni el cura ni el sacristán ni los lugareños más

mojigatos, en apariencia.

Xiblón -y repito a propósito el nombre para que se incruste en la memoria del

lector- es una ventana con vistas al desmadre, al descarrío; un territorio de

enredos y de enredadores, donde detrás de cualquier sebe o delante de

cualquier cuadra no es extraño toparse con una escena de sexo entre macho,

hembra o animal, pues tanto monta como montan tantos. Es un auténtico

ámbito de personajes masculinos rudos, nada astutos, a la par que -imagen

muy repetida a lo largo del relato- un nido de víboras, en el más amplio sentido

de la palabra y con todo el veneno que quepa en cada una de sus acepciones.

Primos carnales, primos segundos, primos demasiado segundos, matrimonios

consanguíneos, parientes demasiado cercanos, parientes de hecho y lecho…

Ni ascendentes ni descendientes pierden el tiempo entre faena del campo y la

hora de la siesta, ni de la cocina al hórreo ni de los bailes nocturnos a la vuelta

a casa. Eso bien lo saben las afiladas lenguas que murmuran sin tregua, a

cualquier hora y en cualquier cocina, y los ojos espías que vigilan de continuo

el trajín de los muchos protagonistas de este Menudu putiferiu. Todo es

aparentemente perfecto y todos guardan con celo sus intimidades, o eso fingen

unos y otras, unas y otros.

 

Hablillas, calumnias, malentendidos, cizaña, rencores y venganzas, miradas de

odio y acusaciones de infidelidad, risas y lamentos. Pero, sobremanera,

chismes, chismes que alimentan los secretos, secretos que nutren las

tensiones. Y cuernos, muchos cuernos, cuernos sospechados y cuernos

aceptados como los frixuelos de los convites, el acordeón verbenero o el pan

de cada jornada. Algunos los llevan con dignidad, otros con vergüenza; y no

falta tampoco el que los asimila con humor negro y sonrisa sarcástica. Hay una

cierta pizca de locura campestre en todo cuanto sucede en estas páginas, pero

lo que aquí se narra nos remite a contextos no tan lejanos ni en el tiempo ni en

espacios donde, como en Xiblón, todo se conspira en silencio, todo se sabe y

nada se olvida.

La autora, a través de estas historias cargadas de humor y exageración, no en

pocos casos, retrata aspectos de las dinámicas humanas nada ajenos a la

realidad. Nos magnifica situaciones y actitudes. Nos evidencia tensiones y

desavenencias idénticas: rivalidades familiares, clandestinidad, transgresión e

inercia, conflictos que se convierten en una forma de convivencia. Emociones

humanas, al fin y al cabo. Mezcla entre lo trágico y lo cómico y una forma de

lidiar con las expectativas sociales y las normas tradicionales.

En Xiblón, todo quisqui lleva in ocultis y grita a voces quién cruza la noche o

quiénes gimen entre la hierba; quién, furtivo, se encuentra con qué necesitada;

o qué manfloritos se satisfacen en la espesura de la oscuridad. Las bocas y las

miradas son como el reloj de una torre que marca las 24 horas del día. Y tal

vez, esta falta de privacidad y ese acechar continuo, estimulan esa búsqueda

incesante de escapatorias, tanto al margen de las obligaciones como fuera del

matrimonio. Realidad y Esther convienen en declararnos que todos estos

apaños, en una monotonía cansina y tediosa, son foco de insatisfacción e

impulsa al vecindario a buscar algo, lo que sea, al margen de lo establecido.

 

Cuanto más cerrado es el entorno, quién lo duda, más se abre el abanico del

adulterio y la traición. Y en Xiblón, y en las innumerables parroquias, los

matrimonios no solo se basan en el amor, sino en conveniencias e intereses

económicos. Todo ello es motor de insatisfacción, nos lo atestiguan los de ca

Merín y los de ca Xuanón, Lala de la Riva, Lena y Mina y Paco y Lolo y D.

José, un vecindario que trabaja la tierra, cuida de las bestias, riñe, se acusa,

llora, enzarzado en una enfermiza rutina que se rompe con esas tan frecuentes

aventuras extraconyugales.

