Entrevista de Lauren García a Julio Rodríguez

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El escritor asturiano publica la novela “Una mala racha”

  

Con infalible y perspicaz olfato Julio Rodríguez sabe discernir perfectamente la realidad de la ficción, el humor de la seriedad y la genuina literatura del edulcorado producto comercial.  Todo esta plasmado en “Una mala racha”, (menoscuarto ediciones),  la tercera novela del escritor asturiano. Un libro de aire marino torrencial como el barco que modela uno de sus protagonistas. La prosa de Julio Rodríguez se sitúa en medio de las desgracias: una receta contra el aburrimiento.

El protagonista de “Una mala racha” es escritor. ¿A la hora de contar una historia no se puede prescindir a veces del factor autobiográfico?

– Para bien o para mal, no es posible deshacerse de uno mismo a la hora de escribir. Nuestra visión del mundo, nuestro sentido del humor, nuestras obsesiones, nuestros prejuicios están ahí. En realidad, y mira que lo intentamos, no podemos dejar de ser nosotros nunca. Nunca. Ya puedes beber hasta desfallecer, que el borracho seguirás siendo tú; incluso puede que seas más tú que cuando estabas sereno… Pero esa es otra historia, claro. En definitiva, uno escribe, con sus fortalezas y sus limitaciones, a partir de todo aquello que uno es, desde lo que conoce e intuye. Después, claro, intentas meterte en la piel de los otros para contar, incluso en primera persona, sus historias, por muy ajenas que te sean. En el caso de esta novela, el protagonista es escritor no porque yo lo sea, sino porque me interesaba tocar, como tema de fondo, la fascinante dicotomía entre hacer literatura y vender libros.

-Al hilo del argumento de la novela, ¿Piensa que el fracaso es un punto de partida a la hora de escribir?

-En la literatura, como en la vida, el fracaso es un punto de partida y también un punto de destino. Pero no nos engañemos, el fracaso y el éxito son conceptos absolutamente subjetivos. Es probable que donde tú veas un fracaso mío, yo vea un éxito. Y viceversa. En todo caso, el “éxito” me interesa más bien poco desde el punto de vista narrativo (solo hay que echar un vistazo a mis libros). Y no te digo nada desde la perspectiva de la autoayuda, el coaching, la psicología positiva y toda esa vaina: esa impuesta obligación de ser feliz y tener éxito a toda costa (y a costa de todo). Es terrorífico. Hay un tipo que ha publicado un exitoso libro titulado “Psicología del éxito”; se trata, en sus propias palabras, de un “manual de instrucciones para ser un ganador”, una “guía del desarrollo integral” cuya lectura promete “dar un giro radical a tu existencia” (que, por supuesto, es una mierda), “aumentar tu atractivo, alcanzar niveles superiores de salud y energía y obtener más ingresos”. Claro, claro. En fin, solo se me ocurre decirle una cosa a su exitoso autor: “Chaval, vete a la mierda”.

-¿Cómo se traslada ese sentido del humor suyo tan presente en la novela?

-El humor, que, como decía Schopenhauer, es la seriedad que se esconde tras la broma, nos permite afrontar la realidad tomando la distancia suficiente para hacerla digerible. Nos ayuda a vivir y a disfrutar de la vida. En último término, es probable que sea lo único que nos salva: el humor frente a todo lo demás. Por tanto, no entiendo la vida ni la literatura sin humor (blanco, negro; fino, grueso; estúpido o inteligente, cada uno tiene su lugar y su momento). Eso sí, a la hora de escribir hay que andarse con ojo con el humor; así se lo advierte al protagonista de “Una mala racha” su pragmático editor: «Desconfía de una novela sin humor, es como una casa construida en terreno pantanoso, una ruina segura. Pero si solo tiene humor, entonces tendrás un buen solar, una finca no edificable; no será literatura, será otra cosa».

-¿Se pueden escribir las mejores o peores historias sobre la familia?

-La familia es una fuente inagotable de conflictos. Probablemente la primera con la que nos encontramos, y también la última. Y siempre está a mano en el camino. Por otro lado, el elemento esencial de la novela es el conflicto; a la hora de contar una historia podemos prescindir de casi todo, salvo del conflicto. Así que haga cuentas.

-El editor también aconseja al protagonista que dejé sus ambiciones literarias para escribir libros comerciales, ¿Una realidad palmatoria y triste?

-En concreto le sugiere que abandone la literatura y se ponga de una vez a escribir en serio. Y fíjese: lo hace. Ahí es donde entra esa dicotomía que le comentaba al principio: hacer literatura; vender libros. Me interesaba mucho hablar de la frustración como una parte esencial de la escritura (y de la vida) y, de paso, abrir fuego contra la escritura únicamente comercial: la divulgación mal entendida y, sobre todo, la autoayuda, que vende tantos libros como motos.

– ¿Para cuándo otra entrega del poeta que lleva dentro?

-El poeta que llevo dentro se ha empezado a desbordar hace ya un tiempo, con lo que a buen seguro tendrán noticias suyas en breve. Así que, ya lo saben, vayan ahorrando. Sé que está feo pedir, pero peor sería tener que pasarse a la autoayuda. ¿O no?


Lauren García

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