La velocidad absurda de la palabra,. por Santiago Bertault. 18/06/2009.

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Ahora que todo el mundo puede escribir lo que le venga en gana por Internet, hemos de preguntarnos si la democratización de la escritura no conlleva un empobrecimiento de la misma. El hecho de que haya menos barreras y cualquiera con un ordenador con conexión pueda sentirse escritor devalúa probablemente los logros creativos. Se asiste a una multiplicación de blogs de diverso pelaje y se pregunta uno sinceramente qué sentido tiene actualmente sacar un libro en papel. Por supuesto está la posibilidad de ganar dinero publicando a la manera tradicional para un escritor profesional, pero para el resto de garabateadores las opciones se agotan. Tanta saturación de información y tantos escritores en un mundo donde lo que menos se hace es leer.

La literatura ya prácticamente no importa a nadie en la sociedad moderna. Se ha producido una evolución curiosa a lo largo de los siglos. En las civilizaciones antiguas (Grecia, Roma) se consideraba a los escritores seres superiores y muchos de ellos vivían una vida acomodada. Actualmente es difícil poner un ejemplo de un literato que ostente influencia en el terreno político, lo cual lleva a pensar que la cultura de la imagen y el resultadismo han terminado por pudrir los cimientos del conocimiento.
Ante esta coyuntura, sólo queda luchar en solitario y pensar que uno tiene el suficiente criterio para distinguir a un escritor de un juntaletras más o menos ilustrado. Así que cabalguen por blogs e Internet y practiquen el despotismo de la libre opinión. Será igualmente destruida que esos blogs anónimos de cientos de fracasados que buscan su propia autocomplacencia. Debe ser que los psiquiatras andan un poco caros y el papel lo aguanta todo; hasta que los indios de la selva amazónica vengan a por nosotros por joderles tantos árboles.
Y es que ya lo avisó Hemingway: “Mi psicoanalista es mi maquina de escribir”.

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