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Para mí también son importantes los lugares. Por Rafael Suárez Plácido.16/01/2009

 

Todo empezó con Peter Handke, como tantas otras veces, con uno de esos libros que siempre me estimulan a confíar en mis sentimientos y en mi experiencia más que en los criterios prefijados por la moda, Pero yo vivo solamente de los intersticios. Decía el escritor austríaco que para él siempre habían sido importantes los lugares y enumeraba los suyos favoritos, en su país o en otros países, también en España. Hacía también un lento recorrido a lo largo de toda su obra. Para mí también son importantes los lugares. Aunque nunca termine de sentirme parte de ellos, hay sitios que me cambian la vida: una playa en Gran Canaria, unos jardines en Sevilla, una plaza en Marrakech, Gijón. Últimamente hay uno en especial que recorro cada día, el que va de las casas donde vivo a Aracena, por la carretera de Alájar. Cada mañana, antes de las ocho, bajas hacia el pueblo y la imagen del castillo es cada día diferente: con el rojo que lo envuelve todo cuando aún no ha amanecido o la niebla densa que te lo va mostrando poco a poco. A veces no te fijas, pero en la mayoría de las ocasiones sí está ahí. Me hace sentir, usando las palabras de Manuel Vicent, que cada mañana bajamos a inaugurar el mundo. Hace ya seis años que habito ese lugar. Las palabras cambian; las expresiones pueden ser diferentes, más o menos maduras, más o menos hermosas; el sentimiento siempre ha sido el mismo.

Como últimamente el insomnio apenas da tregua –algún día hablaremos del insomnio, de las largas noches en el castillo, de cómo se ama más cuando se duerme menos- me asomo a libros, a películas que en su momento me gustaron y siempre me ofrecen algo nuevo. Ayer fue el turno de Smoke, el precioso cuento de cuentos de Wayne Wang, basado en la novela de Paul Auster. En realidad todo se debe a que estoy planteándome dejar de fumar y me preocupa. Cuando se me pasa por la cabeza una idea tan descabellada necesito algo que me disuada y qué mejor que esta historia de fumadores que conversan sin cesar. Harvey Keitel es siempre un seguro y William Hurt, si no sobreactúa, también puede serlo. Hay una escena que ya cas i tenía olvidada: Auggie, el personaje de Keitel, todas las mañanas saca una foto de la esquina donde está su estanco. Es su lugar. Para él también son importantes los lugares. Hace ya varios años que lo hace y le enseña orgulloso los albumes a John —Hurt— que inicialmente pasa las páginas muy rápido. Dice: “Son todas la misma foto”. Auggie le sugiere que las pase más despacio y así John irá viendo que, efectivamente, cada foto le ofrece el mismo lugar, pero también que siempre es diferente: la luz, las personas, algún coche, la música. Sí, también hay música en las imágenes que nacen del alma. Si yo hubiera hecho lo mismo que Auggie estos años, una foto cada día de mi camino, John no habría pensado nunca que se trataba de la misma foto. Y yo solamente hace seis años que lo habito. Los que tienen algo más de experiencia, los más viejos del lugar, ya ni quieren pasar por mi lugar. Les duele demasiado. Han construidos casas horribles a ambos lados de la carretera. He pensado que quizás antes soñaba y el lugar que yo recuerdo nunca fue real, y he recurrido a la Breve guía de lugares imaginarios, de Alberto Manguel, editada por Alianza, pero no, con desolación constato que pasa de la Isla de los Aparecidos al Castillo de la Arboleda de los Fresnos. Se salta Aracena o Aracenilla. Leo un artículo de Juan Bonilla sobre Ring Lardner, uno de los guionistas expedientados por McCarthy y su Caza de Brujas. En las sesiones de los juicios, le preguntaron si había pertenecido o si aún pertenecía al Partido Comunista Americano. Dijo que sentía que si respondía a esa pregunta “me odiaría cada mañana”. Un héroe. Las personas dignas son héroes. No hay demasiados héroes en estos tiempos, por eso cambian tanto algunos lugares. Al menos, la imagen del castillo no me la tocarán. O eso espero. Mientras tanto mi sitio está junto a los ojos más tristes, más hermosos, que conozco.

No hay futuro sin pasado. Por Hilario J. Rodríguez. 16/01/2009

¿Dónde sitúan las máquinas a los seres humanos? Hay quien dice que en ninguna parte. Según parece, nos convierten en parte de su engranaje. Sin darnos cuenta, nos transformamos en un amasijo de tornillos y tuercas, metal. Y si seguimos por este camino, quizás acabemos abrazando una nueva carne a través de la tecnología, como les sucedía a los personajes de Crash, la novela de J. G. Ballard. Sin embargo, yo me pregunto si podría darse el caso contrario: ¿podrían humanizarse las máquinas? También me pregunto si no han mejorado nuestra calidad de vida el teléfono, los medios de transporte y las computadoras. Y, siguiendo con las preguntas,  quisiera saber por qué en 2001, una odisea del espacio, la novela de Arthur C. Clarke, HAL-9000 tenía un comportamiento más propio de seres humanos que de una computadora.

