Reseña de En la media luna, de Ángel de Anleo por Gerardo Lombardero. 15/06/2009.

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En la media luna

Ángel de Anleo  

KRK Ediciones, 2008  

360 páginas

Autor de una extensa saga de novelas, Ángel de Anleo ha elaborado en torno a ellas un complejo mundo de recuerdos y a la vez de vocablos que construyen un paraíso excepcional en la utilización de su peculiar lenguaje. Desde La soledad del muérdago, obra iniciática de su particular saga, hasta la novela que hoy nos ocupa, conforman una familia literaria en la que ésta es la décimo segunda publicada. Todas ellas vienen a revelarnos su diario íntimo, cuyo hilo narrativo es ofrecernos la memoria de un niño republicano, al que el fragor primero y las convulsiones de una guerra civil después, llevaron por los caminos lógicos del horror y la repulsa que sigue a toda contienda.

Ángel de Anleo es casi su nombre verdadero, aunque el apellido real no sea el que ostentan sus libros, ya que Anleo es el pueblo donde nació hace ya muchos años, tantos que no vienen al caso, y que es punto de referencia obligada en toda su narrativa. Este pueblo del occidente astur del cuál es originario, merece ser considerado como uno de los más bonitos de Asturias – a decir en su día de mi padre con machacona reiteración – a tenor de la flora natural y otra no tan natural, que adorna casas y jardines de esa localidad. A parte de eso, es el centro de la órbita literaria en la que se mueve el autor y, epicentro de cualquiera de sus novelas.

En la media luna, nos describe un viaje que parece no tener final, en trenes desvencijados y bañados de la carbonilla de las máquinas de vapor, que emprenden reclutas forzosos conocidos en su día por “la quinta del biberón” a causa de su extrema juventud. De posición en posición, de casamata en casamata, de puesto de centinela a otro puesto de primera línea, entreteje los recuerdos de un soldado casi niño, que ya tiene entonces la precaución de anotar en su pequeño diario no sólo las localidades por las que peregrinan, sino también las vicisitudes propias de su circunstancia guerrera. No es esta una novela de guerra propiamente dicha, es más bien una novela en tiempos de guerra, conformada por los recuerdos, las vicisitudes y las nostalgias, de quien se ve obligado a servir físicamente en las filas opuestas a aquéllas en las que se haya su corazón. Es también una obra repleta de reflexiones casi adolescentes de un protagonista que además de observar el entorno agresivo que lo rodea, sabe entresacar conclusiones de esperanza hacia un futuro, que aunque incierto y lejano, no por eso es menos esperado. Un libro para leer entre otras razones, con la certeza de que obtendremos el consuelo de que el mal no dura siempre e incluso algunos males traen con ellos algo bueno.

 

 

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