Vuelve Leonardo Sciascia. Por Ángel García Prieto. 20/03/2009.

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 Aunque se pueda decir que desde hace décadas siempre estuvo presente, ahora se vuelven a reeditarse sus novelas.

EL DÍA DE LA LECHUZA (Il giorno della civetta)

            Ed. Tusquetes, Barcelona, 2008. 147 páginas.

 

A CADA CUAL, LO SUYO (A ciascuno il suo)

            Ed. Tusquets. Barcelona, 2009, 156 páginas.

  

Leonardo Sciascia es un autor siciliano (Racalmuto, 1921 – Milán, 1989) considerado como un clásico del s. XX. Tiene publicadas en español una quincena de novelas, entre las que se podrían destacar El día de la lechuza, El Consejo de Egipto, El caballero y la muerte, Puertas abiertas, El contexto, La bruja y el capitán o La desaparición de Majorana. Fue maestro durante unos años en su tierra natal, hasta que comienza a dedicarse al periodismo y a la narrativa. Comprometido por sus ideas políticas, su obra le sirve para denunciar el abuso de poder y por eso el talante de su narrativa muchas veces se mueve en el ámbito de lo histórico. Una gran parte de su creación literaria se desarrolla en la Sicilia de la posguerra, donde la mafia, con su peculiar actividad y proyección social, se hace el eje de algunos de sus argumentos. Además de criticar el peculiar ambiente social y la conducta de un pueblo rendido ante los abusos del poder dominante, Sciascia no pierde oportunidad para hacerlo desde una actitud política de izquierda, con protagonistas que llevan la fama de comunistas, aunque tampoco se alinean en el partido, al que con frecuencia también reprueba. En algunas novelas generaliza con un prototipo de caciques a la derecha política – y en los eclesiásticos que allí se arriman – y le proyecta ese poder opresor, de injusticia manifiesta y flagrante, de doble moral y de hipocresía como sistema de relación social.

 El día de la lechuza, es una nueva traducción de Il giorno de la civetta, que la misma editorial Tusquets había publicado hace más de diez años. Su historia es la del asesinato de un pequeño constructor siciliano del pueblo S., al que tirotean una mañana cuando se disponía a subirse al autobús de línea a Palermo. Los pasajeros del transporte dicen no haber visto nada, pero además el tema se complica porque unas horas más tarde una mujer denuncia la desaparición de su marido, un campesino podador. Poco a poco se va extendiendo la trama, mientras el capitán de carabineros Bellodi – antiguo expartisano, que procede de Parma, y por lo tanto es “continental” y ajeno a la peculiar dinámica social siciliana de posguerra – se empeña en el rigor de una investigación sujeta a la profesionalidad y los ideales de verdadera justicia, a pesar de las dificultades que se derivan de la implicación política y económica de un entramado que parece salpicar a altas instancias.

 La novela está muy bien planteada, tiene una tensión de fondo y de forma literaria, los personajes y situaciones – que son propios y suficientes para una novela corta y ágil – responden al realismo y el tema apunta amplitud, interés y profundidad. De modo que se dan suficientes ingredientes para una novela que dice mucho en pocas páginas y lo dice muy bien.

 A cada cual, lo suyo es una de sus primeras novelas, escrita en 1963, que se sitúan en esta línea comentada. En un pueblo de Sicilia, tras llegarle por correo un anónimo al farmacéutico, es asesinado durante una jornada de caza junto a otra víctima, el respetado médico Roscio. La policía no parece aclararse en la investigación, pero el profesor de secundaria Laurana, culto y considerado por sus vecinos comunista – aunque más bien es un liberal radical, como lo fue el propio Sciascia – se había fijado que la misiva amenazadora estaba escrita con recortes del diario católico L’Osservatore Romano, pues su logotipo con la frase Uniquique suum – “A cada cual, lo suyo” – figuraba en el reverso del texto. Laurana se va involucrando en una investigación hasta protagonizar la historia de esta novela, irónica hasta el sarcasmo, que sin embargo no pierde un aire de humor para diluir su fondo agrio y dramático y llegar incluso a escenas que rozan el sainete, cuando los contertulios del casino entre juegos de palabras eróticos acaban de analizar hipócritamente las conductas y deseos ocultos de sus paisanos.

 Es, quizá, una novela que deriva y fuerza las situaciones demasiado, con su carga ideológica; mejorada por otras posteriores, como son las citadas al principio.

 

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