 
Cine infantil y teconología
 

Muchas películas infantiles, como Toy Story (1995, John Lasseter), Buscando a Nemo (Finding Nemo, 2003) o Horton (Horton Hears a Who!, 2008, Jimmy Hayward), utilizan juguetes, animales, monstruos o coches como protagonistas. Los cineastas, en ese sentido, tienen muy claro que uno de los mayores problemas de la animación generada por ordenador consiste en proponer formas humanas que sean medianamente creíbles. Incluso en títulos como Los increíbles (The Incredibles, 2004, Brad Bird), donde los protagonistas son humanos, los personajes se ajustan a formas más caricaturescas que realistas. Pero nada de esto debería resultar axiomático. En el cine infantil no siempre se da más importancia a la tecnología que a las historias que se cuentan; las fuentes literarias siguen resultando imprescindibles.

La trilogía de El señor de los anillos, las series de Narnia y Harry Potter, Un puente hacia Terabithia (Bridge to Terabithia, 2007, Gabor Csupo) o Las crónicas de Spiderwick (The Spiderwick Chronicles, 2008, Mark Waters), son sólo algunos ejemplos de las deudas que el cine infantil y juvenil sigue teniendo con la literatura. Ni siquiera la literatura infantil y juvenil ha conseguido desembarazarse de sus deudas con la literatura clásica, por mucho que en los últimos tiempos se hayan ido proponiendo nuevas formas y argumentos. Una cosa es que las máquinas nos faciliten las cosas en el presente y otra muy distinta es que puedan pasar por alto todo lo que el pasado ha ido tejiendo a lo largo de los años.

 
Fantasía sin fantasía
 

Está claro que la fantasía puede ser tan convencional como la realidad cuando detrás de la tecnología o de un medio cualquiera, como el cine o la literatura, no hay un creador de verdad. La fantasía puede ser muy decepcionante si no consigue sacarnos de la rutina. De poco sirve que nos quieran vender fantasía para luego ofrecernos las mismas historias de costumbre y los paisajes que hemos visto mil veces con anterioridad. ¿Por dónde debemos buscar la originalidad y la capacidad de sorpresa que le suponemos a las películas fantásticas cuando en ellas no encontramos nada de verdad imaginativo?

A pesar de lo dicho, es preciso dejar claro que la culpa de un fracaso cinematográfico no siempre es de quienes se ponen detrás o delante de una cámara. Un fracaso, en ese sentido, puede deberse a la obsesión que tienen ciertos productores por explotar los filones de oro hasta que sólo sale carbón de sus túneles, repitiendo hasta la saciedad los esquemas de los blockbusters. Una película o un libro con éxito a veces dan pie a sagas y series sin pies ni cabeza. Desgraciadamente, hoy en día la industria cultural quiere hacer continuas franquicias aunque así sus productos, al poco tiempo, dejen de tener sentido.

 La infancia perdida
 
 El cine de Georges Méliès es, para bastantes cinéfilos, un paraíso perdido. También podrían serlo westerns o las luchas de Maciste el invencible. Está claro que al ver las películas infantiles y juveniles que se hacen en la actualidad es difícil resistirse a las comparaciones y los ejercicios nostálgicos. Cada uno de nosotros acude en defensa de la infancia que hemos vivido, de los libros que leímos y de las películas que vimos, despreciando las propuestas más recientes sin darnos cuenta de que quizás con ello estemos olvidando que ya no somos niños y en muchos casos tampoco jóvenes, y que los niños y los jóvenes de ahora pueden tener inquietudes y necesidades distintas de las nuestras.
 

 

Ya sólo habla de amor, de Ray Loriga. Por Israel Paredes. 16/01/2009

 Ray Loriga.
Ya sólo habla de amor.
Madrid, Alfaguara, 2008.

Acababa de ver lo que queda de un hombre cuando a todo lo que es, a todo lo que cree ser, ser le resta la mujer que ama

Alan Pauls

 1.      Espejo 1

 Se sabe muerto por ahora, pero no muerto para siempre”.

