Entrevista a Jesús Palacios acerca de La plaga de los zombis y otras historias de muertos vivientes. Por José Havel (08/08/2010).

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Ya están aquí, revitalizados, por todas partes, como una pandemia invencible, los muertos que vuelven de la tumba, no pocas veces con afán vengador. Auténticos iconos populares, han adoptado formas diversas en la literatura fantástica a lo largo de los tiempos: desde los fantasmas, vampiros y momias decimonónicos hasta los modernos zombis de hoy. Y del zombi, monstruo contemporáneo por excelencia, nos habla Jesús Palacios, uno de nuestros mejores escritores ensayísticos, con motivo de su cuidada e imprescindible antología La plaga de los zombis y otras historias de muertos vivientes (Madrid, Valdemar, 2010), en la que ofrece un panorama evolutivo del mito.

—Zombieland es un territorio otra vez de moda en pleno siglo XXI…
 
Efectivamente. Aunque, en realidad, desde comienzos del siglo pasado nunca han faltado zombis en nuestra cultura, estamos viviendo ahora un renacer del personaje, solo comparable al que se vivió en los años 70 y 80, gracias al éxito de los filmes de George A. Romero, a los que siguieron multitud de secuelas, auténticas y falsas, imitaciones y copias, procedentes muchas de cinematografías europeas, como la italiana, la francesa e incluso la española, y hasta de las orientales. Sin embargo, la moda zombi actual es todavía más apabullante que aquella, porque afecta también a otros medios de expresión como el cómic, los videojuegos, la televisión y, sobre todo, se extiende por Internet, territorio inédito y virgen para los muertos vivientes hasta hoy, y al que se han adaptado extremadamente bien. Por no hablar de los “zombie walks”, los desfiles de aficionados maquillados y disfrazados de zombis, que se celebran por todo el mundo…
 
—Aun así, como bien apunta usted en el prefacio, “hubo un tiempo en que no había zombis”.
 
El zombi es uno de los monstruos, o de los iconos del terror y lo fantástico, si se prefiere, más modernos. Su introducción en nuestra cultura, con el nombre de zombi y las características clásicas del muerto viviente, ocurre en las primeras décadas del siglo XX, a raíz, sobre todo, del libro “La isla mágica” de William Seabrook, publicado, si no recuerdo mal, en 1929, y donde su autor relata historias “reales” sobre zombis haitianos, afirmando haberlos visto él mismo. Se convirtió en todo un best-seller, que suscitó la aparición de obras de teatro, películas, novelas y relatos en los que aparecían aquellos zombis, condenados por la magia negra del Vudú a trabajar como esclavos después de su supuesta muerte. Ahí empezó todo.
 
—El universo zombi es una historia hecha de recíprocas influencias entre literatura y cine…
 
Precisamente una de las características singulares del zombi, comparado con otros personajes del género como el vampiro, el licántropo, la momia, etc., es que nace a la par, casi, que el cine, y se integra en este con gran rapidez y con tal eficacia, que muchas veces las historias clásicas de zombis publicadas en forma de libro o en las páginas de los pulps de fantasía, terror y ciencia ficción, como “Weird Tales”, van por detrás de las propias películas dedicadas al personaje, lo que es muy raro en el mundo del cine fantástico, donde lo normal es lo contrario. La mayoría de las ocasiones, sin embargo, es un proceso de influencias mutuas, difícil de separar, ya que libros y relatos como “La isla mágica”, “Yo anduve con un zombi” de Inez Wallace, “Cuando caminan los zombis” de Thorpe McClusky, “Herbert West, reanimador” de Lovecraft, etc., etc., es evidente que han inspirado, directa e indirectamente, numerosos filmes del género… Pero, en sentido inverso, la seminal “Noche de los muertos vivientes” de Romero, o incluso videojuegos como “Resident Evil”, han inspirado, a su vez, montones de novelas y relatos de zombis actuales. Se trata, sin duda, del primer monstruo para cuya formación característica dentro del imaginario popular el medio cinematográfico ha tenido tanta o mayor importancia que la literatura y el folklore.
 
—¿Qué papel desempeña el cómic en la conformación de Zombieland?
 
Un papel, sin duda, fundamental. No tanto porque hoy día haya infinitas series, colecciones y sagas de cómic dedicas al personaje, algunas de gran calidad, como “The Walking Dead” de Kirkman, entre otras, como por el impacto seminal que los propios cómics tuvieron en la conformación del muerto viviente actual, como ocurriera con las publicaciones de la E. C. Comics, creadas en los años 50, como “Tales from the Crypt”. Se puede decir que la iconografía actual del zombi, trasladada por primera vez a la pantalla en toda su crudeza material por Romero, con esos muertos vivientes putrefactos, purulentos y mutilados, deriva de muchas de las imágenes de aquellas historias gráficas, publicadas originalmente en tebeos censurados y perseguidos en su día, que hoy son verdaderos clásicos.  
 
—Señala usted que la imaginería zombi hunde sus raíces en la tradición moral del cristianismo, desde la iconografía medieval de las Danzas de la muerte hasta el arte barroco y contrarreformista, pasando por los memento mori.
 
