DE SOLDADOS Y GENERALES. 13/04/2009

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«El mundo es la casa de quienes carecen de ella»”, nos dice Shahrázád cada vez que queremos acercarnos a Las mil y una noches. No está nada mal recordarlo, más aún cuando acaba de irse Corín Tellado. Una escritora que no necesitó ningún debate intelectual para situarse —consciente o no— en el lugar de una literatura que bogaba sin ayudas entre el consuelo y la agitación, entre el impulso y el entretenimiento, entre el deseo y la realidad.
 
A estas alturas parece claro que Tellado no será recordada por ninguna obra maestra, ni siquiera dentro del género romántico que tanto abrazó. Y es posible que existan profesores, críticos, estudiantes y lectores que no consideren su trabajo dentro de ese espacio llamado literatura. En realidad esas consideraciones se verán menores o empequeñecidas ante la franqueza de su trabajo cotidiano, ante el resultado que seguramente ninguna campaña oficial ni receta particular a favor de la lectura haya conseguido casi ningún escritor ni administración pública o privada. La inmensa mayoría de lectores no comienza su particular periplo literario a través de obras maestras, sino que lo hace a través de obras catalogadas como menores, de obras populares que poco a poco, en un acto privado de curiosidad y exigencia, les llevarán a adentrarse en los remolinos y repechos de otras aventuras y conocimientos, sin duda cada vez más complejos y también más necesarios y satisfactorios.
 
Pero yerran quienes, aupados por su delirio y a la sombra de derivas e intereses autoritarios inconfesables, creen que la salud de una sociedad puede diagnosticarse también analizando la lista de los libros más vendidos. Agobiados por la urgencia de una realidad velocísima nadie ha reparado en valorar la lista de los libros más apreciados. Seguramente este dato no le interesa a ningún grupo de comunicación ni a ningún representante que mete sus manos artríticas en la política cultural. Parece que hubiera detrás de todos ellos un Gran Hermano que quisiera controlar y ordenar a lectores obedientes en lugar de a lectores libres y críticos. Por esto, ¡cuánto bien harían en volver a llevar a los escritores a las aulas de los colegios e institutos de nuestro país! Y no sólo a los de literatura infantil y juvenil o a los de mayor éxito o conocimiento, sino a muchos más. Corín Tellado, al igual que muchos otros escritores de novela popular, forma parte de ese ejército de soldados humildes que posibilitaron el tránsito de muchos lectores huérfanos y ávidos hacia otras lecturas, hacia otro mundo. Es fácil entonces sustituir el sustantivo de Shahrázáde, porque al fin también ese mundo es a su vez el mundo de la literatura y «la literatura es la casa de quienes carecen de ella». Para ellos escribió Tellado. Y para otros muchos que vendrán, seguirán escribiendo otra legión de escritores. Por fortuna, no todos tienen por qué ser generales. Por una vez, alguien supo ponerse en la primera línea de fuego y cobrar justamente por ello.
Ahora llegarán mas homenajes, más recuerdos y, tal vez, más premios, aunque el tiempo todo lo devore.
 
Las ilustraciones pertenecen a Leticia Ruifernández.

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