Así se siente Sebastián, personaje de Ya sólo habla de amor, la nueva, y séptima, novela de Ray Loriga. Organizada como un largo monólogo en tercera persona que analiza los sentimientos y pensamientos de Sebastián, Loriga se adentra en el interior de un hombre que ha dejado tras de sí una relación con el resultado de un divorcio (sangrante como se sugiere en un momento dado) y dos hijas en común (de quienes, se asegura, Sebastián no quiere hablar) y que se ha enamorado (o quiere enamorarse) de una hermosa joven llamada Mónica, con quien acude a un baile en la Embajada Suiza durante la noche en la que, grosso modo, se desarrolla el monólogo de Ya sólo habla de amor. Sebastián se encuentra situado entre dos momentos que le hacen sentirse incapaz de amar a la vez que imposibilitado para otra cosa que no sea amar. El peso del amor pasado, el fracaso y la derrota que de alguna manera supuso, le impiden el poder seguir hacia delante; pero necesita hacerlo, claro, de qué otra manera podía ser.

 No sabe bailar y lo sabe o lo intuye, como se intuyen los fracasos del futuro, idénticos en forma y fondo a los fracasos del pasado”.

 Sin embargo, durante la noche, no puede bailar con Mónica y asiste a su inexorable pérdida, lo cual le sitúa aún más en ese punto muerto del que necesita y quiere salir. Desea avanzar pero algo le detiene, y es ahí donde Loriga, a lo largo de las digresiones sobre la vida de Sebastián y en la larga conversación (magnífica) que mantiene con el joven Christian, intenta ahondar para lograr, no ya dar una idea general sobre la situación, sino un acercamiento, breve y conciso, sobre ese estado que supone el haber conocido el desamor, conocer de nuevo el amor y, en verdad, ser capaz de olvidar lo primero y abrazar lo segundo.

 En realidad el espectáculo de un hombre derruido es una cosa asombrosa, y no del todo insignificante”.

 Porque Sebastián es la imagen del naufrago que intenta agarrarse, con más pena que gloria, a los pocos restos que quedan en su vida. Y lo va consiguiendo, aunque bien es cierto que Loriga no se lo pone del todo fácil. Lo trata a dosis iguales de ternura y agresividad, como si no quisiera dejarle respirar del todo pero sin negarle el aire cuando lo necesita. El lector siente empatía por Sebastián porque Loriga lo humaniza en sus contradicciones, en su desidia. No es un héroe pero tampoco un antihéroe, si bien siempre tiende a poseer la forma del derrotado y del fracasado tan afín a la literatura de Loriga (no en vano, Sebastián debería acudir a dar una conferencia sobre Robert Walser y la derrota en la literatura, algo que, al parecer, también tenía que haber hecho Loriga y que, en su imposibilidad, nació Ya sólo habla de amor).

 Loriga mira a Sebastián con el mismo cariño que miraba a Trífero en la novela del mismo nombre, por ejemplo, sin dejar de lado esas contradicciones que, al final, no son sino elementos propios de cualquier persona. Tampoco deja de lado el ridículo de la propia condición de fracasado y su asimilación y, por qué no, en su regodeo como seña de identidad. Por eso es sencillo comprender muchos aspectos de Sebastián, hacerlos propios, ver que en verdad, aunque una novela no es la vida, como indica en un momento dado Sebastián, y la ficción pertenece al terreno de la ficción, todos somos producto de un sinfín de contradicciones y actitudes contrapuestas que nos lleva en ocasiones a momentos de inflexión como el que vive Sebastián.

 Vive en contra del mundo y de todos, pero en realidad no está más que en contra de sí mismo, de su pasado. Intenta seguir hacia delante dejando atrás lo que ha vivido, pero antes, y ahí es donde el monólogo hace incisión, debe comprender lo que ha vivido, lo que ha supuesto. Sin hacerlo, no podrá seguir avanzando. Pero en ocasiones, mirar al pasado, no sólo complica el futuro, sino que estaciona el presente, que es exactamente lo que le sucede a Sebastián: no consigue llegar a algo porque cada instante se convierte en un momento de petrificación. Y así, claro, no puede hacer nada. Loriga consigue, a través de las cavilaciones de Sebastián o de los análisis que esa tercera persona ejerce sobre él, crear un laberinto de pensamientos que, en ocasiones, parecen no llevar a lugar alguno. En esto, Loriga acierta, en mi opinión, aunque pueda dar la sensación de que construye una novela sin un centro claro. No obstante, Loriga nunca ha sido un escritor cuyas novelas posean un centro, o de tenerlo nunca ha sido lo suficientemente cerrado o conciso, sino que siempre ha tendido a estructurar sus novelas, y a darlas sentido precisamente con ello, sin contar demasiado con la linealidad más clásica (y eso que Ya sólo habla de amor, en algunos sentidos, es muy lineal) y sí con el intento de dar forma al discurso de la novela y a sus personajes a través de esas idas y venidas. Para Loriga siempre parece ser más importante los caminos paralelos que se van trazando a partir de una idea inicial que ésta, aunque esto pueda suponer a la larga una lacra (dependiendo, claro está, de cómo se mire).