En Xiblón, una aldea de trece casas, lo ficticio se mezcla con lo mitológico, la

superstición con la fe, lo humano con lo sobrenatural. De ello nos da buena

cuenta Esther García López, consciente de que folclore y mitología son

 

valiosos contenedores de verdades universales, espejo de creencias y miedos,

deseos y valores. Apego, sacrificio, moralidad, negligencia y maltrato son la

consecuencia de una actuación impulsiva en todas las culturas.

Abundan las escenas en Menudu Putiferiu protagonizadas por espíritus y

diaños, por visiones y leyendas que se transmiten de boca en boca, sea en

velorios o en sextaferias, y que tocan puntos emocionales profundos,

mostrándonos cómo estamos conectados por experiencias comunes. Los

episodios de esta novela, triviales tal vez a primera vista, abordan, sin duda,

cuestiones mucho más transcendentales: la confianza, la lealtad, el respeto, la

identidad… Pero también, con la magia, el drama o la farsa, se nos recuerda

que el poder de la transformación y el cambio está en nuestras manos. La

actitud de estos nombres -Pacho, Florina, Lías, Tresa, D. Pascual…- nos

muestra los que somos y lo que, en determinadas circunstancias, llegamos a

ser, tanto para bien como para mal, lo mejor o lo peor. Son ejemplo de

conflictos que vienen de muy atrás y nunca dejarán de aleccionarnos.

Por otra parte, G. López conoce bien el registro de cuantos platican y profieren

todo tipo de improperios. Descubrirá el lector un amplio repertorio de tacos,

insultos que demarcan el territorio donde discurre la novela, al tiempo que

denotan carácter y defensa verbal. Sonarán fuertes o agresivos, irrespetuosos

o vulgares pero, en cualquier caso, refuerzan diálogos y mensajes sin restar

credibilidad y sirven de guiño de camaradería o de recurso para delimitar

territorio en una conversación. Esther conoce el alcance del lenguaje, sus

expresiones denotan agresividad o desprecio, cercanía o complicidad,

fortalecen lazos y aligeran tensiones. Todo depende del contexto y Xiblón es

un registro de historia, cultura y lengua viva y dialecto.

Estamos, en definitiva, ante un estudio que da noticia de usanzas y valores,

que enfatiza la relación entre el ser humano y la naturaleza, que tanto

denuncia, con sarcasmo y humorada, la cobardía ante muchos

comportamientos, como la valentía de cuantos se las arreglan para sobrevivir a

duras penas, para sobrellevar las penas (o penes) duras. Caracterizan a la

obra estampas costumbristas y tipos caricaturescos -curas, médicos, suegras

mandonas, amos picarones- que desvelan la brutalidad y las miserias de las

zonas más abandonadas y la hipocresía del, hasta hoy, aireado honor rural;

desenmascaran la falsa moral de los que critican y hacen lo mismo.

Y no hay tabú ni rodeos: follar es lo que es; zorrear, de lo más común; a la

promiscuidad, puterío; al puterío, jodienda. Tras unas cenizas, un polvo. Y

punto. ¿Para qué más patrañas? Y de unas tetas, lo más codiciado, semana

tras semana en Xiblón, a una buena cuquina. Alegría al cuerpo y al mundo. De

lunes a sábado, en Xiblón, todo son domingas.

Premio poético para Antonia Álvarez

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Un nuevo galardón para nuestra compañera, la poeta Antonia Álvarez. Enhorabuena.

Presentación de las Jornadas Literarias 2025

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ASOCIACIÓN DE ESCRITORES Y ESCRITORAS DE ASTURIAS (AEA)

29 de octubre de 2025, 18:00 horas Aula Magna Edificio Histórico Universidad de Oviedo

 

18:00-18:30 · Presentación del programa de las XXV Jornadas Literarias de la AEA (7-10 de noviembre de 2025)

Intervienen: Antón García, Director General de Acción Cultural y Normalización Lingüística; David Álvarez Menéndez, Alcalde de Pravia; María Pilar García Cuetos, Vicerrectora de Extensión Universitaria de la Universidad de Oviedo; María Esther García López, presidenta de la AEA; Gonzalo Llamedo Pandiella, profesor de la Universidad de Oviedo.

18:30-20:00 · Presentación: “25 años de la Asociación de Escritores y Escritoras de Asturias.”

