Cartas de amor de una monja portuguesa, una historia que no fue, pero que sí es, por Ángel García Prieto. 13/06/2010

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CARTAS DE AMOR DE UNA MONJA PORTUGUESA,
UNA HISTORIA QUE NO FUE, PERO QUE SÍ ES.
 
Beja —“rainha da planície”, reina de la llanura— es una acogedora ciudad portuguesa, capital en la región del Alentejo Baixo. Llena de atractivos, parece consciente de su linaje romano y visigótico y desciende lentamente desde la cima de una colina coronada por la imponente y muy elegante Torre de Menagem de su castillo medieval. Al pasear por sus tranquilas calles peatonales, salen al encuentro unos cuantos edificios religiosos y civiles importantes y bellos, que tienen su origen artístico entre el manuelino y el barroco. Destaca sobre ellos el Mosteiro da Conceição, hoy Museu da Rainha, con un rico mobiliario, pinturas, blasones, esculturas, orfebrería y tapices, además de un bello claustro y una sala capitular con vivos frescos y azulejos.
En aquel ambiente cabe recordar la anécdota literaria de la entonces escandalosa publicación de las Cartas de amor de una monja portuguesa, un escrito que fue editado por primera vez en Francia en 1669 y que ha sido traducido, se ha publicado y se sigue reeditando hasta la actualidad. Su legendaria historia literaria habla de que una monja de ese monasterio escribió cinco cartas de amor y despecho a quien luego sería Conde de Chamilly, que durante unos años estuvo destacado en esa ciudad lusa, como oficial de las tropas francesas que ayudaron a Portugal en su guerra contra España. La religiosa de clausura a la que algunos atribuyen las cartas sería Mariana  de Alcoforado, que había nacido en Beja en 1640 y murió a los ochenta y dos años en el mismo convento alentejano.
Personajes como Rousseau y Rilke se pronunciaron en contra de esa autoría, el primero opinaba que las cartas habían sido escritas por un hombre, el poeta alemán pensaba que gran parte del contenido de los escritos eran más cercanos al estilo de una Marquesa de Sévigné que de una joven alentejana, monja por demás. Y muchos otros, entre los que se citan a los profesores Rougeot y Deloffre, han defendido la tesis de que estas cartas fueron un juego literario del diplomático y secretario de cámara de Luis XIV, Gabriel Guilleragues  —primer editor del manuscrito en francés; el pretendido origina en portugués nunca se encontró— aunque tuviesen como protagonistas a personajes reales del lugar y el tiempo. Y ahora ya parece claro que las cartas fueron escritas, en efecto, por este autor francés.
Quizá por eso, al visitar el monasterio-museo, nadie ni nada hace énfasis en esos legendarios amores. Es posible que los vecinos de Beja tengan motivos para deshacer malentendidos sobre hechos que, de ser ciertos, reflejarían de su paisana que habría sido una religiosa frágil y además una desdeñable amante que no salió nunca de detrás de la reja claustral. Y aunque resulta más romántica y novelística la ficción, sin embargo la realidad es la de una monja fiel a sus votos y de conducta coherente y ejemplar, que incluso llegó a ser la superiora del convento durante unos años. A la antología literaria pasó una historia inventada, pero la historia de amor más bella no es aquella que en realidad no fue, si no ésta que aún es, la de su eterno amor fiel a Dios.
 
 
Créditos de las fotografías:
 

“Alentejo: Campo Verde, camino de Beja”, Forcastro (2008)
“Retrato del Caballero de Chamilly”, Victor Couto (2009)
“Castillo de Beja”, Georges Jansoone (2006)
“Entrada al Museu da Rainha D. Leonor”, Georges Jansoone (2006)

 

 

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