 2.      Espejo 2

 Ya sólo habla de amor es una novela con conciencia literaria, y cuando digo esto me refiero a que en se percibe en cada frase un trabajo minucioso. Loriga siempre ha destacado por su impecable trabajo de la sentencia, pero en este caso, dado el carácter menos narrativo en comparación con otras novelas, el trabajo se hace más contundente. Es posible que su nueva novela, que se aleja considerablemente de otras obras de Loriga pero no deja en momento alguno de poseer la personalidad que el escritor madrileño ha ido cultivando con el paso de los años, se pueda relacionar antes con la supuesta carta a Rodrigo Fresán, La bondad del asesino, incluida en su libro compilatorio Días aún más extraños, que con cualquiera de sus novelas anteriores. Algo así convierte a Ya sólo habla de amor en una novela donde la zozobra tiene más preeminencia que la rígida construcción de una historia. De hecho, la historia termina aún teniendo la sensación de que podría extenderse durante otras cien o trescientas páginas, sin embargo, el deseo de Loriga, creo, es atrapar al personaje durante
un instante concreto, cuando bajo un árbol recuerda los últimos meses de su vida. Lo anterior y posterior parece dispuesto para preparar ese momento que, para Loriga, parece esencial para que Sebastián logre salir de esa parte del espejo en donde se ve introducido y poder dar el salto hacia el otro:

 A este lado del espejo, pensaba entonces Sebastián, está el mundo, al otro lado no hay nada”.

 La nueva novela de Loriga bebe de la literatura centroeuropea; al menos en mi caso, no pude evitar pensar en la novela de Thomas Bernhard Tara, y a pesar de las grandes diferencias, en casi todo, entre ambas. Loriga no presenta la violencia verbal de Bernhard y los contextos son diferentes, sin embargo, me transmitía un cierto sentimiento obsesivo similar, quizá esa sensación de que uno lee la novela con la misma rapidez con que ha sido escrita, como si en verdad estuviera leyendo a tiempo real los pensamientos de alguien. Y esto es algo que convierte la lectura en algo tan obsesivo como la propia escritura. Sin entrar a analizar lo que pueda haber personal de Loriga en cada pensamiento o sentimiento expresado en Ya sólo habla de amor (que entiendo es mucho, como siempre lo es en todo autor, aunque en este caso, dadas las circunstancias pasadas del autor aumenten el supuesto morbo), sí se transmite la necesidad de plasmar por escrito algo que debe salir del interior del autor, y eso le da a la novela una gran personalidad. Quizá esa sensación de inmediatez pueda verse como algo negativo, algo que anula el magnífico trabajo literario que lleva a cabo Loriga en su nueva novela. Por supuesto, es viable de dejar indiferente a más de uno, incluso a quien haya disfrutado de sus novelas anteriores, pero está claro que Loriga, incluso buscando caminos diferentes, siempre sabe estar en su sitio y ser fiel a su mirada y comprensión del mundo. En este caso ha logrado una novela que posiblemente soporte mejor el paso que sus primeros trabajos, ahora más considerados como proclamas generacionales (quizá excesivamente) que como obras literarias, que también. Sigue siendo loable reinventarse sin abandonarse como autor. Eso es importante y Loriga lo ha logrado en una novela sobre el amor, como toda su obra, pero no sólo sobre el amor, sino sobre cómo se sobrevive en la actualidad en una sociedad donde los sentimientos (palabra que engrosa en sí misma demasiada abstracción) parecen cada vez más perdidos, algo contra lo que Loriga ha luchado a lo largo de sus siete novelas, aunque se hayan ido destacando siempre los elementos más superficiales de ellas.

La Mirada Encendida de Ángel Fernández Santos. Por Rafael Suárez Plácido. 16/01/2009

Ángel Fernandez Santos
La mirada encendida
Debate, Barcelona,  2007.
613 págs.

 

La editorial Debate ha publicado en dos volúmenes el corpus principal de la obra crítica de Ángel Fernández Santos. Estos dos libros son Más allá del oeste, que realmente es una reedición, y La mirada encendida.

Aunque Fernández Santos es autor de los guiones de algunos de los títulos más interesantes del cine español, El espiritu de la colmena, El Sur, Madregilda, Ander y Yul…, su trabajo más significativo lo realizó como crítico de cine, implicado e independiente, primero desde las páginas míticas de Primer Acto, y posteriormente, desde el diario El País. El director de la edición española de la revista Cahiers De Cinema, Carlos F. Heredero, ha sido quien ha antologado y editado una parte importante de sus artículos que ha titulado La mirada encendida.