Intervienen: María Esther García López, presidenta de la AEA; Aurelio González Ovies, profesor de la Universidad de Oviedo y vicepresidente de la AEA; Armando Murias, ex presidente de la AEA y editor de contenidos de la web: www.escritoresdeasturias.es

 

 

ASOCIACIÓN D’ESCRITORES D’ASTURIES (AEA)

29 d’ochobre de 2025, 18:00 hores Aula Magna Edificiu Históricu Universidá d’Uviéu

18:00-18:30 · Presentación del programa de les XXV Xornaes Lliteraries de l’AEA (7-10 de payares de 2025)

Intervienen: Antón García, Director Xeneral d’Acción Cultural y Normalización Llingüística; David Álvarez Menéndez, Alcalde de Pravia; María Pilar García Cuetos, Vicerrectora d’Estensión Universitaria de la Universidá d’Uviéu; María Esther García López, presidenta de l’AEA; Gonzalo Llamedo Pandiella, profesor de la Universidá d’Uviéu.

18:30-20:00 · Presentación: “25 años de l’Asociación d’escritores d’Asturies”.

Intervienen: María Esther García López, presidenta de l’AEA; Aurelio González Ovies, profesor de la Universidá d’Uviéu y vicepresidente de l’AEA; Armando Murias, ex presidente de l’AEA y editor de conteníos de la web: www.escritoresdeasturias.es

 

Novela de Cristóbal Ruitiña

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Cristóbal Ruitiña acaba de publicar su cuarta novela, la segunda en eonaviego. Titulada El asesino de Sargadelos, y editada por Impronta, recupera el universo de su primera ficción larga en esta lengua, El Batallón Galicia, que salió el año pasado en castellano, después de convertirse en un auténtico best-seller en el Eonavia a partir de su primera edición en 2015.

 

Con estas dos novelas, más los relatos que ha ido publicado en esta lengua a lo largo de los años, Ruitiña se convierte en el mayor prosista de la literatura eonaviega y lo hace, además, con una narración que a partir de un hecho real, el asesinato del marqués de Sargadelos a principios del siglo XIX, viaja del pasado al presente, y del presente al pasado, a partir de anotaciones ocultas en diarios, cartas recién descubiertas y novelas inéditas perdidas en bibliotecas de casas en ruinas.

 

Concebida como una novela de aventuras a la manera de las de Pío Baroja, con protagonistas que se mueven constantemente allá donde les lleva su, en ocasiones, azarosa búsqueda, incorpora también recursos de la llamada novela de ideas dieciochesca para recrear al ambiente de la Ilustración, para hacer llegar al lector los porqués de las reflexiones y las decisiones de entonces en el espacio asturiano y, especialmente, el eonaviego. La narración desarrolla también, especialmente en su último tramo, una atmósfera mucho más cercana a lo que fue el romanticismo, con una mayor presencia de lo sobrenatural y lo fantástico.

 He aquí un resumen de lo que el lector se puede encontrar en su interior, según la contraportada:

 Jaime Souto vuelve a Penafonte para cuidar en sus últimos días a su hija, afectada de una enfermedad rara. Poco después de llegar, descubre una anotación de un escribano grandalés del siglo XVIII sobre el santallés Antonio Raimundo Ibáñez, el marqués de Sargadelos, oficialmente asesinado por un pedrero enfurecido de vecinos en Ribadeo durante los primeros días de la invasión napoleónica.

 Esa anotación también sugiere que, en realidad, pudo haber ocurrido otra cosa. La investigación posterior, además de distraerlo de las duras jornadas con la niña, lo lleva a descubrir una novela de finales del siglo XIX, que contiene también pistas sobre la muerte del marqués de Sargadelos y, además, sobre el posible papel de un anónimo noble burgués llamado Andrés Álvarez San Martín, con quien quizá Jaime Souto comparta algo más que un lejano parentesco.

Entre la novela de aventuras y la novela de ideas, y con momentos de terror gótico, la narración avanza entre diarios, cartas, documentos ocultos en bibliotecas destinadas a arder, papeles en los que parecen aparecer datos desconocidos que dejan entrever que tal vez la Historia, y el papel que el marqués de Sargadelos y los demás personajes tuvieron en ella, no discurrió como hasta ahora nos había sido contada.

Fernando Beltrán es distinguido con un premio

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El periódico “La Nueva España” lo distingue con el galardón “Asturiano del mes”.