Es obvio que uno de los motivos que hace tan impactante el personaje del zombi es su conexión con motivos característicos de la tradición religiosa cristiana, como la inmortalidad, la resurrección de la carne o el concepto del vanitas vanitatis. Y, sobre todo, con la imaginería religiosa que deriva de todo ello. Es imposible no pensar en las Danzas de la Muerte medievales y renacentistas cuando vemos, precisamente, alguno de los “zombi walks” que se celebran por todo el mundo, o no ver el evidente paralelismo entre acudir a un convento a contemplar los memento mori de santos y mártires que allí se conservan, y el acto de ver una película de zombis. Más aún, si pensamos en los osarios o en la costumbre barroca d
e los pudrideros, lugares donde el cristiano podía reflexionar sobre la caducidad de la carne y la vanidad de toda materia… contemplando cadáveres auténticos siendo consumidos por la putrefacción. No en vano, gran parte del género zombi literario y cinematográfico es muy moral e incluso moralista…  
 
—Sin embargo, la configuración final del zombi también debe no poco a “esa variante racionalista de lo fantástico que es la Ciencia Ficción”.
 
El zombi es, aparentemente, un personaje propio del género de terror, y que a veces, cuando deriva del mundo del Vudú o de la brujería tradicional, pertenece a la esfera de lo sobrenatural… Pero la verdad es que, en la mayoría de los casos, y especialmente cuando hablamos del zombi moderno y posmoderno, es un muerto viviente producto de fenómenos explicables científicamente, como virus y pandemias, experimentos de científicos locos o de estamentos médicos y militares, etc., etc., y su escenario más característico, un mundo apocalíptico y post-apocalíptico, tiene también no poco de ciencia ficción. Creo que, por su propia naturaleza eminentemente material, que poco o nada tiene que ver con conceptos metafísicos propios de otros monstruos más “clásicos”, como el vampiro o el licántropo, el zombi se presta más al tratamiento de la ciencia ficción que al del horror sobrenatural. De hecho, incluso al hablar del zombi Vudú hay que tener en cuenta que este tiene una explicación perfectamente racionalista y científica. Todo esto no hace que el zombi dé menos miedo, sino precisamente más, ya que le dota de una credibilidad frente al lector o espectador, de la que carecen vampiros, fantasmas y demás entes sobrenaturales.
 
—Dice usted que “parte del éxito absoluto del zombi estriba, un poco a lo Frankenstein, en constituirse como la suma de varias de las partes de todos los revinientes”…
 
Todo personaje icónico es un poco bastardo de varios padres o madres, pero esto es especialmente cierto en el caso del zombi, ya que, antes y después de su bautizo como tal, han existido historias, tradiciones y relatos sobre muertos vivientes, con distintos matices y características que, a la larga, se han venido a sumar para dar por resultado el zombi actual. Esto hace que el personaje sea, hablando en términos de mitología popular, tan contagioso y virulento –un genuino superviviente nato- en la realidad como en la ficción. El hecho de que en su arquetipo se integren elementos procedentes de raíces étnicas y religiosas como el Vudú, otros procedentes de la ciencia ficción más pulp –el científico loco, por ejemplo-, otros característicos del relato de horror tradicional –las historias de muertos vengadores, revinientes que vuelven de la tumba para ajustar las cuentas que dejaron pendientes en vida-, a menudo en escenarios apocalípticos, propios del milenarismo y la ciencia ficción moderna, garantiza que el zombi se mantenga eternamente asustante y fresco, con una capacidad evolutiva o adaptativa, en este sentido, superior a la de otros personajes, anticuados o desfasados.
 
—Asimismo afirma que el zombi “es el monstruo por excelencia de nuestro tiempo”. Lo cierto es que semejante criatura ha demostrado tener una buena capacidad de adaptación histórica, yendo su arco evolutivo de la etnología mágica hasta la ciencia ficción apocalíptica.
 
Es por todo lo ya dicho. Especialmente, por su facilidad para pasar del terreno de lo sobrenatural y folklórico a lo materialista y científico. La gran virtud del zombi, como de otros fenómenos que no han dejado nunca de funcionar dentro del género, como los Mitos de Cthulhu de Lovecraft, el personaje del Psychokiller, las historias de detectives o investigadores de lo Oculto –de John Silence a “Expediente X”- y un corto etcétera, es que posee una dosis o carga de “realidad”, de credibilidad material y materialista, científica y/o seudocientífica, muy conectada con fenómenos de la realidad cotidiana (enfermedades contagiosas, experimentos biológicos, posibles escenarios apocalípticos futuros…), que le permite seguir resultando creíble y, por tanto, asustante y relevante como comentario de nuestro mundo y sociedad actuales.
 
—La plaga de los zombis y otras historias de muertos vivientes es una antología dividida en tres bloques bien diferenciados siguiendo “El camino del Zombi”: Zombi Vudú, Zombi Pulp, Zombi post-Romero.
 
