El mundo de Luis Buñuel. Por Alejandro Cuesta. 23/01/2009

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Para empezar podemos decir, sin temor a equivocarnos, que la producción cinematográfica de Luis Buñuel, es como una joya rara y exótica dentro del Cine Español. Al pronunciar este aserto, nos basamos en el peso real que ocupa su filmografía. Dentro de las tres etapas o áreas espaciales más clarificadoras de su obra: Española, Mejicana y Francesa, no ha dejado de invadirlo todo con un suave espíritu surrealista. Desde su ya lejano Un perro Andaluz (1.928 ) hasta el sorprendente Ese oscuro objeto del deseo ( 1.977 ), transcurren cincuenta años, y el autor todavía se nos muestra ya en su senilidad, como un juguetón pero fiel surrealista, cuando ya el Movimiento Artístico ha pasado por las consabidas deserciones, hasta llegar a su punto de ruptura. Es pues de remarcar que el aragonés sordo tiene un timbre de curiosidad que se escapa de los postulados de lo corriente, y va por libre en la creación de todo un mundo en imágenes que le ha caracterizado, en la irrupción de una estética – a nuestro juicio -, irrepetible. Porque, seamos sinceros. ¿ Quién podría ser el sucesor de una estilística fílmica como la de Buñuel ? ¿ A quién le ha preocupado tanto el fetichismo sexual, la necrofilia, el onanismo, la ruptura de los tabúes sociales y religiosos ? Y aquí no queda dicho todo, sino que cobra una gran altura con su manera particular de expresarlo en imágenes. Incluso podemos valorar su importancia como documentalista, con su soberbia  Las Hurdes, tierra sin pan ( 1932 ) que sin ánimo de exagerar puede colocarle al nivel de Flaherty , Grierson o Murnau, ya clásicos en estas lides. Todas estas preocupaciones conforman la entereza de un cineasta, que no ha dejado de aventurarse en los más complicados esquemas cinematográficos durante medio siglo.

 

Para muchos, Buñuel  representa unas indignantes cotas de irreverencia, y todo esto porque ha mantenido a lo largo de su trayectoria una postura valiente y sin mojigaterías, para irrumpir muchas veces en la herida abierta de sus fantasmas personales. Se ha paseado por la miseria más intelectual que física, pero no lo ha hecho como un espectador ocioso, ni con la observación del pintoresquismo que considerarían las clases dominantes. Siempre, a nuestro entender, nos ha dado una dimensión bastante exacta del dolor humano ( véase el caso de Los olvidados ( 1.950 ), y por ello se honra con un lugar preferente entre los cineastas sociales. Por otra parte, se incide con frecuencia en su gran preocupación por denigrar sistemáticamente a la Burguesía, pero Buñuel  no sólo ha hecho eso a lo largo de su carrera, sino que la ha utilizado como plataforma de lanzamiento, para poner su dedo detector en otras muchas cosas. Dignos ejemplos de ello serían sus inimitables:  El ángel exterminador (1.962 ), Belle de jour ( 1.966 ) El discreto encanto de la burguesía ( 1.972 ), sin olvidarnos de la inefable  Viridiana ( 1.961 ), en donde se aúnan tanto los condicionantes de clase como los componentes fetichistas y necrófilos, principio y fin de sus obsesiones personales. 
Al incidir de nuevo en sus comienzos, podemos indicar que  Un perro andaluz ( 1.928 ), es como el muelle que le lanza, posteriormente confirmado en  La edad de oro ( 1.930 ), aunque a nuestro juicio aquí todavía no está el Gran Buñuel, la “ rara avis “ apartada del resto del mundo cinematográfico. Nada más que es la subida por estos escalones para hacerse con una especie de dignidad, que sirva como carta de presentación a los Surrealistas, pero todavía no ha elegido un camino decididamente firme y original. El filme triunfa entre estos y provoca el escándalo en su estreno; con  La edad de oro ( 1.930 ), despierta la admiración de los adalides de la Literatura, recibiendo opiniones que le colocan a la altura artística de: Goya, Quevedo, Valle Inclán …, para determinar su paso en la línea negra de lo genuinamente español. Pero puede creerse que aún este esquema es excesivamente rígido para encuadrar su cinematografía, porque su contexto en mucho más universal, y por ello abundan los ejemplos: Ella se llama Aurora ( 1.955 ), La fiebre sube al Pao ( 1.959 ), La joven ( 1.960) …
 
En Buñuel, asistimos a un curioso proceso; sus raíces son íntimas, posesionadas de una educación deformante y estrecha, pero él es un cosmopolita, un gratamente considerado “ciudadano del mundo “, y por ello su expresión artística no puede darse sólo de una vez y atendiendo a un único y localista enclave. Este es quizás el secreto del relativo triunfo de Buñuel; y decimos relativo, porque su Arte no es un relumbrón comúnmente aceptado …, tal vez tengan que venir los reconocimientos oficiales a confirmarlo.
 
En lo tocante a su filme iniciático: Un perro andaluz ( 1.928 ), podemos apuntarnos como nuestras las palabras de Raymond Durgnat, en su libro: “ referentes a los 17 minutos de pura imaginación que nos brinda  Buñuel; una imaginación escandalosa, soñadora; como un torrente de imágenes que pueden conducir a darles un sentido racional que estaba rigurosamente excluido “. Tal es la catadura del filme, en donde todo ocurre con gran precipitación. Se ha sugerido que  Un perro andaluz ( 1.928 ), sólo admitiría una explicación psicoanalítica, aunque no es nada fácil por estar elaborado por dos mentes ( Buñuel-Dalí ), aunque ambas imaginaciones sean muy afines en este momento. Un perro andaluz ( 1.928 ), es el punto de partida de Buñuel, pero se convierte en un producto altamente sugerente que no se acaba en si mismo, y da pie para redondear las iniciales pero aún inmaduras expresiones de un cineasta atípico, que siempre contagia al espectador con un simple y escueto esbozo, contenido en su ya peculiar y multiforme obra, plena de originalidad simbolista. He aquí su fuerza y también su inestimable honestidad.

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