Para recordar a Alberto Vega de José Luis Piquero

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PARA RECORDAR A ALBERTO VEGA

Hace algunas semanas supe que Alberto Vega estaba muy enfermo. Este lunes de mayo me entero con tristeza de su muerte. No éramos grandes amigos pero sí hubo siempre afecto y cordialidad entre nosotros, cuando nos encontrábamos en alguna lectura, en Langreo o en Oviedo. Además del trato, hay algo que une mucho a las personas, y es la admiración. Yo admiraba a Alberto Vega.
Le conocí como hay que conocer a los poetas que valen la pena, leyéndole, en aquella antología de la poesía asturiana que publicó Rafael García Domínguez por el año 86. Vega formaba parte del grupo langreano de Luna de Abajo, junto a Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y el diseñador Helios Pandiella. La poesía de Alberto ya tenía esa ironía y ese escepticismo tan característicos, aprendidos sin duda en nuestro común maestro, Ángel González. Ironía, ternura y un puntito provocador: “Dios ha muerto, Marx ha muerto (y yo últimamente no me encuentro nada bien)”. Me recuerdo con Pelayo Fueyo, ambos muy jóvenes, comentando algunos de sus poemas. Nos encantaba aquel que hablaba de los juegos de la infancia y terminaba con un quiebro memorable: “Pero siempre perdíamos los indios…”. Nunca entendí por qué su obra, que circuló poco fuera del ámbito asturiano, no llegó a alcanzar un mayor reconocimiento. La publicación de su último libro, Estudio melódico del grito, en una gran editorial madrileña parecía venir, por fin, a paliar ese injusto olvido. Pero el destino tenía otros planes.
Nunca es tarde para la poesía, sin embargo. Se ha ido Alberto Vega pero quedan sus versos, escritos para matar el tiempo bajo la luz usada de los días, ese tiempo que es inclemente con los hombres pero no con los poetas. Mientras sigamos leyéndole, mientras recordemos de memoria algunas de sus palabras, y lo haremos, la muerte no se lo habrá llevado todo.

José Luis Piquero
(Publicado en La Voz de Asturias)

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