Enhorabuena

Fernando Beltrán: «Estoy en la poesía porque creo en su utilidad»
El poeta y nombrador ovetense recibe el galardón de «Asturiano del mes» en la sede
del periódico que «entraba por debajo de la puerta y con el que aprendí a leer»

«Estoy en la poesía porque creo en su utilidad. Era el hijo de ‘nunca llegarás a nada’, hasta que un día escribí un poema y me sentí útil, abrigado. Y salí corriendo a leerlo, a compartirlo. Desde entonces sé que la poesía sirve para acompañar, para salvar, para dar sentido». El poeta ovetense Fernando Beltrán convirtió la entrega del premio «Asturiano
del mes», que concede LA NUEVA ESPAÑA, en un acto tan emotivo como luminoso, arropado por familia y amistades en presencia de Ángeles Rivero, directora general
de LA NUEVA ESPAÑA, y Gonzalo Martínez Peón, director del periódico.
«Además de merecedor incuestionable de este reconocimiento, Fernando es un amigo al que llevamos muchos años acompañando y que siempre nos ha acompañado a nosotros», subrayó Rivero sobre el promotor del Aula de las Metáforas en Grado. «Tenerle hoy aquí es un auténtico placer. Su vida, dedicada a la palabra y a la poesía, es un ejemplo de  generosidad y de talento », añadió. Beltrán es también creador de nombres tan reconocibles como Amena, Rastreator u OpenCor. Rivero celebró que la Real
Academia Española vaya a incluir el término «nombrador» en el Diccionario: «Nos encanta que lo llame así y no ‘namer’. Tenemos un idioma lo bastante rico como para no necesitar préstamos».
Beltrán recibió los tres atributos del premio: una página especial dedicada a su trayectoria, un retrato del dibujante Pablo García y la estatuilla diseñada por el gran artista Legazpi, inspirada en las antiguas estelas asturianas. «Soy un paranoico a la inversa», dijo entre risas. «Siempre creo que los demás están pensando algo bueno de mí. Por eso, cuando recibí la llamada, pensé que sería una felicitación o un premio. Y así fue». El poeta recordó sus raíces ovetenses, «donde nació mi vocación de poeta. Era aquel niño que veía llover y llover desde una ventana de ‘Lloviedo’ –como yo llamaba a la ciudad–, y que aprendió a leer con LA NUEVA ESPAÑA, que entraba por debajo de la puerta, igual que la leche o el pan. Corría con el periódico a enseñarles a mis padres que sabía leer, señalando las palabras con el dedo. Como en ‘Cien años de soledad’, cuando las cosas aún no tenían
nombre y había que señalarlas». Beltrán rememoró sus juegos «en los descampados de Oviedo, cuando los charcos eran porterías», y concluyó con una idea que resume
su forma de ser y estar en el mundo:  «Quien ha jugado al fútbol usando los charcos como postes es poeta para toda la vida».
Para seguir leyendo: pág. 45 de La Nueva España, 21 de octubre de 2025

Filandón en Candás

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Comienza de nuevo el “Filandón” en Candás, una actividad de l’AEA, coordinada por Esther García López que, desde mayo de 2023, se viene celebrando todos los meses.  Del periodo anterior se publicó un libro “Filandón. Candás”, que se presentó en el Centro Polivalente La Baragaña el pasado 24 de junio y recoge varios textos resumen de los temas tratados en este tiempo.

El martes, día 2 de octubre,  se inaugura la nueva etapa.

Poemariu de Gonzalo Llamedo Pandiella

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Gonzalo Llamedo Pandiella ta acabante de publicar el poemariu Los fíos de Bauman: obra n’asturianu reconocida col Premiu “Fernán Coronas” 2022. El poemariu emplega como marcu metafóricu l’imaxinariu sociodiscursivu de la modernidá líquida de Zygmunt Bauman, col envís de representar la dificultá de les xeneraciones del nuestru tiempu pa comprender los cambios globales y p’asumir un paradigma distintu del que conocimos de la mano de les mas y de les güeles.

