Manuel Vilas: “El amor a la vida es un dogma en mi literatura”. Por Lauren García (20/07/2011).

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Manuel Vilas es un escritor torrencial que no admite las verdades enmascaradas en la existencia ni en la literatura. El poeta aragonés circula con soltura por los devaneos de la cuerda floja sondeando la gravedad del abismo. Amor. Poesía reunida, 1998-2010 reúne sus libros El Cielo, (2000), Resurrección (2005), XV Premio Jaime Gil de Biedma, y Calor (2008), VI Premio Fray Luis de León”, además de una muestra de sus primeras composiciones y poemas inéditos.

El trazo de la palabra de Vilas no se arruga para buscar la existencia en estado puro como un elixir salvaje en esencia. Su novela Aire nuestro (2009) fue significada por su frescura, originalidad y heterogeneidad. Toda su escritura transporta a una felicidad ebria que paladea el instante, sus versos asienten que “me encanta el flujo venenoso de las cosas y el beso raro de la luna”.  

 

 

—¿Escribe poesía para conocerse y reconocerse? 

 

No, creo que escribo por otros motivos, que tienen que ver con la exaltación de la vida y de la realidad, con el amor, con la existencia que llevamos, pero tal vez haya motivos que desconozco.

 

 —¿Condiciona mucho el factor biográfico su literatura?

Condiciona, sí, pero no creo que sea determinante. Mi vida sale en mis libros, eso es verdad. La opinión de los escritores sobre su obra es solo un punto de vista más. 

 

—¿Ha de tener una buena obra literaria un componente ácido?

No, en absoluto. La libertad de formas y tonos le sienta bien a la literatura, que siempre es plural y multiforme.

 

—Tiene su escritura un principio hedonista muy marcado…

Me gusta la vida. Debemos amar la vida siempre. Imagino que eso se nota mucho en mi literatura, es una especie de dogma interior a mis libros.

 

—¿Es bueno mitificar a los escritores a los que se admira

 Un poco sí. Demasiado puede ser aniquilador.

 

¿Ha de cobrar la literatura utilidad en estos tiempos nefandos?

Sí, por supuesto. La representación crítica de la realidad en un texto literario siempre será de utilidad pública.

 

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