 

Sus inicios en el cine tienen relación con la Escuela Oficial de Cinematografía, donde conoce a Victor Erice, que firma el próloga de este libro y con quien colabora extraoficialmente en El Sur, y como coguionista en El espíritu de la colmena. Por entonces comienza su labor crítica en Primer Acto y otras revistas, hasta que en 1982 ficha por el diario El País, que sería su principal tribuna hasta su fallecimiento en 2004. En sus inicios en ese medio trabaja con otro de los grandes críticos de cine ya fallecidos, con Augusto Martínez Torres. El otro gran crítico de cine de nuestro país es el inolvidable Alfonso Sánchez.

El libro se divide en cinco partes. En “Claves de una mirada” nos cuenta su particular teoría del cine con ejemplos de clásicos que refuerzan sus palabras, ejemplos que no siempre escoge entre los tradicionalmente considerados clásicos. Para el capítulo de actores una de sus referencias es el trabajo que le valió el Goya por su interpretación a Santiago Ramos, en 1996: Como Un Relámpago. Mucho más reconocido, pero no mucho mejor, es otro de los ejemplos que utiliza, el trabajo de Fernando Fernán Gómez en El Viaje A Ninguna Parte, una de las películas de nuestro mejor cine, al que tanta atención prestó Fernández Santos.
 
La segunda parte, “Creadores”, es su Canon particular de directores y actores preferidos: Welles, Cagney, Monroe, Chaplin, Dietrich… engrosan una nómina que está en la mente de todos, pero también encontramos sorpresas muy cercanas, como nuestra admirada Juliette Binoche o, dando un paseo por los arrabales del star system patrio, el genial Luis Ciges.
 
 “Combates con el presente” reúne algunas de las crónicas que envió desde los principales festivales del mundo: Berlín, Cannes, Venecia, San Sebastián.
 
Quizá el capítulo que más vaya a interesar a los posibles lectores sea “Películas de una vida”, que es lo que su título indica: las reseñas más interesantes, no siempre positivas y siempre independientes, aunque tramadas desde el corazón mismo de uno de los grupos con más intereses en la industria. Repasamos algunas de las películas escogidas: El Apartamento, de la que escribe que “El talento incomparable de Wilder lleva dentro una cumbre de la comedia, probablemente la más alta.”; esa casi secreta maravilla de contrastes, de texturas y belleza que es La Bella Mentirosa, de Jacques Rivette: “No es posible dejar pasar por alto la formidable aventura que esta obra emprende dentro las zonas más delicadas y menos exploradas del cine…”; dos de las mejores películas de la ya mencionada Juliette Binoche: Herida, de Louis Malle: “un islote que emerge muy por encima del suelo del cine europeo…” y Tres Colores, Azul: “Kieslowsky sigue remando en solitario río arriba y pese a ello, o precisamente por ello, se ha convertido en un clásico vivo del cine europeo…”; Caro Diario: “genuino cine de autor, como el de Chaplin y pocos más…” o la mejor película del mejor Medem, Los Amantes Del Círculo Polar: “un esfuerzo del cineasta de avanzar hacia su prehistoria íntima, lo que debe hacer siempre un artista…”
 
En “Autorretratos” se recogen los artículos que hizo sobre las películas en las que él mismo se implicó como guionista, El Surde Victor Erice, para muchos, para mí, de las mejores españolas de todos los tiempos, entre ellas.
 
La mirada encendida, de Ángel Fernández Santos. Todo un seguro. Un libro indispensable no sólo para los amantes del cine, también para cualquier curioso que desee entender algo más del pasado siglo XX. 
           

VII Jornadas de Literatura

VII JORNADAS DE LITERATURA
VII JORNADAS DE LITERATURA

VII Jornadas de Literatura

CUARTO CRECIENTE

Del 10 al 17 de  noviembre de 2007

Pravia, Asturias

AVANCE PROGRAMA

VI Jornadas de Literatura

VI JORNADAS LITERATURA

VI JORNADAS DE LITERATURA / VI XORNAES DE LLITERATURA

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otras miradas / otres miraes

3, 4 Y 5 DE NOVIEMBRE / PAYARES DE 2006
PRAVIA
ASTURIAS /ASTURIES

BIBLIOTECA PÚBLICA DE PRAVIA «ANTÓN DE LA BRAÑA».
(Plaza Marquesa de Casa Valdés, 1)

VIERNES, 3 / VIENRES, 3. PRAVIA

19,15: INAUGURACIÓN OFICIAL:
Intervienen: Antonio de Luis Solar, Alcalde de Pravia, Carlos Madera, Director General de Cultura, José Vega, Jefe de la Obra Social y Cultural de Cajastur, Pepe Monteserín y Javier Lasheras.

