El hierro del mayoral de María Luisa Prada.
Nelly Arcan en el parnaso suicida. Por Pedro Antonio Curto. 2/XII/09
Leí este libro sin saber quién era la autora, por las breves referencias que aparecen en las portadas, con la sospecha de poder encontrarme con uno de esos libros al uso que tanto abundan últimamente, utilizando la transgresión como gancho mercantil. Sin embargo me encontré con una de esas literaturas de las que es difícil desprenderse porque cortan a cuchillo, van a la esencia de nuestros pensamientos y reflexiones más profundas, a veces poniéndoles en jaque. Al releerlo otra vez, sabiendo de la muerte de su autora, uno tiene la sensación de sumergirse en un caos, en un desorden para el que no existe solución posible, a pesar de lo cual no deja de ser aún más cautivador. Es como estar ante un paisaje desolado y sin embargo sentirse magnetizados por el.
Porque esa “puta” es una mujer encerrada en una cárcel de espejos y cada reflejo va devorando al ser desnudo que se encuentra en el centro. Mas el cliente de esta prostituta de lujo que es Cynthia, va del concreto al universal: es el padre, la madre, la familia, el psicoanalista, el vecino, el profesor…todo el mercadeo que emputece nuestros deseos y relaciones. Y junto a esa disección Nelly Arcan nos habla de este holocausto interior que poetizase Sylvia Plath, un ser que viajando en un cuerpo bello y joven lo hace aún más devastador. Porque la mirada interior / exterior de la Arcan es una exploración de la mujer en un mundo que aún con más de cien años de feminismo no termina de encontrar su lugar, quizás porque los “lugares” de la sociedad de mercado estén prostituidos de antemano. Y no deja de ser curioso que mujeres que se sumergieron en esa exploración, acabaran en ese homicidio tímido que decía Cesare Pavese es el auto asesinato: Virginia Wolf, Sylvia Plath, Anne Sexton, Alejandra Pizarnik.Diego Medrano o el arte de devorar historias: Tapa el sol con el pulgar. Por Rubén Rodríguez (30/11/2009).
Diego Medrano,
Tapa el sol con el pulgar,
Valladolid, Difácil, 2009.
Diego Medrano o el arte de devorar historias.
Ante la recesión económica, la crisis llega a nuestras librerías y editoriales, contra viento y marea algunas editoriales independientes continúan trabajando, un nuevo libro sale a la superficie de este mar literario como ave fénix. Autor y personaje van de forma inexorablemente unidos, Asturias tiene en Diego Medrano a uno de los escritores jóvenes más polémicos de los últimos tiempos, columnista incansable, polemista perpetuo, llega a nuestras librerías su último hijo literario, su nueva novela: Tapa el sol con el pulgar. Autor prolífico: cuatro poemarios, un libro de diarios, otro de correspondencias con Leopoldo María Panero, dos novelas, un libro de microrrelatos y otro de relatos (“Sobrevivir puede ser muy divertido”, editorial Difácil, 2008), el cual nos da bastantes pistas en cuanto a estilo y personajes de la notable novela que tenemos entre manos.
Tapa el sol con el pulgar sigue la tradición de la novela de ideas bajo un tono poético y deudora de los maestros del surrealismo francés. Tres personajes viven en el Madrid actual, artistas todas ellas: Una músico, una actriz y una escritora confluyen en una ciudad que no permite el fracaso ni tampoco el reproche; entre politoxicómanos, bohemios y vagabundos, las tres mujeres: Mercedes Hinojosa, Margot Asín Palacios y Claudia Signoret intentan sobrevivir ante una ciudad opresiva que no perdona a nadie. Tres seres que se debaten entre la vida, la muerte y la destrucción, vidas todas ellas unidas por el fracaso (“El fracaso suele ser concéntrico, recurrente, áspero, en el punto de salida uno es las ilusiones que se hace de sí mismo, para luego pasar a ser su más estricta negación…” Pág. 54.).
Una ciudad, el Madrid contemporáneo que el autor liquida de forma simple en muchos casos, jugando al tópico típico de la ciudad bohemia y fiestera, pero para el escritor este lugar es un pretexto, un decorado posible que muy bien podría ser otro, pues Diego Medrano nos lleva por el camino molesto de la soledad y sus monstruos para tratar innumerables temas como: La búsqueda de la felicidad de nuestros personajes heridos (“La felicidad es un estado derivado de la capacidad de decisión en un momento dado. No hay que dar explicaciones a nadie, ni siquiera a uno mismo, porque el castigo comienza por el relato ordenado de lo que una persona explica de sí misma a cierto interlocutor conocido o desconocido vestido de verdugo para la ocasión.”Pág. 66.), la huída hacia la soledad perpetua que arrastran los artistas (“El único agente agresor, verdaderamente generador de monstruos de la sociedad moderna, es la soledad.”Pág. 98.), el amor perdido con todas sus devastaciones (“El amor exento de libertad muere. El amor no correspondido muere por inanición, y el amor correspondido muere de saciedad. Sólo en la libertad para el cambio halla el amor la posibilidad de sobrevivir. Sólo el amor infiel vive.” Pág. 27.); el papel del artista y el oficio como escritor son
otra de las constantes que aparecen en las obras medranianas y en esta novela no es una excepción, no sólo es un elemento importante sino que me atrevería a decir que es uno de los elementos vertebrales de dicha novela y de su trayectoria literaria anterior (“…pero te advierto que no creo en el hombre lúdico ni el artista lúdico o el escritor feliz.”Pág.93) o (“yo creo mucho en los escritores eléctricos, sin tiempo para reacciones secundarias, como es la propia soledad o el llegar a verse solo.” Pág. 98.).
