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El XVI Premio de las Letras de Asturias es para Amelia Valcárcel

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La Junta Directiva de la Asociación de Escritores y Escritoras de Asturias, reunida el pasado día 2 de noviembre de 2021, acuerda por unanimidad conceder el  XVI Premio de las Letras de Asturias a la filósofa y escritora Amelia Valcárcel.

 

Amelia Valcárcel, catedrática emérita de Filosofía Moral y Política de la UNED y autora de numerosas publicaciones de prestigio traducidas a varios idiomas, además de una brillante trayectoria académica y de los muchos y altos nombramientos, su valentía y su actitud combativa, rompedora siempre y comprometida, sin tregua, con el feminismo de la igualdad y todos sus derechos, un feminismo nunca entendido como inquisitorial, sino como tradición de lucha pacífica. Y reconoce que tanto su nombre, su pensamiento y su dialéctica directa y sin tabúes, traspasan fronteras y generaciones. Figura clave de la Cultura y de las Humanidades, a la par que reivindicativa, apuesta, desde un principio, por la paz, la integración, la tolerancia y la postmodernidad y defiende que ningún individuo de la especie humana ha de ser excluido de cualquier bien y de ningún derecho a causa de su sexo, pues ser feminista es otra cosa: es pensar normativamente como si el sexo no existiera.

Así mismo la Junta Directiva acuerda  otorgar una mención especial a los escritores (socios) fallecidos este año: Xosé Bolado y José Herrero.

Felicitaciones

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Antonia

Nuestra felicitación a dos compañeras recientemente galardonadas por sus poemarios.

Antonia
Antonia Álvarez Álvarez
Marisa López Diz

Antonia Álvarez Álvarez ganó el Premio de Poesía Enrique Rius Zunón en Calasparra y Marisa López Diz el Premio Cálamo de Poesía Erótica en Gijón

UN PANEGÍRICO  A  LOS  BUENOS  LIBREROS  “LA  PEQUEÑA  LIBRERÍA  DE  STEFAN ZWEIG”

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 Por Ángel García Prieto 

La pequeña librería de Stefan Zweig es una también pequeña novela, escrita con un estilo muy sencillo, que se basa en la anécdota histórica de la presencia del famoso escritor austriaco en las calles de Vigo el día 10 de agosto de 1936, cuando aquella ciudad comenzaba a considerase una población de retaguardia en la España “nacional” de la guerra civil, recién comenzada. Stefan Zweig viajaba con su esposa en el transatlántico Alcántara, que había partido de Inglaterra y hacía una escala técnica de unas horas en su viaje a Brasil. En su callejeo por la ciudad gallega entra en una librería y comienza a charlar con su propietario, Ramón, sobre libros, la situación política que comenzaba a plantear el nazismo, la guerra española y la situación de Europa. Se alargan y llegan a entablar una relación de amistad, que se mantendrá hasta la muerte del escritor, seis años más tarde. Ramón un día cuenta pormenorizadamente a sus nietos aquellas conversaciones de la librería y surge este relato.

Su autor, Francisco Uría, es un alicantino, doctor en Derecho, Abogado de Estado-excedente que ha ocupado cargos importantes en la administración pública española, en la Asociación de la Banca y desde 2010 forma parte de la corporación internacional KPMG para el desarrollo económico. Es autor de publicaciones en el ámbito financiero y esta pequeña obra es su primera publicación literaria.

En la historia de La pequeña librería de Stefan Zweig caben muchas consideraciones sobre la literatura, los libreros y los autores, las guerras, la política, las ideologías y los sentimientos y anhelos de unos y otros. Siempre en un tono que intenta conciliar, buscar la esperanza, aunque no se esconde la tensión y lo dramático de una situación, en la que la guerra mundial en ciernes y el suicido del escritor son algunos de los hilos principales que forman el tapiz de la novela.

La trama está bien urdida, los pocos personajes que la viven son creíbles y la ambientación conseguida. Se mantiene una tensión narrativa en todo momento y la sencillez de la narración es casi proverbial. En definitiva, una novela interesante, que vale la pena y que es además un panegírico a los buenos autores y a los buenos libreros.

 

Ampliación del plazo para el premio de columnismo literario

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La Asociación de Escritores de Asturias amplía el plazo hasta el 30 de noviembre para la presentación de candidaturas que quieran optar al XXI Premio de la Crítica de Asturias en la modalidad de Columna periodística

COLUMNA PERIODÍSTICA

 Presentación de candidaturas.

  Las candidaturas se enviarán mediante un archivo en formato electrónico con la selección de la columna o conjunto de columnas, escritas en castellano o en asturiano, que hayan sido publicadas en cualquier periódico o revista, durante el año 2020 y cuyo autor haya nacido o resida en Asturias, indicando el autor, género, el medio y la fecha en que se publicó. Se valorará la calidad literaria del escrito y la trayectoria  del articulista.  Las candidaturas pueden ser enviadas por cualquier persona o entidad.

No se podrán presentar a ninguno de los premios los autores que lo hayan recibido  durante las tres últimas convocatorias.

  1. Plazos

Cada candidatura propuesta será remitida antes del 30 de noviembre  de 2021, a asociacionescritoresdeasturias@gmail.com

2.- Jurado

En la modalidad de columna periodística, el Jurado estará compuesto por los miembros de la Junta Directiva de la Asociación de Escritores de Asturias, y/o personas de reconocido prestigio en el ámbito literario o periodístico, nombradas por la misma.