19,30: LECTURA POÉTICA DE LUIS ALBERTO DE CUENCA.
LLECTURA POÉTICA DE LUIS ALBERTO DE CUENCA.

20.00: ENCUENTRO CON ARCADI ESPADA. Será entrevistado por Alberto Piquero /ALCUENTRU CON ARCADI ESPADA. Va entrevistalu Alberto Piquero.

SÁBADO / SÁBADU 4. PRAVIA.

10.30. RECEPCIÓN DE PARTICIPANTES E INAUGURACIÓN. / RECEPCIÓN DE PARTICIPANTES Y INAUGURACIÓN.

Intervienen: Antonio de Luis Solar, Javier Lasheras y Pepe Monteserín.

11,00: EL CANTO DE LOS LOCOS: MÚSICA ROCK Y LITERATURA / EL CANTAR DE LOS LLOCOS: MÚSICA ROCK Y LLITERATURA.

Intervienen: Ignacio del Valle, Kiko Alsedo, Manolo D. Abad y Toli Morilla.
Modera: Rubén D. Rodríguez.

12.30. LA LITERATURA Y EL PENSAMIENTO / LA LLITERATURA Y EL PENSAMIENTU.

Intervienen: Mariano Arias, Alfredo Hernández y Pelayo Pérez.
Modera: Javier Lasheras.

16.30. PALABRA EN IMÁGENES: LA LITERATURA Y EL CINE. / PALABRA N’IMAXENES: LA LLITERATURA Y EL CINE.

Intervinen: Lara Montesquín Estrada, Adonais Areces y Alejandro Cuesta Fernández.
Modera: Manuel García Rubio

18.00. LA OBRA MAESTRA DESCONOCIDA: A PROPÓSITO DE LA LITERATURA Y EL ARTE. / LA OBRA MAESTRA DESCONOCÍA: A PROPÒSITU DE LA LLITERATURA Y L’ARTE.

Intervienen: Jaime Herrero, Jorge Eduardo Benavides, Eugenia Rico y Manuel Herrero Montoto.
Modera: Javier Lasheras.

20,00: Representación de la obra teatral Y ANTÍGONA TRAJO EL VIENTO a cargo de Teatro Pausa. / Representación de la obra teatral Y ANTÍGONA TRUXO’L VIENTU a cargu de Teatro Pausa.

24.00. Lectura poética en Bar Casa El Finito. / Llectura poética en Bar Casa El Finito.

Intervienen:

DOMINGO, 5 / DOMINGU, 5. PRAVIA.

12.00. LITERATURA Y ESCENA. / LLITERATURA Y ESCENA.

Intervienen: Yasmina Álvarez, Joaquín Fuertes y Margarita Llano.
Modera: Javier Villanueva.

www.escritoresdeasturias.es

info@escritoresdeasturias.es

Información e inscripciones: Algama, S.L. Tel.: 985 175 681; Fax: 985 171 855

Programa de las Jornadas

V Jornadas de Literatura

Diptico anunciador de las jornadas

«2005: “BURLA BURLANDO”. Escuela de Hostelería y Turismo de Gijón (Paseo de Begoña, 30). Biblioteca Pública de Pravia Antón de la Braña (Plaza Marquesa de Casa Valdés, 1)»

Jueves, 10 de noviembre: Gijón

  • 19:45 h. Inaguración Oficial.
    Intervienen: Antonio de Luis Solar, Alcalde de Pravia; Mercedes Álvarez González, Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Gijón y Javier Lasheras, Presidente de la AEA. 
  • 20:00 h. Intervención inagural
    Félix Grande, Premio Nacional de las Letras, será entrevistado por Alberto Piquero

Viernes, 11 de noviembre: Gijón

  • 20:00 h. Historia, falsificación y deseo: Lecturas de Cervantes 
    Interviene: Antonio Orejudo.
    Presenta: Manuel García Rubido

