Las manos pequeñas de Andrés Barba. Por Herme G. Donis. 27/03/2009

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Las manos pequeñas

Andrés Barba

Anagrama, Barcelona, 2008

El joven madrileño Andrés Barba (1975), después de la publicación de libros como La recta intención, Ahora tocad música de baile y Versiones de Teresa, todos ellos con excelente acogida por parte de la crítica, publica ahora Las manos pequeñas, una novela corta en donde el autor nos ofrece una historia poco complaciente que gira entorno a ese mundo de la infancia tantas veces exaltado como la verdadera patria del hombre, pero no siempre lleno de juegos felices.

 Las manos pequeñas, heredera -salvando importantes distancias- de obras como Otra vuelta de tuerca, de Henry James, Los cuchillos de Midwich, de John Wyndham, de algunos relatos de Stoker como Las almas gemelas o, para quedarnos en casa, de la novela de Juan José Plans El juego de los niños (llevada al cine en 1976 por Narciso Ibáñez Serrador con el título de ¿Quién puede matar a un niño?) nos pone en antecedentes de algo que no por sabido deja de impresionarnos: la demostración de que el alma candorosa de un niño puede albergar una gran dosis de maldad y de violencia

Marina, la protagonista de Las manos pequeñas, a los siete años pierde a sus padres en un accidente de tráfico. Sin familiares que se puedan hacer cargo de ella, es trasladada a un orfanato. De la mano de una muñeca “densa y pequeña”, la niña es encerrada en un ambiente hostil en el que enseguida va a verse envuelta en sentimientos tan ambivalentes como son la admiración y el rechazo que su actitud solitaria y aparentemente autosuficiente, provocará en sus compañeras.

El libro, escrito de una forma seca, sin símbolos, hermética y sin ningún intento de justificación del mal –cosas que contribuyen a dar a la novela un enfoque que la salva de lo ya conocido- es  narrado por boca de Marina y por una segunda voz desconocida, pero que bien podría ser la de todas las niñas que envidiaron las historias vividas por Marina fuera de los muros del orfanato y se sometieron al juego diabólico impuesto por ésta.

Indudablemente, Las manos pequeñas no es la novela imprescindible que muchos críticos de campanillas tendrán que hacer ver, presionados quizá por la fuerza de las editoriales, pero las ciento ocho páginas por las que se desarrolla esta historia de amor y odio provocados por sentimientos no comprendidos, se leen con interés . Andrés Barba, en otra vuelta más de rosca, nos sumerge con maestría en la desconcertante vida infantil siempre llena de luces y de sombras y nos hace ver que los niños, en su núcleo pequeño de extrañezas, pueden llegar a ser tan peligrosos como los adultos.

 

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