El poemariu tien dos partes, coles que se predente reflexar que les tresformaciones vienen dándose tanto a nivel social como na vida privada. La primer parte, La Vida líquida, aplica esti imaxinariu baumanianu a la interpretación de dellos recuerdos y vivencies personales del pasáu, mientres que na segunda parte, La Sociedá líquida, el yo poéticu xuega a facer una llectura crítica de dellos aspectos rellacionaos colos procesos de cambéu social, tocando temes como la desinformación, la contaminación o les desigualdaes de xéneru.

Una de les particularidaes del poemariu ye l’amiestu de la instrospeición y de la crítica social col usu de la retranca en dalgunos momentos, llegando a buscar l’absurdu. Trátase d’una manera de representar l’actitú provocadora de Bauman, que buscaba col tremendismu movilizar la xente y qu’evaluaba la realidá social con una mezcla de señardá y esperanza. Esti tratamientu más simpáticu va acompañáu d’una disposición de los versos visual y desenfadada.

 

 “Tinta bajo las uñas” con María Fernández Abril

 

Por David Fueyo

 

Hay personas que escriben como hablan, y otras que escriben como respiran: sin darse cuenta, sin poder evitarlo, como si las palabras brotaran a través de los poros. María Fernández Abril es de estas últimas. Joven y con un currículum brillante, con una poesía con claridad, intensidad y profundidad que puedo alabar de primera mano tras leer en las últimas semanas su poemario Cuentos Tradicionales. Su literatura tiene algo de fondo de piscina, de brazada silenciosa, de esfuerzo que no se nota. Tal vez porque antes de escribir, nadó durante años. Tal vez porque aprendió a mirar el mundo desde lo pequeño, desde la ternura, desde la escucha. Cuando habla de pintura o de sus cafés en Pola con sus abuelos, cuando menciona a Cortázar o a la maravilla que es La fiesta del chivo de Vargas Llosa, uno siente que hay algo más que anécdota: hay un modo de habitar el tiempo. De sus cuentos a sus poemas, María no necesita alzar la voz para dejar huella: escribe con delicadeza, sí, pero también con firmeza. Con la tinta de quien se ha manchado las manos trabajando, enseñando, investigando. Una tinta que no se borra, que se mete bajo las uñas, sino que impregna libros y almas que los leen. Esta conversación, más que una entrevista, es un paseo entre esas huellas.

  1. ¿Qué tendríamos que saber de ti que no tenga nada que ver con la literatura?

Fui nadadora durante diez años, desde los ocho a los dieciocho, y luego un par de años como máster, en el C. D. Manuel Llaneza de Mieres. También asistí a clases de pintura con el pintor mierense Eduardo Seco González. Ahora, voy a la piscina de vez en cuando —aunque mucho menos de lo que me gustaría—, disfruto muchísimo del mar —sobre todo, si está en calma— y sigo pintando en ocasiones, principalmente para hacer regalos. Tengo pocas manías, entre las que se encuentra el tomar una onza de chocolate negro o un bombón con el café solo de la tarde, y los secretos ya se camuflan todos en los libros.

 

  1. ¿Cómo y cuándo supiste que te gustaría dedicarte a escribir?

No fue una decisión consciente. Durante el primer año de tesis doctoral, ante la frustración de no saber todavía qué escribir y ante la pulsión de querer hacerlo, me propuse componer un microrrelato —“Una flor de carbón” se titulaba— para el XII Concurso de Microrrelatos Mineros Manuel Nevado Madrid, que había visto anunciado en el tablón de la Biblioteca Pública de Mieres. Para mi sorpresa, el microrrelato obtuvo una “Mención especial joven”, por lo que apareció publicado en la homónima antología de premiados (Oviedo, Fundación Juan Muñiz Zapico, KRK, 2016). Aunque había sido un mero ejercicio literario, este pequeño reconocimiento me otorgó confianza en la escritura.

Ese mismo año, una tarde en la que estaba tomando un café en casa de mis abuelos en Pola de Lena, mi abuelo Antonio contó una historia de la mina en la que, inmediatamente, supe que había un relato. No obstante, como no podía narrarla en una lengua que no fuera el asturiano, pues habría atentado contra la verosimilitud del cuento y traicionado la lengua de mi fuente oral, tuve que esperar a alfabetizarme en la ortografía y la gramática del asturiano en los cursos de verano de la UABRA para poder escribir esta historia, que volví a enviar al XIV Concurso de Microrrelatos Mineros Manuel Nevado Madrid, donde en esta ocasión obtuvo el Accésit Joven.