Sábado, 12 de noviembre: Pravia

  • 10:00 h. Recepción de participantes.
  • 10:30 h. ¿Es necesario el canón? 
    Intervienen: Fernando Fonseca, Ricardo Labra, Alejandra Sirvent y José Luis Piquero.
    Modera: Manuel García Rubio
  • 12:30 h. De otros lados: los escritores hoy
    Intervienen: Ignaciu Llope, Eva Vaz y José Luis Espina
    Modera: Miguel Rojo
  • 16:30 h. Realidad y mito de la narrativa actual
    Intervienen: Pablo Rodríguez Medina, Fulgencio Argüelles, Pepe Monteserín y Pilar Sánchez Vicente.
    Modera: Rubén D. Rodríguez
  • 18:00 h. Crítica, mercado e independencia en la literatura actual
    Intervienen: Susana Pérez-Alonso, Gonzalo Moure, Ignacio del Valle y Fernando Beltrán.
    Modera: Javier Lasheras
  • 20:00 h. “Historia prosaica de cómo sucedió lo que sucedió”, función en Pravia a cargo de Teatro Pausa.
  • 24:00 h. Burla burlando: lectura poética en el Bar Casa El Finito

Domingo, 13 de noviembre: Pravia

  • 12:30 h. El mito en el teatro
    Intervienen: Javier Villanueva, Aurelio González-Ovies y Mª Luz Pontón
    Modera: Javier Villanueva

IV Jornadas de Literatura

IV JORNADAS DE LITERATURA

«2004: “HÚMEDA O A SECAS”. Oviedo y Pravia el 2, 3, 4 y 6 de noviembre.»

Martes, 2 de noviembre: Oviedo

  • 20,00 h: Literatura y compromiso.
    Conferencia de Benjamín Prado.

Miércoles, 3 de noviembre: Oviedo

  • 20,00 h: La narrativa actual en Asturias.
    Intervienen Fulgencio Argüelles, Manuel García Rubio, Fernando Fonseca e Ignacio del Valle.

Jueves, 4 de noviembre: Oviedo

  • 20,00 h: Poesía para los que leen prosa.
    Intervienen: Miguel Munárriz, José Luis Piquero, Javier Lasheras, Juanjo Barral, Fernando Beltrán, Herme G. Donis, Xosé Bolado y Alberto Vega.

Sábado, 6 de noviembre: Pravia

Con la participación de 42 escritores.

  • 11,30 h: Recepción oficial en el Ayuntamiento de Pravia.
  • 12,00 h: Una mirada interior: cuatro años de la AEA.
  • 17,30 h: El compromiso de la literatura.
  • 19,30 h: Literatura en Asturias: húmeda o a secas.
  • 21,30 h: Clausura.
  • 24,00 h: Lectura Poética.
CARTEL ANUNCIADOR IV JORNDAS DE LITERATURA
CARTEL IV JORNADAS DE LITERATURA

Subvencionando a Atwood de Lorenzo Silva

Al abrir la última novela de Margaret Atwood publicada en nuestro país, Oryx y Crake, el lector curioso encontrará una significativa información: «La traducción de esta obra ha contado con una subvención de The Canada Council for the Arts y del Canadian Department of Foreign Affairs and Internacional». Si se tiene en cuenta que Margaret Atwood es una escritora establecida, con una larga lista de premios a sus espaldas, que cuenta con un par de secretarias y que gana decenas de miles de dólares al año, podrá juzgarse que los canadienses son unos imbéciles que despilfarran su dinero apoyando a quien no lo necesita.

Ahora bien, si uno examina la posición que ocupa Canadá en el contexto internacional, su nivel de vida, industrial, tecnológico, de justicia social y de instrucción, deberá tentarse la ropa antes de hacer semejante análisis. Y si uno valora en qué medida la Atwood, una de las mejores escritoras vivas y permanente candidata al Nobel, refuerza la presencia de su país en el mundo, tanto en términos cualitativos como cuantitativos, podrá llegar acaso a la conclusión de que esos dos organismos oficiales han gastado bien el puñado de dólares canadienses con que han apoyado la traducción de su novela a la lengua de Cervantes, exponiéndola así a cientos de millones de potenciales lectores.

En este punto, algún lector suspicaz dirá: «Ya está, el intelectual pidiendo subvenciones». O más maliciosamente aún: «El intelectual pidiendo que se le subvencione a él». Juro que no voy por ahí.

La última vez que estuve en Canadá, más concretamente en Montreal, pude encontrar en las librerías alguna novela mía, traducida al francés sin el concurso de un solo céntimo de dinero público español, solo gracias a la intrepidez de mi agente y de un editor de París que se jugó en ello su dinero privado francés. Y confieso que prefiero que sea así, que mi obra se abra paso en el mercado (o deje de hacerlo) en función exclusiva de su propio valor y potencial, aunque yo gane mucho menos que la Atwood y no tenga más secretario que mi agenda Palm. Lo que me gustaría es partir de este ejemplo para ponderarpor contraste la política cultural de este país, y denunciar hasta qué punto el abandono institucional en que viven las gentes del libro (creadores y lectores), coexiste en cambio con el riego pródigo de euros del contribuyente para otros cultivos privados que en mi modesta opinión no proporcionan un valor añadido a la sociedad superior al que representan la lectura y la escritura.