He tratado de trazar una genealogía del personaje, más o menos cronológica, que permita al lector comprender la evolución del mismo, pero también la existencia –y coexistencia- de diversas modalidades de zombi o muerto viviente, que no tienen por qué excluirse unas a otras. De hecho, reconozco que esta división puede resultar un poco engañosa, ya que siguen existiendo Zombis Vudú y Zombis Pulp en la era del Zombi Post-Romero, como también había Zombis Vudú en la Era Pulp, etc., etc. Sin embargo, sí creo que existe una cierta trama evolutiva del personaje, que pasa por esas diversas fases hasta llegar a la actualidad. Lo que no impide, claro, que sobrevivan otros modelos de zombi u otras mutaciones del mismo, que se nutren todavía de elementos propios de la tipología del Vudú o del Pulp.
 
—¿Augura una posible cuarta etapa tras la era pos-Romero? De ser así, ¿qué rasgos cree que podrían caracterizarla?
 
Sin duda la habrá. De hecho, ya hay constantes tentativas para superar o mutar el modelo Post-Romero, en busca de un nuevo enfoque, de una originalidad que, como suele ocurrir en todo fenómeno masivo, se empieza a echar de menos en el género. En cuanto a los rasgos que pueden caracterizar al que podríamos, parafraseando a Lipovetsky, denominar ya Zombi Hiper-Romero, posiblemente pasen por una cierta “humanización” del personaje… Lo que, sin duda, será también el primer paso para su “final” como genuino arquetipo del horror. La aparición ya de zombis con “cerebro”, de zombis con capacidad para evolucionar y aprender,
que muestran sentimientos de rabia ante la destrucción de sus congéneres, etc., etc., a la par que la obvia utilización metafórica del personaje como representación de los colectivos marginados y marginales, humillados y ofendidos –desde el subproletariado actual a las masas de inmigrantes del Tercer Mundo, pasando por los colectivos anti-globalización, los de gays y lesbianas, etc., etc. Ya dije antes que gran parte del cine-zombi es moralista-, puede tener para el zombi un efecto similar al que para el vampiro o el licántropo ha tenido su asimilación como antihéroe romántico y maldito, que lo ha llevado del terreno del terror al del género rosa. No obstante, habrá historias de zombis y zombis que todavía serán capaces de devorar a sus pérfidos amos y mantener cierta dignidad como monstruos de nuestra imaginación. O eso espero, al menos.
 
—¿Por qué trece relatos? Precisamente trece, ni uno más, ni uno menos.
 
Realmente no hay un motivo específico, pero tengo la tendencia natural e inconsciente a que, cuando trabajo en una antología, me “salgan” a la primera trece relatos. Debe ser producto, como digo, de alguna incitación subconsciente… Y siempre es más realista incluir trece relatos que seiscientos sesenta y seis.
 
—¿Qué relato de zombis le ha asustado más y cuál le ha conmovido especialmente?
 
No es fácil responder a esto, pero debo decir que la historia zombi que más me ha asustado siempre es lo que cuenta el etnobotánico Wade Davis en su clásico libro de no-ficción “La Serpiente y el Arco Iris” –llevado al cine por Wes Craven-. La idea de que convertir a la gente en zombis sea, sobre todo, una práctica punitiva y terrorista, puesta realmente en práctica por sociedades criminales y políticas, a veces en connivencia con el gobierno y las fuerzas del orden, para castigar, amenazar y controlar cualquier oposición a sus fines, da mucho, pero que mucho miedo. Indudablemente, la historia de zombis más conmovedora es la novela “Soy leyenda” de Richard Matheson, que aunque no es estrictamente una novela de zombis –se supone que son “vampiros”- posee todos los elementos propios del género zombi y es, de hecho, la directa inspiración de “La noche de los muertos vivientes”. Pero lo que, sin duda, conmueve realmente en la parábola de Matheson es lo terriblemente relativa que es la condición de “monstruo”, e incluso del “mal”. Cómo cualquiera de nosotros puede ser el zombi, a pesar de ser incapaz de darse cuenta de ello. Como dicen en el estupendo remake en color de “La noche de los muertos vivientes” dirigido por Tom Savini: “Ellos son nosotros y nosotros somos ellos”.
 
—¿Regresan los muertos vivientes para recriminarnos nuestros fracasos como especie, para reconquistar un mundo que hemos puesto patas arriba “a causa de nuestros pecados”?
 
Es indudable que hay mucho de eso. Ya lo he comentado antes, y creo que, precisamente, su relación con la escatología y la imaginería del cristianismo, combinada con su relevancia como metáfora de un mundo actual siempre al borde de la catástrofe, es lo que hace del zombi el monstruo propio de nuestro tiempo. Es la muerta pero viva imagen de nuestra calavera bajo la piel, advirtiéndonos de que por mucho que nos vanagloriemos del progreso y de todos nuestros aparentes logros en pos de la inmortalidad y el bienestar material, todo ello no es, ni más ni menos, que “vanidad de vanidades”.
 
 

Palacios, Jesús, ed.,
La plaga de los zombis y otras historias de muertos vivientes,
Madrid, Valdemar, 2010,
Colección Gótica, 512 páginas.
25 euros.

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