A continuación, empecé a detectar destellos de historias que contenían un cuento. De esta manera, surgió el libro de relatos Una línea en la pared (Oviedo, Universidad de Oviedo, 2020), que se alzó con el IX Concurso Literario de la Universidad de Oviedo (modalidad prosa). A partir de entonces, normalicé el escribir también literatura en mi día a día; pues, por mi formación, llevo ya muchos años escribiendo crítica y artículos académicos.

 

 

  1. ¿Cómo definirías tu voz literaria? ¿Crees que ha cambiado mucho desde que empezaste a escribir?

Sí, observo un salto desde Lo que saben los árboles (Oviedo, Trabe, 2023) a Cuentos tradicionales (Madrid, Rialp, 2025), poemario en el que la voz es más fuerte, madura y más consciente del poema que quiere construir. No obstante, desde Una línea en la pared (2020), advierto dos características en mi voz literaria: no manejo florituras retóricas, ya que tiendo a una expresión bastante directa, y, además, trato de impactar o sorprender con los finales.

 

 

 

  1. ¿Qué historia llevas tiempo queriendo contar, pero aún no te has atrevido a escribir?

Tengo ganas de escribir unas historias de posguerra, que estén basadas en anécdotas referidas por mis abuelos o por otras fuentes cercanas y que, aunque consistan en relatos independientes, se relacionen de un modo similar al de los capítulos de Los girasoles ciegos (2004) de Alberto Méndez.

 

  1. Si tuvieras que recomendar tres obras clave de la literatura para los lectores de LITERARIAS, ¿cuáles elegirías y por qué?

Las obras clave de la literatura son aquellas que configuran el canon de las letras universales. En ese sentido, huelga decir que habría que leer todos los clásicos y que, de entre ellos, el Quijote representa la máxima grandeza literaria. No obstante, voy a mencionar otras dos obras que me han influido especialmente: como cuentista y como investigadora, Final del juego (1964) de Julio Cortázar y, como poeta, la Antología bilingüe (Alianza Editorial) de Emily Dickinson.

En el curso 2012-2013, año del quincuagésimo aniversario de Rayuela (1963), tuve la suerte de estar de Erasmus en París y de empaparme de Cortázar en dos asignaturas monográficas impartidas en La Sorbona. Al curso siguiente, bajo la dirección de Eduardo San José Vázquez, que luego sería mi director de tesis, realicé el trabajo de fin de grado sobre Final del juego (1964), que presenté luego en un congreso de jóvenes investigadores en la Universidad Eötvös Loránd de Budapest. Aparte de descubrir que me encantaba la investigación, fui interiorizando algunos aspectos del cuento.

Por otro lado, siempre profesé cierto respeto a la poesía, ya que me veía incapaz de escribir un poema. Sin embargo, en el curso 2026-2017, estuve de Teaching Assistant en la Universidad de Massachusetts, en Amherst, pueblo natal de Emily Dickinson. Allí, entre el fall foliage de Nueva Inglaterra, me sumergí en la voz intimista de la autora y, gracias a esto, surgió el primer poema de Lo que saben los árboles (2023), titulado “Cementeriu d’Amherst, Massachusetts”.

 

 

  1. ¿Qué obra ya publicada por otro autor o autora te hubiese gustado firmar?

Puestos a pedir, ¿un éxito rotundo de crítica y ventas que te lleve directo al Nobel como La fiesta del chivo (2000) de Mario Vargas Llosa? Es broma. Aunque, sin alejarnos demasiado del Boom, todavía el año pasado volví a leer Pedro Páramo (1955) de Juan Rulfo para el curso de literatura hispanoamericana que imparto en la UNED Sénior y me volví a maravillar por la simplicidad de la idea —un hombre que regresa a buscar a su padre a una ciudad fantasma— y por su ejecución tan magistral, ya que se trata de una novela corta, presentada a modo de escenas y con notables saltos temporales. Qué privilegio sería construir algo así.

De las letras actuales, me habría gustado firmar una novela negra como la Crónica de la lluz y la solombra (Uviéu, Trabe, 2015) de Antón García, recientemente traducida al castellano en Pez de Plata (2025); un mundo poético lleno de mito y magia como el Nonú (Barcelona, La Bella Varsovia, 2025) de Laura Ramos; o un relato existencial, lleno de humor, como La uruguaya (Barcelona, Libros del Asteroide, 2016) de Pedro Mairal, que se alzó con el Tigre Juan ese mismo año.

