Una inquietante Cosecha negra, por José María Ruilópez. 24/04/2013

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Cosecha negra
 
Una inquietante Cosecha negra
 
 
 
Como si de un concierto se tratara, la novela Cosecha negra es el producto de la interpretación literaria a dos manos de Víctor Claudín y Óscar Plasencia. Dos escritores de amplia trayectoria. Madrileño el primero, periodista y escritor, colaborador de El País, Triunfo y Diario 16, ha publicado catorce libros, y siempre ha estado relacionado con la música a través de diferentes instituciones. Y Óscar Plasencia, nacido en Argentina, pero residente en España, es guionista y director de cine, miembro de la Academia europea del cine. Ha sido guionista de Sus ojos se cerraron, dirigida por Jaime Chávarri, Cóndor de plata al mejor guión.  Furtivas, dirigida por Miguel Hermoso, entre otros títulos y premios.
       Cosecha negra, novela de impecable factura publicada por la editorial madrileña Atmósfera literaria, presenta una especie de dueto literario en do mayor. Una  obra que recorre todo ese mundo complejo y plagado de ocultismo en el que se mueven las grandes petroleras internacionales y el poder solapado, y muchas veces ilegal, de los servicios secretos de los países. Un ámbito por el que navegan grandes intereses comerciales y donde la honradez y el bien hacer no suelen ser méritos suficientes que garanticen una vida laboral estable y seria.
      Por ese camino ha divagado la protagonista de Cosecha negra, Amina Hadad Brysons, directora de una petrolera americana en Senegal, que se ve involucrada en un asunto turbio que la conduce a situaciones de maltrato y persecución. Una confabulación entre la gerencia de la petrolera y los servicios secretos americanos que mueven todos sus hilos para encubrir un enorme yacimiento petrolífero en Senegal, y que se alían para explotar los yacimientos existentes en el Ártico, contra toda prevención de los ecologistas y sin mermar fuerzas para pasar por encima de todo aquello que significara oposición a sus planes. «…Nuestros observadores coinciden en señalar el Ártico como la nueva tierra de promisión». De ese modo se explica John Carlyle, presidente de la Petrolear, ante el equipo directivo de su empresa. De esta forma se configura un territorio, hasta ahora virgen, como nuevo escenario especulativo para la extracción de petróleo.
       La novela parte con la explosión de la petrolera Tulsaco Oil Corporation de Dakar.  Un hecho adjudicado al grupo terrorista Al Qaeda, que se lleva por delante al hijo de la directora general, una mujer «de tez morena, con melena corta de un negro brillante, ojos profundos y bellos aunque una pizca alargados y estrechos, lo que le confería un aire entre misterioso y seductor». Una mujer que tiene la suerte de salvarse de aquella explosión, pero que a la larga, se convierte en su desgracia. Porque los servicios secretos se encargan de crear a su alrededor toda una maraña de mentiras para inculparla. Y en este proceso, emplearán a uno de sus esbirros, un tal Basim, para que practique con ella todo tipo de torturas con el fin de conseguir una confesión de su responsabilidad en el sabotaje, cuado ella es inocente y se resiste hasta la extenuación y la locura a entrar en ese juego.
      Leyendo la novela uno no puede abstraerse al recuerdo de aquella crisis del petróleo de los años setenta del siglo XX, después descubierta como falsa y truculenta. Vemos a los personajes de Cosecha negra que se mueven en dos bandos: aquellos que no tiene siquiera prejuicios en utilizar a los grupos terroristas como útiles a su causa especulativa,  y aquellos que se mueven desde la dignidad laboral, la honradez y un cierto rescoldo de ingenuidad, en ese mundo hostil que mueve millones de dólares, que los atosiga, los retrata públicamente como maléficos a base de amenazar a los medios de comunicación, y los acaba llevando al suplicio de modo impune, mientras ellos declaran alegres: «–¡A por Groenlandia! –Todos los presentes aplaudieron encantados.» De ese modo se dirigía John Carlyle a sus directivos y a algunos congresistas norteamericanos. 
       Cosecha negra presenta una trama donde no falta ese impulso tan conservador de cierta sociedad americana que casi todo lo hace en nombre de dios. Que lo mismo se encomienda a dios que al diablo con tal de conseguir sus fines. Una novela que se mueve entre lo inquietante y el enojo que provoca su argumento, donde se mueve la injusticia con total impunidad, desparramando maldad sobre algunos sufridos personajes.
        Una obra literaria sabiamente conducida por sus dos experimentados autores, Víctor Claudín y Óscar Plasencia,  en esa especie de concierto a cuatro manos, en la que, podríamos decir, no se nota la nota particular de cada uno de ellos a la hora de narrar cada episodio de esta intriga, que la editorial Atmósfera Literaria ha sabido aglutinar en un volumen imprescindible para comprender los entresijos  del mundo de la gran empresa, los estados, la ecología y la especulación más deshumanizada.    
 
José María Ruilópez es escritor.
 
 

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