3.- Premio

El ganador recibirá como premio la escultura nombrada Apolo, obra del escultor Jaime Herrero y  un diploma.

 

XXI Jornadas de Literatura en Pravia

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Un año más la Asociación de Escritores de Asturias organiza las XXI Jornadas de Literatura en Pravia durante la primera semana de noviembre.

Programa

EL VIAJERO ALQUIMISTA

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Por Lorenzo Ariza

Hace unos días acabé de leer EL TURISTA PERPLEJO de Ernesto Colsa, “libro de viajes” publicado en la Editorial Pez de Plata. El título se me antoja engañoso, porque a mí me parecen las memorias de un viajero disfrazado de turista, lo que va en contra, según he podido contrastar en las redes, de la opinión del propio autor (en quien sin duda habita un alma viajera), empeñado en desmitificar los viajes y a sus actores. Bueno, allá él.

Lo he pasado bomba, y no es un decir. No esperaba que así fuera, pues no soy aficionado a este género, y menos aún al relato documentalista. Pero Ernesto Colsa, acreedor de ambas virtudes, ha conseguido captarme poco a poco, y página a página se me iba revelando el sutil mensaje que tales virtudes escondían: me adentraba, llevado por un humor contenido y sagaz, en El Viaje a Ninguna Parte, El Viaje Interior, Existencial, el único que en verdad me interesa.

EL TURISTA PERPLEJO es la epopeya de un descreído. El autor inicia sus expediciones, cinco en este libro, con la consigna de no informarse sobre los lugares de destino, buscando aquéllos no catalogados y no frecuentados, sin interés turístico, lugares a los que no son aplicables reclamos comerciales. Esta cuestión me pareció atractiva, aunque no definitiva, pero afronté la lectura y di con un texto rico, impecable, bien escrito, por lo que irremediablemente me vi embarcado en la gesta.

En adelante asistiría a veces hilarante, otras catártico, al deambular del autor. Las delirantes tribulaciones previas a los viajes, los colapsos sufridos a la llegada (hacer en coche dos mil quinientos kilómetros -1996, recién acabada la Guerra de los Balcanes- partiendo de Asturias hasta la frontera albanesa, y no poder entrar en el país por razones por completo prosaicas), pero sobre todo, el zambullirse del viajero, por ejemplo, en la desolación de Chisinau, en una población perdida en la Transnistria moldava, en gélidos lugares donde no hay nada que hacer (con suerte encontrar un bar donde cocerse) ni ver, excepto avenidas nocturnas, vacías y deslucidas y vallas publicitarias, desamparados bloques de hormigón de la era soviética, planicies desérticas por las que el coche avanza hasta la extenuación, llegando por fin a la famosa Roca Uluru (magnífico el capítulo australiano, mi favorito) donde el autor experimenta una suerte de epifanía contemplativa…

Y he aquí, para mí, el gran atractivo de estos “relatos”, pues en mi opinión tienen carácter de tales: el viajero tranquilo (no siempre, claro) que parte en busca de su íntima mitología (viajes que siempre, desde niño o jovencito, había querido hacer) y que encuentre lo que encuentre acaba saboreando, muchas veces en condiciones lamentables, miserables, absurdas (confinado en un hotel de Pionyang durante un día entero a causa de un soponcio que por suerte lo libra de la “visita a la fábrica de tapones de corcho”), porque de pronto sufre una transmutación, y así todo acaba recomponiéndose antes o después, para su goce, para conectar (paisajes y situaciones) con ese espíritu infantil o juvenil de los tiempos en los que esos lugares eran pura quimera. ¿Cómo es posible que de lo más trivial, falto de interés a todas luces (paisajes, insustanciales interiores, situaciones intrascendentes, museos locales de fruslerías, objetos turísticos cutres, tipos como cualquier tipo, costumbres del lugar) el autor acabe, en un riguroso, complejo, admirable ejercicio narrativo y descriptivo, por imbuirnos en una maravillosa aventura que por lo demás muchos de nosotros no emprenderíamos jamás? He aquí el proceso alquímico del viaje y el texto, con efectos mágicos en el autor y en su lector.

Desconocedor de esta literatura, no sé si la de Ernesto Colsa es dentro del género una novedosa propuesta. He llegado a pensar en el viajero romántico, aquel que transitaba por regiones apartadas, ruinosas, nocturnas. Él lo hace, sin aparente propósito y con inteligente humor (aunque nunca solo, al contrario que los románticos o que Peter Handke). Aquello que acontece en sus expediciones es ni más ni menos lo de todos los días, pero concentrado, desbriznado y finalmente transmutado en la aventura. Uno puede viajar sin moverse de la silla o lo puede hacer contra todo pronóstico, no para filmar un exótico o raro documental (no hay ni siquiera rareza en EL TURISTA PERPLEJO), ni para jugarse la vida en solidaridad, sino imbuyéndose en la incomodidad, la incerteza, el extravío, el tiempo sobrante y perdido para por fin, abracadabra, extraer de todo ello el prodigio.

Nuestro compañero Fernando Beltrán gana el Premio Quevedo

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Enhorabuena. El poeta Fernando Beltrán gana la 36ª edición del Premio Quevedo por su poemario “La curación del mundo”. Anteriormente, en 2016, obtuvo el Premio de las Letras de Asturias convocado por la Asociación de Escritores de Asturias.