 

  1. Piensa en ti como escritor o escritora dentro de diez años, ¿cómo te ves en ese no tan lejano dos mil treinta y cinco?

Espero que ni se me vaya la inspiración ni tampoco las ganas de sentarme a escribir.

 

  1. Si pudieras inventar una herramienta literaria imposible, ¿qué maravilla aportarías al oficio de escribir?

Un atrapadestellos. Muchas veces, los escritores vislumbramos una idea, como si de una estrella fugaz en el cielo se tratara, pero en un momento poco consciente —puede ser en la duermevela— o en un instante en el que, por las razones que sean, no puedes apuntarla; así que ese destello se va, se te esfuma de la memoria. El atrapadestellos la preservaría para ti, para poder trabajarla más tarde.

 

  1. Recomiéndanos una película, una canción y una obra de arte plástico.

Siempre me resulta muy complicado responder a este tipo de preguntas, pues es muy difícil elegir una película, una canción o un cuadro de entre todas las grandes películas, canciones y obras de arte que existen. Además, me suele dar hasta apuro, ya que mis gustos son bastante mainstream.

Dicho esto, de películas, me gustaría recomendar la trilogía de Richard Linklater: Before sunrise (1995), Before sunset (2003), Beforme midnight (2011), si bien mi favorita es la segunda. En cuanto a canciones, algo que me pone los pelos de punta es la armónica con la que Bruce Springsteen arranca “The river” (1980).  Por último, para el arte plástico, si bien la primera vez que experimenté el síndrome de Stendhal fue con La libertad guiando al pueblo (1830) de Delacroix, yo soy mucho de los movimientos artísticos finiseculares —me seduce todo Van Gogh o Monet, cuyas Nymphéas expuestas en L’Orangerie me parecen impresionantes—, así como de las vanguardias —me encantó la exposición de María Blanchard que vi el verano pasado en el Museo Picasso de Málaga, por ejemplo—.

 

 

  1. ¿Qué esperas aportar como miembro/a de la Asociación de Escritores y Escritoras de Asturias?

Es un orgullo pasar a formar parte de esa red tejida entre todos los escritores asturianos. Aparte de mi voz literaria, pues cada miembro posee una mirada propia, espero realizar aportaciones más pragmáticas, como participar en aquellas actividades literarias que la Asociación de Escritores y Escritoras de Asturias organice.

 

Breve currículum literario:

María Fernández Abril (Mieres, 1992) es doctora en Investigaciones Humanísticas por la Universidad de Oviedo, con una tesis doctoral que, titulada América en Feijoo y Feijoo en América, versa sobre el tratamiento que Benito Jerónimo Feijoo le dio al tema americano y sobre la recepción de sus ideas ilustradas en la América del siglo XVIII. Ha participado en varios congresos nacionales e internacionales, es autora de varias publicaciones científicas, ha impartido sesiones en cursos de extensión universitaria, ha realizado estancias de investigación en centros extranjeros (Universidad Nacional Autónoma de México, Université de Toulouse II-Jean Jaurès y University of Warwick) y, en el curso 2016-2017, fue Teaching Assistant en la University of Massachusetts- Amherst. Actualmente, es profesora de Enseñanza Secundaria en el IES El Batán, de Mieres, e imparte uno de los cursos semestrales de la UNED Sénior.

Es autora del libro relatos Una línea en la pared (Oviedo, Universidad de Oviedo, 2020) con el que ganó el IX Concurso Literario de la Universidad de Oviedo (modalidad prosa), del poemario Lo que saben los árboles (Oviedo, Trabe, 2023), galardonado con el Premio Asturias Joven de Poesía 2022; y del poemario Cuentos tradicionales (Madrid, Rialp, 2025) con el que obtuvo un accésit en el Premio Adonáis 2024. Ha sido en dos ocasiones jurado del Certamen de Relato Corto Eugenio Carbajal del Ayuntamiento de Mieres, del Premio Máximo Fuertes Acevedo de Ensayo y del I Premiu Muyer de Narraciones Trabe. Colabora regularmente con Anáfora, Revista de Lliteratura y Formientu.