Diego Medrano entiende que el arte se crea en soledad, es un sino de todo artista como sus tres personajes: artistas, solas y creativas en el Madrid de principios de siglo XXI. Otro nexo de unión importante a tener en cuenta es el alcohol que une tanto a sus tres heridos personajes y que sirve como catalizador creativo y experiencial de mundos ocultos siendo además una forma de conocimiento del otro, tema este que aparece también en esta novela como motor temático esencial (“Mercedes Hinojosa bebe absenta convertida en caracol. Ella piensa o dice mientras bebe que es un caracol, quizás por lo de no salir de casa en mucho tiempo, muchos días uno tras otro como soldaditos de plomo, en los que la absenta es la única aliada, fiel y eterna hada verde” Pág. 23). Pues este libro, Tapa el sol con el pulgar tiene el ritmo de lento compás, como el beber pausado de un alcohólico, de un bebedor profesional que paladea poco a poco los diferentes licores espirituosos y simbólicos que la vida nos ha ido regalando: absenta, whisky, vodka, vino, ginebra… El alcohólico se nos muestra en estas páginas como ser marginal pero también como visionario de la sociedad que le ha tocado vivir.
Las estructuras breves son del gusto del escritor, así, toda la novela está trufada de un tono poético desde sus comienzos de capítulo como sus finales, también la sentencia y la máxima que aparecen dispersas a lo largo de toda la novela consiguen jugar de manera armoniosa con el diálogo de los personajes o las reflexiones de estos (“El Cielo por la temperatura y el Infierno por la compañía” Pág. 139. “El destino es la única patria de los derrotados” Pág. 206 o “Siempre es mucho más el poder de lo que no somos que el de lo que fuimos o nos empeñamos en llegar a ser…” Pág. 257).
Diego Medrano representa al escritor total, imitando en formas y actitudes sin ningún pudor y de manera clara a uno de sus maestros como fue: Francisco Umbral. En estas páginas se va a traslucir a uno de los escritores que ama y se apasiona por la literatura, y eso muy pocos de los presentes novelistas jóvenes transmiten de manera verdadera en la actualidad, sin poses de ningún tipo, pues nos encontramos con la paradoja siguiente: La de mostrarnos temas molestos y reales como la vida misma pero con una gran fuerza vital. Tapa el sol con el pulgares de ese tipo de novelasque nos da energía, la fuerza literaria y perfecta para la vida. (“La expresión es el atributo constante que exigimos al genio: que hable, que explique, que no se calle; que se exprese constantemente cuando no hay mayor agresión que lo expreso, que no guarde nada para sí, que nos lo cuente todo y en todo momento, a todas horas, sin interrupción…”).
Flores en la cuneta de Alejandro Céspedes
FLORES EN LA CUNETA Es un libro crudo, original, hondo, agónico y a la vez inquietantemente hermoso en su visión descreída del dolor humano y de su fragilidad. La observación del accidente de tráfico se convierte en símbolo de lo circunstancial y su repetición en la circularidad del ciclo de la muerte en esta veloz sociedad de consumo. Este libro pone de manifiesto las contradicciones con las que la ficción de la publicidad inunda nuestras vidas. Los lemas publicitarios, también mediante un lenguaje poético, nos hacen identificar el bienestar, la felicidad, el amor, con la posesión de determinado objeto. El autor los utiliza como materia de reflexión sobre un mundo desolado, y mediante la titulación de cada poema con la frase publicitaria de un vehículo, da la vuelta al slogan para, deconstruyéndolo, convertirlo en una frase muchas veces –literalmente- lapidaria.
Ternura química, por José Ángel Ordiz. 26/11/09
En aquel tiempo, ya había leído yo El invierno en Lisboa. También había leído El jinete polaco. No recuerdo si había leído alguna otra obra del autor. Desde luego, no había leído aún Beatus Ille, su primera novela. Sí recuerdo que, por entonces, a un amigo, a un docente de mi propio departamento –por entonces, antes de la reforma educativa siempre en necesaria reforma, se llamaban seminarios a los departamentos actuales- le recomendé, entusiasmado, la lectura del ya citado Jinete. Fue mi última recomendación incondicional de un libro: casi me lo tira a la cabeza semanas más tarde, incapaz de leer ni cien páginas de esa voluminosa historia. Aprendí la lección, eso creo, pues en la última Feria del Libro de Madrid vendí más libros de Xuan Bello, por ejemplo, que de mis Relatos impíos. Prudente – temerario, menos mal que mis editores no andaban por allí; resulta sorprendente que, conociéndome, sigan dispuestos a editar mis obras, o eso parece-, le preguntaba al posible comprador o compradora: Qué autor o autora te interesa. Y luego les indicaba el libro más acorde con sus preferencias, que casi nunca era el mío. La moza encargada de la caseta me miraba con asombro. No recuerdo si llegué a explicarle que, tiempo atrás, pude haber fallecido de un librazo en la cabeza, que sólo me salvó la amistad. Sirva lo anterior como anuncio de que mi elogio inmediato de Las apariencias no pretende convencer a nadie para que lea ese libro (además, le sobran lectores a Muñoz Molina, los que nos faltan a otros), sino que se trata, simplemente, de un homenaje a esos artículos de antaño, hoy recopilados, más vigorosos juntos, en el volumen que me regaló un ángel humano (dicen que no existen, pero yo conozco a varios de ambos géneros) al tiempo que me adelantaba: Te gustará porque ya te ha gustado.
Marta Policinska y Antonia Álvarez Álvarez ganadoras ex aequo del XI PREMIO PAUL BECKETT DE POESÍA. 13/11/2009
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