En condiciones abstractas, y partiendo de los principios de una economía de mercado, uno aceptaría que las bibliotecas públicas estén infradotadas en todos los sentidos, hasta el punto de tener que militar contra el derecho de los creadores a ser remunerados por el uso que de su obra se hace en ellas, por falta de presupuesto. O que las políticas de promoción del libro se resuman en campañas anecdóticas y rutinarias cuando no en estériles fastos a mayor gloria de anunciantes,  patrocinadores y fabricantes de cartelería.

Si los amantes de la literatura quieren hacerla valer, razonaría el mercader a ultranza, que se las ingenien para venderla por sus propios medios; el Estado debe limitarse a políticas de mínimos y a alentar aquellas iniciativas que tengan valor propagandístico y animen el PIB. El problema, y a la vez la incongruencia, viene cuando uno se encuentra con que esa dureza y ese despego con que ha de enfrentarse la cultura convive con otros fenómenos. Por ejemplo, el ingente trasvase de dinero público que recibe el negocio del deporte profesional. Decenas de millones de euros de publicidad gratuita, cuando no de descarado patrocinio, gastados por televisiones públicas deficitarias y financiadas con nuestros impuestos. Subvenciones directas de gobiernos autonómicos y ayuntamientos para la construcción de estadios o coberturas de desfalcos y agujeros causados por gerentes ineptos o corruptos. Transferencias de cientos de millones de euros de recursos públicos municipales a través de recalificaciones urbanísticas para que con esa munición el club de turno fiche por cifras absurdas a presuntas estrellas más rápidas en el esnifado de cocaína y el coleccionismo de top-models que en el regate en el área.

No, no soy un moralista. Que cada uno haga lo que quiera. No, no quiero dinero para cocaína ni para top-models, me apaño con un tinto en la comida y lo que pueda ligar con mis recursos. Lo que me jode (y perdón por el recio castellano) es tener que soportar el sambenito de pertenecer a un colectivo pedigüeño cuando nada recibo y nada pido, y cuando otros se inflan a la chita callando, y aun sin callarse, sin que se les afee jamás. Acepto todos los vicios ajenos, siempre y cuando no me obliguen a pagarlos, al tiempo que se desatienden las que yo considero necesidades mucho más importantes. Alguien puede argumentar que no hay que desvestir a un santo para vestir a otro, que el fútbol es más divertido e interesa más que la literatura a la gente, que proyecta internacionalmente nuestra imagen y genera riqueza y que por eso hacen bien los poderes públicos respaldándolo, no solo con dinero sino también con los policías que faltan para proteger a las mujeres maltratadas y abundan a las puertas de los estadios y de los hoteles de concentración.

Me permitiría devolverles el argumento: ¿En qué medida importa e interesa algo por el hecho de estar hablando siempre de ello? ¿Hasta qué punto nos divertimos con aquello con lo que nos enseñan a divertirnos? ¿No podríamos elegir mejor cómo y con qué nos proyectamos al exterior? (Vuelvo a Canadá, casi nulo en fútbol).

Mi conclusión es muy sencilla. Si los gobernantes quieren seguir sosteniendo su discurso de que les importa la cultura, la presencia del español en el mundo y todas esas monsergas con que desganadamente nos obsequian todos los 23 de abril, que se dejen de pamplinas y que pongan en el empeño el mismo interés que ponen en apoyar el fútbol profesional. Que inviertan los mismos recursos, no en subvencionarme a mí ni a quien ya sale adelante por sí solo (reitero que no lo quiero), sino en educar mejor a nuestros jóvenes, en crear una verdadera red de agitación y exportación cultural en el mundo (y no ese menesteroso Instituto Cervantes) y en fomentar la lectura y la creación en aquellos que lo tienen más difícil para desarrollarlas (que ninguna persona que quiera leer un libro deba abstenerse de hacerlo por no poder acceder a él, que ningún creador con talento deje de crear porque nadie le reconoce ni le estimula). Mientras eso no suceda, nuestros niños engrosarán compulsivamente los equipos infantiles de los clubes de la Liga de las Estrellas (¿a alguien le extrañará que prefieran eso antes que leer a Homero, Stevenson o Galdós, de quienes ni siquiera tienen noticia?), leeremos las novelas de Margaret Atwood, las nuestras no las leerá casi nadie y nuestra riqueza colectiva seguirá afluyendo a la cuenta suiza de un descerebrado brasileño o inglés o del listo que los intermedia y explota, en vez de contribuir a ofrecer un futuro más libre, más humano y más inteligente a quienes habitamos en este país.