Entrevista a Antonio Valle. Por Manuel D. Abad. 22/01/2009

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Antonio Valle (Oviedo, 1969) es uno de esos escritores que acompaña su vocación con el mundo de la enseñanza. Hace unos pocos meses venció en el Concurso de Cuentos Lena, uno entre una larga lista de ellos. Buen momento para conversar con él.
-Escritor: ¿Vocación? ¿Necesidad? ¿Oficio?
Necesidad, después de muchas lecturas empecé a desear leer historias que no estaban escritas. Luego se convirtió en algo necesario.
-¿Cuándo descubres que quieres ser escritor, que escribir es lo tuyo?
A los veintitantos descubrí­ que tenía algo que contar y que no lo hacía mal. Pero me lo tomé con calma, y sigo haciéndolo.
-¿Qué significado tiene para ti escribir?
Es una forma de estar en el mundo, verlo, recrearlo; una vía de escape y de contacto con la realidad; un magní­fico entretenimiento intelectual; un compromiso con ciertos principios personales; un reto, un mar de posibilidades. Una forma de estar en el mundo.
-¿Cómo se desarrolla el proceso creativo de tus obras?
Hay de todo. Normalmente intento escribir de un tirón lo principal y luego retoco. En general corrijo mucho. Estoy de acuerdo con aquello que decí­a Borges, los escritores publicamos libros para poder dejar de corregir. Me gusta dejar los textos reposar un tiempo (en la fresquera) y luego releerlos, esa es la primera criba.
-Has vencido en multitud de concursos literarios, ¿qué opinas de ellos?
No, no, yo he ganado unos pocos. Esta pregunta deberí­as hacérsela a Pepe Monteserí­n o Pablo Rodrí­guez Medina, por decir algunos. Creo que son una buena forma de darse a conocer, dar salida a las creaciones, descubrir las propias posibilidades y conseguir algunos ingresos.
-¿No te da la sensación de que para vencer en la mayorí­a de los concursos literarios hay que ceñirse a determinadas normas de "corrección"?
Estoy absolutamente convencido de ello. No sé si es exactamente corrección, pero sí­ un determinado registro que no disguste a nadie. Todos tenemos prejuicios, los miembros de los jurados también. Otra cosa es que seas capaz de escribir de esa forma. Quiero decir que yo no soy capaz de ponerme a escribir "para ganar un concurso". En mi caso, las ideas van llegando, surgiendo y tomando forma, sea relato, poema, artículo, rareza. Luego ya se verá si son o no "concursables".
-¿Has cultivado mucho los microrrelatos, por qué?
El microrrelato es adictivo. Para los afanes del creador es maravilloso, porque plasmas rápidamente la idea. Además permite muchas posibilidades, tonalidades, juegos, malabarismos, trucos; puede ser contundente, sugerente, impactante. El problema es que puedes acabar dejándote llevar por esa medida, enmarcando las ideas que van surgiendo con esa mí­nima y efectiva expresión. Y cuando intentas desarrollar algo más extenso se hace pesado.
El microrrelato requiere gran participación del lector, que es quien completa la obra. También esto puede dejar al lector insatisfecho o simplemente cansarle. Pero sin duda para el escritor puede ser pura adicción.
-El relato es el "pariente pobre" de los géneros literarios, ¿a qué crees que es debido?
Parece que es necesario escribir una novela para ser reconocido y aceptado en sociedad. O bien ser poeta, que aunque no da dinero sí tienes un prestigio y una aureola. Tal vez no dé dinero ni prestigio, pero el relato es el género narrativo por excelencia.
– ¿Cuál es tu asignatura literaria pendiente?
Supongo que deberí­a escribir una novela. Algunos amigos me lo dicen, yo lo pienso y creo que puede ser un buen reto. Pero me falta tiempo.
– ¿Eres de los escritores que se encierran en su torre de marfil o de aquellos que comparten sus experiencias con más gente?
Me gusta hablar de lecturas, de libros, de autores, pero escribir es un acto de soledad.
-¿Existe algún tipo de literatura que te desagrade?
Me desagrada que llamen "gran literatura" a lo que es entretenimiento. Y lo digo con toda admiración por el entretenimiento.
-¿Cuáles son tus favoritos?
Rulfo, Carver, Calvino, Walser, Kafka, Tomeo, Stevenson…
-¿Cómo ves el momento actual de la literatura en Asturias?
Creo que es magnífico. No sé si se debe a las crisis económicas, al paro, al éxodo de jóvenes por todo el mundo, lo que está claro es que hay un gran número de creadores y, lo que es mejor, mucha diversidad.
-¿Hasta qué punto llega tu realidad personal y dónde empieza la ficción en tus narraciones?
No me obsesiona reflejar la realidad, menos aún la mí­a. Me interesa la verosimilitud. A veces tomo sucesos reales para desarrollar una historia pero no pretendo ser fiel a la verdad. Muy al contrario, en cuanto la realidad no me interesa para la narración, la cambio. Es todo ficción verosí­mil. La realidad.
-¿Tus ambiciones como escritor?
Mis ambiciones cercanas son acabar un libro de relatos, escribir más cuentos infantiles, darle forma a un poemario y escribir un libro de leyendas viajeras. Eso en unos meses. En algún momento deberí­a ponerme con la novela. Pediré una subvención para que mis dí­as tengan 29 horas. Pero ambiciono sobre todo escribir libros dignos, poder seguir haciéndolo muchos años
y por supuesto hacerme multimillonario, precisamente por eso estoy con el poemario.
-Como profesor que eres, ¿aplicas cierta didáctica a tus relatos?
No me gustan los relatos con moralina de fondo (mira, ese podrí­a ser uno de mis prejuicios como jurado). Otra cosa es que las narraciones puedan utilizarse para introducir o tratar determinados temas, pero no llevar una lección intrí­nseca.
-¿Cuáles son las aficiones que ocupan tu tiempo libre?
Leer, ver la tele, cuidar de mis hijos, tomar algo con amigos
 

 

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